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Dándole voz, arte y vida a las montañas

José Oriol González, el fundador y director de Teatro de Los Elementos, impulsa un proyecto-laboratorio que combina agricultura orgánica, educación ambiental y preservación cultural

Autores:

Lisandra Gómez Guerra
Yeris Del Sauzal

Geoparque Nacional Guamuhaya, Sancti Spíritus.— El asombro también asaltó el escenario. Cuerpos como tambores, capaces de percutir. Nada de diálogos. Apenas algunas palabras en alemán, francés, español… pura jeringonza. Gestos que van y vienen como las mismas olas que baten todos los puntos de este archipiélago. Inmigrantes no necesita mucho más. Las ovaciones sellan su éxito.

«Fuimos invitados al Zürcher Theater Spektakel, un evento realizado a orillas del lago de Zúrich, en Suiza y me pidieron presentar una obra relacionada con los balseros», cuenta José Oriol González Martínez, fundador y director del grupo Teatro de Los Elementos, desde el recuerdo de los duros años de los 90.

«Como parte de la preparación, vi la riqueza y la pobreza de Europa. Tropecé con músicos tocando a la salida de las estaciones del metro con un sombrero esperando por unas monedas. Tuve una fuerte visión de la inmigración, dolorosa…

«Entonces, Fernando León Jacomino y yo realizamos una investigación en el diario de Cristóbal Colón y nos percatamos que Cuba era una isla de entrada y salida. Nace así esa obra que va a nuestros ancestros, repleta de elementos simbólicos».

Las investigaciones sostienen todas las acciones que se impulsan en el proyecto Sendero turístico Jobero Verde, Arte y Vida. Foto: Tomada de Facebook

Hace una pausa casi obligada. Demasiadas alegrías lo estremecen. Ubica esa puesta en escena, junto a Montañeses, como columna vertebral de este proyecto teatral, con raíz en el asfalto capitalino y, desde hace mucho, empotrado entre el autóctono verdor del Macizo de Guamuhaya.

«Con esa obra visibilizamos muchas de las causas de que un campesino abandone sus tierras y se mude a la ciudad, incluso, a otro país. Y se hizo desde una investigación realizado desde estas propias montañas».

Teatro de Los Elementos plantó bandera en este entorno luego de itinerar por varios puntos de la geografía nacional. A fuerza de talento, compromiso e ingenio, desde este recóndito paraje en el municipio cienfueguero de Cumanayagua, siguen brillando en la escena nacional.

«Empezamos en Romerillo, un barrio insalubre de La Habana, el 28 de enero de 1991. Era un lugar de invasión: las personas llegaban y ponían su casa. Nosotros pensamos que era necesaria una modalidad de trabajo comunitario para acercarnos a un sector de pueblo que no acudiría al teatro.

«La experiencia fructificó. Se hizo con alumnos de la academia teatral, ubicada a un kilómetro de esa comunidad. El entonces ministro de Cultura, Armando Hart, nos bautizó como «teatro de la familia», término que no me gustó mucho, pero sí íbamos a ese núcleo».

Teatro de Los Elementos se ha ganado un espacio en la escena nacional desde el lomerío cienfueguero. Foto: Tomada de Facebook

—¿Por qué recoger la carpa, si estar en la capital es un pasaporte seguro para triunfar?

—Descubrimos que en esa especie de vorágine que representa la marginalidad hay muchas comunidades. Teníamos que trabajar en ellas. La segunda incursión fue en el poblado de Jacksonville, actual Cocodrilo, en Isla de la Juventud. Luego, nos fuimos a Barrancas, en Santiago de Cuba. Nos invitó Joel James Figarola, en aquel momento director de la Casa del Caribe. Tres meses tocamos con nuestras manos la memoria de una localidad de inmigrantes y descendientes haitianos.

En el camino de este proyecto teatral hubo otros muchos asientos hasta que, en 1994, uno de sus actores lanzó una provocación: subir a las tierras domadas por su abuelo canario en Cumanayagua.

