Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Estados Unidos no manda en Cuba, pero…

Autor:

Juana Carrasco Martín

 

Para Cuba y los cubanos está más que claro: Estados Unidos no tiene derecho ni autoridad para decidir quién puede comerciar o no con esta pequeña nación caribeña que se precia de resguardar soberanía e independencia contra cualquier injerencia, venga de donde venga.

Sin embargo, las medidas coercitivas que emanan de Washington —aun cuando quiebran las normas y el derecho internacional sobre el libre comercio, las leyes internacionales de la navegación y muchas más—, encuentran terreno blando en otros países, endeble posición que alimenta al bloqueo que mantiene agobiado a los cubanos desde hace más de seis decenios, y que este año intensificó con un cerco energético brutal para buscar una parálisis total de la economía del país que nos haga enfrentarnos a nosotros mismos.

Ese bloqueo naval les ha llevado a detener y desviar embarcaciones en altamar con hidrocarburos destinados a Cuba, clara acción de piratería que justifican con la orden ejecutiva del 29 de enero, mediante la cual declararon una «emergencia nacional» para Estados Unidos con la ridícula calificación de que Cuba es una «amenaza inusual y extraordinaria», cuando la realidad invierte esos roles de víctima y victimario. También el chantaje de los aranceles le sirve para amedrentar a empresas de todo tipo.

 Este lunes 19 de octubre, el embajador de Estados Unidos en ONU, Mike Waltz, protagonizó un espectáculo bochornoso para la credibilidad del organismo mundial, para intentar revertir el ampliamente mayoritario voto de rechazo de la comunidad internacional al bloqueo estadounidense, y al mismo tiempo, en Miami proseguía la tragicomedia con una trama judicial contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, también con intenciones electoreras en los predios de la mafia anticubana.

Ni uno ni otro tienen visos de lograr sus propósitos malignos ante la determinación de un pueblo dispuesto a defender la Patria y su Revolución, cualquiera que sea la afrenta y los métodos que utilicen, tal y como no le han dado resultado en décadas de agresiones de todo tipo y campañas infructuosas pretendiendo el descredito de Cuba y su aislamiento del mundo.

 Maniobras estériles que se producen justo en igual fecha, pero de 1960, día marcado en nuestra Historia, cuando Estados Unidos formalizó el entonces embargo parcial a nuestras exportaciones. Pudiéramos decir que fue uno de los primeros movimientos de estrangulamiento con el garrote vil con que se nos tortura, política perenne en el fardo de sucesivas administraciones de la Casa Blanca, y que entonces llegó tras el recorte de la cuota azucarera que por acuerdos Estados Unidos compraba, medida que respondió a las nacionalizaciones que por derecho de nación independiente recuperaba nuestras riquezas.

Así que ahora, vuelven a esgrimir armas de amedrentamiento cuando seguimos atados por el cordón umbilical de la dignidad a la generación de aquellos inicios de la Revolución y la que ahora sigue defendiendo soberanía e independencia. Ellos puede que no tengan memoria, nosotros sí.

Ante los muchísimos y costosos retos que enfrenta Cuba, empeñada en seguir avanzando a pesar de tales adversidades, los cubanos contamos con nuestro propio esfuerzo, resolución de pueblo, y también con el apoyo de muchos en el mundo pese a los chantajes de Washington.

No le valdrá, por mucho que se afanen e interfieran quienes mandan desde la Casa Blanca, cuando la semana próxima la Asamblea General de la ONU debata el proyecto de resolución que condena el criminal bloqueo, pues como ha dicho el Canciller Bruno Rodríguez Parrilla, «es una política de castigo colectivo. Califica como un acto de genocidio. Viola de manera flagrante, masiva y sistemática los derechos humanos de los cubanos».

Son ellos los desacreditados, los criminales que usan el arma genocida del bloqueo contra Cuba, quienes con prisa desesperada buscan aquiescencia, ya sea mediante intimidaciones, chantajes o dulzonas promesas falsas ante Gobiernos de cualquier latitud. El tiro tampoco dará en el blanco, aunque promuevan el máximo sufrimiento a un pueblo cubano de imborrable firmeza y ejemplo.

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