El Servicio Sismológico Nacional se ha visto afectado por los efectos del bloqueo y acciones vandálicas. Autor: Tomada de Prensa Latina Publicado: 08/09/2026 | 05:55 pm
SANTIAGO DE CUBA.— La noticia trascendió en días recientes como la confirmación de que los efectos del bloqueo genocida y las nuevas sanciones que lo recrudecen, impactan en todos los sectores de la vida de los cubanos.
Con la responsabilidad y el sentido de pertenencia que le dan más de 30 años de consagración al estudio, monitoreo y vigilancia de la actividad sísmica en el país, el Doctor en Ciencias Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional (SSN), alertaba:
Problemas técnicos de diverso orden, que afectan la transmisión de la señal a la Estación Central, radicada en Santiago de Cuba y los registros internacionales, limitan hoy el funcionamiento óptimo y estable de la Red de estaciones sismológicas instaladas en el país.
El silencio de las estaciones
Al decir del reconocido especialista, a comienzos de este 2026 el SSN operaba con 24 estaciones, distribuidas en 12 provincias, todas diseñadas como un sistema dispuesto para transmitir sus registros en tiempo real, durante las 24 horas del día y los 365 días del año, hacia la Estación Central, radicada en Santiago de Cuba, y tributar, a través del consorcio (IRIS), la información que sirva a los servicios sismológicos internacionales para precisar los parámetros de cualquier terremoto fuerte o moderado que ocurra en Cuba, Centroamérica y el Caribe.
En estos momentos, en cambio, precisó el experto a Juventud Rebelde, los efectos del bloqueo y la política de sanciones impuestas por el Gobierno norteamericano, impactan en la operatividad de la Red, cuyos datos son sustento del sistema de alerta temprana de terremotos y tsunamis en Cuba y la región.
«El SSN atraviesa hoy la misma situación que vive el país. No podemos comprar ningún equipamiento, piezas o componentes fabricados en los Estados Unidos y la falta de fluido eléctrico y combustibles derivadas del cerco energético actual, condenan a la intermitencia
la comunicación dentro del sistema y nos han impedido mantener el habitual ciclo de mantenimiento de las instalaciones», refirió el experto.
Al momento de nuestra visita a la sede del SSN solo cuatro estaciones en la región occidental y similar cifra en el oriente, se mantenían en línea y transmitiendo su registro perenne de los movimientos de la tierra. Las restantes, habían perdido el contacto, algunas por largo tiempo, como la imprescindible Cascorro, en Camagüey, o Las Mercedes, en la provincia de Granma, y otras lo hacían con interrupciones, como Río Carpintero, en tierra santiaguera y Jagüey Grande, en Matanzas.
Arango Arias explicó que, aunque la Red, como fruto del trabajo de varios años, cuenta con el respaldo de paneles solares que garantizan su autonomía aún en las condiciones de falta de electricidad en las diferentes provincias, las dificultades que hoy presenta Etecsa para el aseguramiento de la señal en los territorios, hacen que el enlace de las estaciones con el centro madre, sea hoy intermitente, y el porciento de transmisión de datos no alcance el 40 por ciento en lo que va de año.
Muchas de las instalaciones no asistidas, que son la mayoría, se han mantenido en silencio desde hace meses, debido a la rotura de equipos como los módems o rooters que Etecsa no está en condiciones de reponer, pues no dispone de los medios; o la carencia de baterías entre las que transmiten por vía satelital, y otras se incomunican por períodos, debido, sobre todo, a la falta de fluido eléctrico, con la que además se pierde la conectividad.
Incluso hay estaciones cuya situación se desconoce, pues la pérdida de comunicación, aunque se intenta revertir contactando con ellas desde la sede central, impide diagnosticar su estado operativo real, en el que no se descartan posibles anomalías como fallos en el suministro de energía, averías de hardware o la sustracción de equipos.