«Con la ayuda de Abel Prieto, ministro de Cultura en ese período, y gracias a una gestión con las Fuerzas Armadas Revolucionarias, (FAR), especialmente con Raúl Castro, se nos permitió rescatar la tierra donde ese actor había nacido. Ahí está enclavada la comunidad cultural del Jobero, actualmente nombrado Sendero turístico Jobero Verde, Arte y Vida».

—Que en el acta de nacimiento de Teatro de Los Elementos conste como fecha el 28 de enero, ¿es destino o casualidad?

—Destino. Siempre pensamos en Martí como un redentor. Nuestro proyecto en su devenir ha sido evidentemente martiano.

Otras raíces

Los ojos de José Oriol González Martínez apenas se abren cuando vuelve a uno de los muchos encuentros sostenidos con el Comandante en Jefe. Su sensibilidad eclosiona con cada palabra e imagen. La primera vez, estaba sentado junto a varios miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, (Uneac), en una de las salas del Palacio de las Convenciones. Preguntas y respuestas iban de un lado a otro. Ha pasado tres décadas y siente los mismos nervios.

«Levanté la mano, y cuando Fidel se dio cuenta me pidió que hablara. Le comenté mis propósitos con la comunidad cultural y me preguntó por mis necesidades. Me temblaban las piernas. Estaba muy nervioso y solo atiné a pedir una yunta de bueyes».

No había concluido cuando la sala se ahogó en una carcajada multitudinaria. Ni la genialidad del Comandante en Jefe previó tal solicitud.

«Estaba rodeado de varios humoristas amigos míos, como Osvaldo Doimadiós. Hasta al ministerio de Cultura llegaron caricaturas del suceso. Por supuesto, cuando regresé los bueyes estaban allá», cuenta, risueño.

El Jobero es un sitio donde confluyen todas las artes. Foto: Tomada de Facebook

Tampoco olvida cuando se atrevió a comentarle su inconformidad con el plan de estudios de la especialidad de teatro en la carrera de profesor-instructor de arte. Tras explicar sus criterios integró parte de la comisión de programas de estudio de esa formación.

«A partir de ahí tuvimos una relación más fluida. Sucedió, además, que la Batalla de Ideas favoreció determinados proyectos y volví a la carga para que me ayudaran a llevar corriente eléctrica hasta la comunidad. Me contaron que cuando supo de ese interés, dijo: “Es el mismo que me habla de hacer Lope de Vega en una casa de tabaco”.

«Tuve el presupuesto y, gracias a eso, El Jobero, un pueblo dislocado, un caserío alrededor de una carretera, pudo tener corriente en su escuela, bodega y viviendas. Además, dispongo de ella para mi trabajo, que dura hasta hoy».

Entonces era la semilla. Actualmente, en un área con más de una construcción rústica y esculturas de firmas de peso, conviven actores, directores, escenógrafos y pintores como Nelson Domínguez. Con cada acción protagonizan una especie de aventura donde se fusiona arte y naturaleza.

«Todos los diálogos con Fidel Castro fueron altamente representativos porque tenía una capacidad extraordinaria de mirarte y hacer preguntas, uno sentía mucho respeto. Por eso fue un verdadero orgullo ser el teatrista escogido para hablar el pasado agosto en el 1er. Coloquio Internacional Fidel, legado y futuro».

Con los pies en la tierra

Convencido de que el arte transforma, José Oriol González Martínez ha convertido al asentamiento El Jobero en un punto de obligada visita. En esa paradisiaca área, donde parece posible tocar las nubes, se combinan agricultura orgánica, educación ambiental y preservación cultural.

«Al cabo de tantos años tenemos anfiteatro, galería de arte regenteada por el maestro Nelson Domínguez, grupo musical, grupo teatral, restaurante y hasta un club de gallos que lleva el nombre de Luis Gómez, poeta insignia en Cumanayagua. Por ello no sorprende que entre tantos reconocimientos aflore el Premio Nacional de Cultura Comunitaria.

