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Etecsa y la situación actual de las telecomunicaciones en el país

El principal desafío tecnológico de las telecomunicaciones cubanas ya no pasa solo por incorporar más capacidad o desplegar nuevas tecnologías. El reto inmediato consiste en garantizar que la infraestructura existente permanezca operativa

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

La llamada llega entrecortada. El mensaje tarda varios minutos en salir. La conexión desaparece justo cuando se necesita consultar una transferencia bancaria, enviar una tarea o confirmar un viaje. Para millones de cubanos, esas escenas forman hoy parte de la rutina. Sin embargo, detrás de cada interrupción existe una realidad menos visible: la infraestructura de telecomunicaciones del país atraviesa una carrera constante para mantenerse en funcionamiento en medio de una compleja crisis energética, provocada por el cerco al que nos somete Estados Unidos desde inicios de este año.

Durante mucho tiempo el debate sobre la calidad de los servicios de telefonía e internet se concentraron en la cobertura, la velocidad o la cantidad de radiobases instaladas. Hoy estamos en otro terreno.

Según información ofrecida por la Dirección de Comunicación Institucional de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), la recuperación gradual de ingresos durante el segundo semestre de 2025 permitió destinar recursos a actividades consideradas esenciales para garantizar la continuidad de los servicios. Parte de esos fondos se empleó en cubrir deudas vencidas, asegurar pagos internacionales y adquirir recursos mínimos para la operación de la empresa.

Al mismo tiempo, se financiaron proyectos tecnológicos vinculados con el incremento de capacidades de la red móvil. Entre las acciones ejecutadas figuran la ampliación de frecuencias en las bandas de 900 y 2100 MHz para habilitar servicios 4G en más de cien radiobases, la instalación de licencias para aumentar la concurrencia de usuarios en 300 sitios y la incorporación de más de 140 nuevas radiobases.

Sobre el papel, estas inversiones apuntan a una mejora de la infraestructura. Sin embargo, la experiencia cotidiana de muchos usuarios parece contar otra historia.

El apagón que se lleva la cobertura

La contradicción entre inversión y percepción encuentra una explicación directa en la crisis energética que hoy atraviesa el país. Aunque la infraestructura de telecomunicaciones recibió nuevas capacidades, la disponibilidad de los servicios móviles y fijos se ha deteriorado debido a la desconexión frecuente de sitios tecnológicos ante la falta de electricidad. Cuando una radiobase deja de recibir energía, no solo desaparece la cobertura celular. También pueden verse afectados los servicios de telefonía fija, la navegación por internet y múltiples conexiones asociadas.

La magnitud del problema quedó expuesta durante la más reciente caída del Sistema Electroenergético Nacional. En ese momento, informa Etecsa, llegaron a quedar fuera de servicio más del 80 por ciento de las radiobases y cerca del 70 por ciento de los gabinetes tecnológicos, situación que provocó pérdidas de tráfico de internet de hasta un 58 por ciento respecto a períodos similares.

Es una realidad que obliga a replantear prioridades. La Empresa reconoce que no resulta viable continuar expandiendo la red de acceso mediante nuevas radiobases, gabinetes o zonas wifi si antes no logra garantizar el respaldo energético de la infraestructura existente. Dicho de otra manera: una antena nueva aporta poco si no puede permanecer activa cuando falta la electricidad.

La apuesta solar

Frente a ese escenario, Etecsa impulsa un programa de transición energética basado en la incorporación gradual de sistemas fotovoltaicos.

La estrategia contempla acciones a corto, mediano y largo plazo, organizadas según prioridades territoriales y en coordinación con los Gobiernos locales. El objetivo consiste en dotar de respaldo energético a instalaciones consideradas esenciales para el funcionamiento de la red nacional.

Fotos: Cortesía de Etecsa

En la etapa actual, el esfuerzo se concentra en centros principales ubicados en cabeceras municipales. Estos sitios suelen concentrar radiobases, servicios de telefonía fija, conexiones de Nauta Hogar y enlaces destinados a organismos e instituciones. Su estabilidad repercute directamente sobre amplias zonas de cobertura.

Según la información brindada, actualmente los sistemas fotovoltaicos respaldan centros principales en 64 cabeceras municipales. Entre los territorios con mayor avance aparecen Pinar del Río, Villa Clara, Matanzas y Granma. Además, se instalaron kits solares de menor capacidad en otros emplazamientos para sostener servicios móviles y fijos durante las horas de luz solar.

La apuesta, sin embargo, enfrenta límites importantes. La disponibilidad de proveedores, las características técnicas requeridas y las restricciones físicas de muchos centros dificultan la instalación de sistemas capaces de garantizar autonomía total durante las 24 horas. Por ello, la empresa asegura que continúa evaluando alternativas complementarias.

La transición energética de las telecomunicaciones cubanas no depende únicamente de comprar paneles solares. También requiere rediseñar infraestructuras, adaptar espacios y construir esquemas de respaldo capaces de responder a una red distribuida por todo el territorio nacional.

El costo oculto de una red

Mientras los sistemas fotovoltaicos avanzan, buena parte de la estabilidad de las telecomunicaciones continúa descansando sobre grupos electrógenos.

Estos equipos sostienen el funcionamiento de plataformas nacionales y provinciales cuando falla el suministro eléctrico. En ocasiones permanecen operando durante más de 20 horas consecutivas, una exigencia que incrementa el desgaste mecánico y obliga a priorizar constantemente su abastecimiento y mantenimiento.

El problema no se limita al combustible. Mantener operativos estos grupos implica gastos millonarios y una exposición permanente a averías que pueden provocar interrupciones parciales o totales de distintos servicios. La empresa reconoce que algunas fallas recientes estuvieron relacionadas precisamente con estas condiciones de explotación extrema.

A ello se suma un escenario financiero complejo. La inflación, las dificultades para acceder a combustible y la situación general del sistema eléctrico impactan tanto en los costos como en los ingresos de la empresa. La telefonía fija constituye uno de los ejemplos más visibles: actualmente los ingresos generados por ese servicio no alcanzan para cubrir sus gastos de operación y mantenimiento. Las consecuencias aparecen en las estadísticas. Hasta la fecha se acumulan alrededor de 77 000 reportes de interrupciones en servicios fijos, asociados en muchos casos al déficit de recursos y al sostenimiento de tecnologías consideradas obsoletas y costosas.

A la ecuación se incorporan además los daños a la infraestructura exterior. Incendios de maleza, afectaciones accidentales y actos vandálicos generan gastos adicionales y pueden dejar comunidades enteras sin telefonía o conectividad durante largos períodos.

Las telecomunicaciones suelen percibirse como un servicio intangible. El usuario toca una pantalla y espera una respuesta inmediata. Sin embargo, detrás de cada mensaje enviado existe una red física que consume energía, requiere mantenimiento y depende de una compleja cadena de suministros.

La situación de Etecsa revela que el principal desafío tecnológico de las telecomunicaciones cubanas ya no pasa solo por incorporar más capacidad o desplegar nuevas tecnologías. El reto inmediato consiste en garantizar que la infraestructura existente permanezca operativa.

En una época donde la conectividad sostiene transacciones bancarias, servicios públicos, procesos productivos y buena parte de la vida cotidiana, mantener encendida la red se ha convertido en una tarea tan estratégica como ampliarla.

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