Chávez es Venezuela, es Patria, es Pueblo, es Nuestra América, es pasión y amor revolucionarios, es futuro Autor: Prensa Presidencial Venezuela Publicado: 05/03/2026 | 11:12 am
Hugo Rafael Chávez Frías no está este 28 de julio para celebrar su cumpleaños; pero su ausencia física, paradójicamente, ha hecho más grande su presencia.
Tal vez eso se deba a que, al paso del tiempo, hayamos entendido mejor que él no cabía en los moldes o los protocolos ni en las «historias normales».
Mientras otros jefes de Estado medían sus palabras y sus pasos, él se permitía cantar en medio de un acto solemne, llorar ante las cámaras sin disimulo, o contar en cadena nacional un percance digestivo que lo llevó a escapar de ministros, periodistas, trabajadores y hasta de dos perros de raza.
Esa última anécdota, que podría haber sido un simple contratiempo, se convirtió en una muestra de su humanidad. Chávez, montado en un equipo pesado mientras derribaba una pared en el túnel del ferrocarril Caracas-Tuy, sintió un cólico que no podía esperar y ese momento era transmitido en cadena de radio y televisión.
«Salgo yo caminando apretadito y paso por el orificio que se abrió en la pared que dividía aún el túnel. Imagínense ustedes, uno con esas características fisiológicas, en la mitad de un túnel y en cadena nacional de radio y televisión. ¡El pobre Chávez! Paso toda aquella polvareda a ver qué consigo, aunque fuera una mata de monte por ahí cerca. Y lo que consigo al frente es como a cien periodistas enfocándome, preguntándome. Yo con aquel casco puesto me decía: “Dios mío, trágame tierra, llévame de aquí"», contó él con su humor característico.
Esa capacidad de reírse de sí mismo y de mostrar sus fragilidades ante millones de personas era parte de un carisma que trascendía las fronteras de la política. Chávez podía regañar a un ministro en público, recitar un poema, cantar en un acto o dejarse entrar en la boca una galleta que le ofrecía un niño.
Hasta sus detractores reconocían que era un personaje distinto. En la Asamblea Nacional, el 13 de enero de 2012, le dijo a la diputada opositora María Corina Machado: «Usted está fuera de ranking para debatir conmigo (...) Usted me llamó ladrón delante del país. No la voy a ofender, ¡águila no caza moscas!».
Ese mismo día, Chávez estableció un récord mundial al rendir cuenta de su gestión durante más de nueve horas, y lo hizo de pie, ya enfermo de cáncer.

Su habilidad para conectar con la gente no se limitaba a los discursos. El programa dominical Aló Presidente fue un instrumento revolucionario de comunicación política, transmitido desde 255 puntos de Venezuela y también desde otros países de América Latina. Por allí pasaron Fidel, Evo Morales, Daniel Ortega, el reverendo Jesse Jackson, los actores Danny Glover y Sean Penn, Diego Armando Maradona y el poeta Ernesto Cardenal. Gracias a ese espacio, miles de venezolanos pudieron saltar por encima de la burocracia y resolver problemas de vivienda, salud y educación.
Su oratoria encendió estadios y también provocó polémicas internacionales. En septiembre de 2006, por ejemplo, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, se presignó y lanzó una de sus frases más recordadas: «Ayer estuvo el diablo aquí en este mismo lugar. Huele a azufre todavía».
La frase le salió del corazón, y aunque algunos le criticaron su falta de diplomacia, él no se arrepintió. Años antes, en febrero de 1992, después del fracaso de la insurrección militar que lideró, había dicho ante las cámaras: «por ahora». Esa expresión, pronunciada como un paréntesis en la derrota, se convirtió en la bandera de una revolución que recién comenzaba.
Fue un rescatador de la memoria de Simón Bolívar cuando al Libertador pretendían borrarlo con eufemismos y campañas que negaban las gestas americanas. Lideró la iniciativa de añadir el término «Bolivariana» al nombre de Venezuela, de incluir una octava estrella en la bandera, y de exhumar los restos del Libertador para certificar científicamente su identidad y profundizar en las causas de su muerte.
El 2 de febrero de 1999, al asumir la presidencia, pronunció un juramento que quedó grabado en la memoria de su país: «Juro delante de Dios, juro delante de la patria y juro delante de mi pueblo que, sobre esta moribunda Constitución, haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República tenga una carta magna adecuada a los nuevos tiempos». Y cumplió, aunque para ello tuvo que enfrentar a una oposición que le declaró la guerra desde el primer momento.
Su fe, siempre presente, se hizo pública y conmovedora en abril de 2012, cuando en una iglesia de Barinas, rodeado de su familia, dijo con la voz quebrada: «Dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro, dame tu cruz, cien cruces, pero dame vida, porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo y por esta patria». Y agregó, ya en el umbral de las lágrimas: «Yo ahora no pude evitar las lágrimas cuando sentí la mano amorosa de mi madre y al mismo tiempo la mano de mi padre, las dos manos, una me sobaba por aquí y otra por aquí y dije: Dios, hace cuánto que no sentía estas dos manos al mismo tiempo».
Hijo de los maestros Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías, nacido en Sabaneta de Barinas el 28 de julio de 1954, tuvo una infancia entre la escuela y el campo, entre la disciplina de sus padres y la libertad de los juegos infantiles. Esa mezcla de rigor y ternura lo marcó para siempre. Nunca olvidó a sus cinco hermanos, a sus padres o a sus hijos, y cuando la enfermedad lo alcanzó, fueron ellos quienes lo sostuvieron.
Vencedor del golpe de Estado de 2002 y del paro petrolero de ese propio año, supo enfrentar las adversidades con la misma entereza con que abrazaba a su pueblo. Siempre defendió la integración de Nuestra América y la causa bolivariana. Apenas vivió 58 años, pero fueron suficientes para entrar en la historia.

Sería imperdonable que el tiempo o las falsas fachadas lograran lo que no pudieron sus enemigos: que su nombre se diluya en la indiferencia, que su voz se apague en el ruido de los que intentan reescribir la historia sin él.
Chávez vivirá mientras la lucha siga.