Por suerte, al decir del Jefe del SSN, en la región oriental, la de mayor riesgo por su cercanía a la principal zona sismogeneradora del país, se mantienen activas cuatro estaciones de banda ancha, con buena capacidad técnica y pocas interrupciones, que permiten seguir la pista de cualquier terremoto en el este cubano y todo el país.
No obstante, preocupa la falta de operatividad de las estaciones ubicadas en la provincia de Granma: Las Mercedes y Las Coloradas, próximas a una zona que ha mostrado gran actividad en los últimos tiempos como Pilón, lo que, junto al silencio de Cascorro, de gran importancia en el empeño de que no queden espacios sin monitorear, igualmente restringe la capacidad de vigilancia en la región oriental.
Por otro lado, y aunque se tienen previstas y se gestionan soluciones ante las dificultades de cada caso específico, la actual escasez de combustible, ha imposibilitado el traslado del equipo técnico de especialistas que en otros tiempos recorría con periodicidad las 12 provincias del país donde están enclavados estos objetivos, para realizar diagnósticos en el lugar y ejecutar las reparaciones o sustituciones de los equipos afectados.
Cuando el vandalismo acecha
Sin embargo, los impactos de la crisis multidimensional que vivimos no son hoy las únicas amenazas que enfrenta el monitoreo sismológico en el país. Desde junio hasta la fecha los especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais) han confirmado los efectos de actos vandálicos en estaciones como la de la presa Nuevo Mundo, en Moa, y la estación de respaldo, en Holguín, y más recientemente, la sustracción de todos los equipos de la estación sismológica del municipio especial de la Isla de la Juventud.
En la estación de Moa, refiere el Doctor Arango, una zona en la que se han registrado terremotos moderados en los últimos años, fueron robados medios como las baterías y reguladores eléctricos de la antena satelital de Etecsa; así también los cables de los paneles solares, y algunas de las baterías que sustentaban el sistema energético de los servidores, en la estación de respaldo, ubicada en la Ciudad de los Parques.
«A finales de agosto, nos fue reportado un hecho sin precedentes, con visos a todas luces de sabotaje, en la instalación de la Isla de la Juventud, una estación de banda ancha, moderna, inaugurada con mucho esfuerzo a principios de marzo de 2024 y que nos garantizaba el monitoreo en los alrededores de las Islas Caimán y toda esa área del Caribe, una zona bien activa, generadora de eventos fuertes, que se han sentido en el occidente cubano.
Allí, no solo se llevaron los paneles solares y baterías, sino hasta los equipos sismológicos como el sismómetro y el digitalizador, entre otros, lo que, sin dudas, reduce el poder de registro del Sistema en el área.
No obstante, el Jefe del SSN es enfático: «Independientemente de las afectaciones, que nos impiden sobre todo el seguimiento de los eventos de baja energía que ocurran y que pueden ser indicadores de que algo mayor pueda estarse preparando, el SSN mantiene la constante vigilancia de la actividad sísmica en el territorio nacional.
«Nuestro sistema conserva la vitalidad y sigue siendo capaz de registrar cualquier evento con magnitud de más de dos grados que ocurra en cualquier parte del país y el área del Caribe. Con las estaciones operativas se garantiza la emisión del parte que diariamente se envía al Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y los organismos de dirección y podemos precisar la información sobre cualquier sismo perceptible o anomalía que se dé en el país», recalcó Arango Arias.
Y es que no hay cerco ni indisciplina social que logre quebrar la competencia, preparación y sentido de pertenencia de los especialistas y técnicos del SSN, oxigenados hoy con la incorporación de valiosos jóvenes; un sistema nacido en los años 60, modernizado con la digitalización a finales de los 90 y que a pesar de cualquier obstáculo, ha conseguido la integración de los registros en tiempo real de una veintena de estaciones a lo largo del país, desde Soroa (1964) hasta Maisí (1979), con un sinnúmero de otras del Caribe, Norte y Sudamérica. Sin dudas, otra muestra de la capacidad de resiliencia y compromiso de la ciencia cubana.