«La comunidad cultural se ha enriquecido y fortalecido. Pese a todos los avatares por los que atraviesa la nación, hemos tenido la capacidad de resistir y salir adelante».

—¿Cómo ha sido construir un nombre en la escena nacional desde las montañas?

—Bien difícil, porque la cultura se genera fundamentalmente en las ciudades. Se acude a las instituciones porque se sabe que se disfrutará de un gran artista o espectáculo. Pero llamarse Teatro de Los Elementos (que a la larga es aire, agua, fuego, tierra…) y estar a 300 kilómetros de La Habana, es, sin duda, una batalla más dura porque estás lejos de los puntos de referencia. El tesón de las personas que me han acompañado nos ha sostenido hasta hoy.

—¿Ser escuela estuvo en los planes iniciales?

—Es más cómodo importar alumnos graduados de las escuelas de la enseñanza artística y ponerlos a trabajar. Nos ahorra un tiempo enorme. Pero no todos están dispuestos a venir al campo. No es vanidad, los actores queremos ser reconocidos y para eso están los medios, los grandes teatros y el cine.

«Tuve un éxodo de actores muy notable en los años 2024 y 2025. De manera que empezamos 2026 formando nuevas personas. Hemos sido escuela un poco a la fuerza, pero no me arrepiento porque esa pedagogía es también un traslado de la memoria y del conocimiento del teatro con lo que podemos contagiar a los demás».

—¿Cómo sobrevivir en estos tiempos sin traicionarse?

—Con la poca presencia de turistas, que era nuestra fuente principal en el sendero Jobero Verde, Arte y Vida, se afectó el soporte económico que permitía cubrir los gastos de producción, transportación y alimentación, entre otras necesidades. Hemos tenido que crear nuevos espacios. Bajo el amparo del proyecto sombrilla de Teatro de Los Elementos logramos alianzas con personas afines a la cultura de los gallos finos y con la empresa Flora y fauna.

«Esa modalidad ha permitido mejorar el salario de nuestros trabajadores y encaminar una economía de supervivencia que nos posibilita mantener las casas y hacer teatro. Hay que buscar estrategias factibles; por ejemplo, hemos sembrado flores y productos agrícolas, no solo para el consumo nuestro, sino para comercializar. También están los talleres internacionales con la modalidad de teatro espontáneo, una de nuestras líneas de trabajo desde hace mucho tiempo, por los que cobramos matrícula, En fin, buscamos nuevos derroteros que permiten seguir».

—¿Qué ve Oriol cuando mira hacia adelante?

—Las personas que hacemos arte sabemos que hay un momento de eclosión en el creador. Para mí fue la obra Montañeses. Eso no quiere decir que no sigamos haciendo cosas útiles… en un momento tan importante como este, urge ver la cultura como escudo y espada de la nación.

«Realmente, uno siente que delega a las nuevas generaciones de seguidores ese poder, esa fuerza, y ya no tienes que ser el protagonista de las acciones del grupo. Se vuelve acción compartida, diluida, repartida…

—¿Crees que el proyecto pueda contribuir más al Geoparque Nacional Guamuhaya?

—Lo hará, porque el teatro le da voz a las piedras, las montañas, ríos y personas que todavía habitan por acá. El teatro… no, el arte en general, es una especie de medio para magnificar procesos, y si se trata de atraer al turismo nuevamente (porque pienso que va a volver), pues lógicamente será excelente, porque esos senderos turísticos tienen la cualidad de combinar el paisaje natural con las labores humanas.

«Gracias al interés de muchos creadores, el arte encadenará un proceso de crecimiento, de discurso artístico multiplicador que le da sentido, voz y cuerpo a la memoria de las montañas, su historia y tradición. Eso me parece vital y necesario».

El club de gallos Luis Gómez es la más reciente adquisición del proyecto cultural. Foto: Tomada de Facebook

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