La AHS encabeza el desfile inaugural de la edición 33 de las Romerías de Mayo, acompañada por artistas y creadores que, un año más, toman las calles de la ciudad para defender la vanguardia artística joven cubana Autor: Oscar Alejandro Flores Osorio Publicado: 03/05/2026 | 07:00 pm
HOLGUÍN.- La Ciudad de los Parques amaneció con el pulso de las Romerías de Mayo. El desfile inaugural abrió este domingo una edición 33 que llega marcada por la dificultad, pero también por una voluntad de seguir apostando por el arte joven, por la ciudad y por la defensa de sus tradiciones.
No fue un comienzo cualquiera. En las calles, la salida del desfile recordó que las Romerías nacieron también en un tiempo complejo y que su permanencia ha dependido siempre de la capacidad de reinventarse sin perder sentido. Hoy, volvió a cantarse el Himno de la Alegría como símbolo de esperanza.
El programa confirma esa idea desde sus primeras jornadas. La apertura despliega una agenda amplia en la que conviven la trova, la literatura, el cine, la historia, la danza, el teatro y las artes visuales. Hay algo deliberado en esa mezcla, pues Romerías no quieren ser una suma de espacios, sino un territorio común.
Desde la mañana, el rito del rocío de vino para bendecir la fiesta marcó el tono de una celebración que sigue aferrada a sus símbolos. Esa imagen, que parece venir de otra época, sigue funcionando como una manera de decir que la cultura también necesita ceremonia, continuidad y pertenencia.
La mayor parte de las actividades funcionará con energía alternativa, y eso confirma que las Romerías de este año ha tenido que ajustarse a la realidad sin desarmar su espíritu. En esa misma lógica, el programa reparte sus fuerzas entre escenarios y públicos diversos.
La Casa de la Trova acogerá conciertos y descargas, mientras la Plaza de la Marqueta concentra buena parte del movimiento nocturno, con trovadores, DJ, rap, hip-hop y electro.
El Gabinete Caligari, por su parte, vuelve a ser punto de encuentro para los lenguajes más contemporáneos, y eso confirma que el Festival Mundial de Juventudes Artísticas no ha perdido su vocación de mezcla.
También hay una atención clara al pensamiento y la memoria. El Congreso Memoria Nuestra inaugura sus sesiones con una conferencia de Katiuska Blanco, y en los días siguientes se anuncian paneles sobre José Lezama Lima, el cine cubano, la fotografía en la concepción del liderazgo de Fidel Castro, el aporte de la mujer en la AHS y los paradigmas de los Hermanos Saíz.
La edición 33 está dedicada además a los 40 años de la AHS y al centenario de Fidel Castro. Ese doble homenaje atraviesa varias de las actividades que se anuncian, desde los debates del Congreso hasta los espacios de poesía, trova y reflexión cultural. La intención es enlazar la juventud creadora con una tradición de pensamiento que sigue pesando en la cultura cubana.
Foto: Oscar Alejandro Flores Osorio
El programa también cuida la presencia de la literatura. Las presentaciones de libros en Ediciones La Luz, los espacios Palabras Compartidas, las peñas en librerías y las ferias de promoción lectora muestran una voluntad de mantener el libro dentro de la fiesta.
Hay otro hilo importante en esta edición: la defensa del patrimonio inmaterial. El taller Patrimonio y Herencia Cultural ocupa varios días con acciones sobre la cocina criolla, los pasos danzoneros, la tradición afrocubana y el vínculo entre memoria y práctica cultural.
Tampoco falta la presencia de las artes visuales. La exposición Isla de Algodón, las acciones de dibujo en vivo, los talleres mixtos y el concurso Xilografiando enriquecen una agenda que no se ha querido monocolor. La imagen de Holguín durante estos días será la de una ciudad intervenida por múltiples formas de creación.
En el escenario teatral aparecen propuestas como El juglar del Cisne, Catarsis, Fantasía e Ilusiones, Palabras al Viento y Guiñol. Son obras y colectivos que dan al programa una respiración distinta, más cercana al contacto directo con la gente.
La música, por su parte, ocupa cada rincón posible. Trova, jazz, rock, hip-hop, electro, música tradicional, descargas nocturnas y conciertos en la Plaza de la Marqueta convierten el evento en un mapa sonoro amplio y sin prejuicios.
En medio de todo eso, el desfile inaugural tuvo el valor de encender la jornada con una señal inequívoca: la ciudad no renuncia a su gran cita. Las Romerías de Mayo no se limitan a resistir el contexto; lo convierten en parte de su relato.
Al hacerlo, recuerdan que la cultura, cuando es verdadera, no necesita abundancia para existir, sino convicción, orden y una voluntad persistente de reunir.
