Foot cover de Noticia Autor: Juventud Rebelde Publicado: 18/04/2026 | 10:47 pm
Una vez más se pide firmar por la Patria. Una vez más se convoca al pueblo a que exprese de forma concisa y clara su respaldo en defensa del país. ¿Cuántas veces se ha pedido una rúbrica en estos 67 años?
Sería razonable recordar que, a lo largo del tiempo, esas solicitudes de dar un respaldo o preguntar la disposición para algo, por lo general, estuvieron relacionadas con situaciones extremas que implican la seguridad del país. En muchas ocasiones, se hicieron de forma directa en medio de grandes concentraciones y la manera de asentir fue a través de la mano o el fusil alzado.
Por citar un ejemplo cercano en las efemérides, nos basta el acto donde se proclamó el carácter socialista de la Revolución, aquel 16 de abril de 1961, en la esquina capitalina de 23 y 12. Allí, la consulta por parte de Fidel se realizó no por una pregunta, sino por la afirmación de que lo logrado en apenas dos años, se defendería con las armas que portaban los hombres y mujeres presentes en la concentración, que, por demás, era fúnebre, porque era la antesala del entierro a las víctimas de los bombardeos a los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y de Santiago de Cuba.
Por lo tanto, en la práctica esas solicitudes se convertían en un plebiscito de respaldo directo a la Revolución. Y al ser una especie de sufragio, donde se evidenciaba una posición, con las firmas se enviaba un mensaje político en diversas direcciones. Que los recepcionadores en el otro bando tuvieran en cuenta las señales o no, ya eso era otro análisis. El mensaje, sin embargo, estaba dado.
Hoy la firma se pide en momentos muy dramáticos. El peligro de enfrentar serias amenazas, entre ellas, la agresión militar, es grande y con elementos de peso para concretarse. Si se mirara con cierto detenimiento las declaraciones y despachos de prensa, las posiciones de los señores de la manipulación y la mentira apuntan a un lado muy sensible de la nación cubana: el de maniatar la soberanía del país.
Es eso lo que está en juego. No son únicamente posiciones ideológicas o estrategias para lograr espacios vitales (que los hay en ambos casos). Lo que está sobre la mesa y de forma muy cruda es la posibilidad de regresar en el tiempo a ese momento inicial del siglo XX, cuando Estados Unidos impuso la Enmienda Platt y convirtió el país en un protectorado de nuevo tipo.
De lo contrario, preguntémonos: ¿qué se esconde detrás de esa tesis tan reiterada de cambiar el Gobierno, pero manteniendo el «régimen»? ¿cambiar y mantener por qué y para qué? ¿en beneficio de quiénes y en perjuicio de qué? Ante esas interrogantes y sus respuestas, el acto de firmar sería uno de los recursos para cerrar el paso a un nuevo intento de Pacto del Zanjón. Por ese motivo, el hecho de poner una rúbrica no puede verse como un acto protocolario o una actividad movilizativa más.
Lo que está en juego hoy es algo muy serio, y firmar sería el mensaje contundente, sobre todo, por parte de la juventud, a una contraparte que no ha ocultado su soberbia y hasta la alegría por el sufrimiento que ha causado y continúa causando con un bloqueo recrudecido de estilo y principio genocida.
Son las nuevas generaciones un punto clave hacia donde apuntan, silenciosamente hoy, las
armas no convencionales que disparan a quemarropa con el objetivo de fragmentar su vínculo histórico con la Revolución. No es una estrategia nueva. La conocemos muy bien en estas más de seis décadas de Revolución y socialismo.
Pero cuando se le apunta a la Patria de manera directa, cuando se le amenaza sin pudor, ellos —los enemigos de siempre— apuestan, en primera instancia, a una posible ruptura generacional. Mi firma por la Patria, sin embargo, demostrará qué tipo de juventud posee Cuba, cuál es su estirpe y su carácter antimperialista.
Esa rúbrica, en su significado más íntimo, sería conectarse con el amanecer del 10 de octubre de 1868 o del 24 de febrero de 1895, cuando Carlos Manuel de Céspedes y José Martí convocaron al grito por la independencia. Porque es eso, sencillamente, lo que hoy se defiende: A Cuba. A nuestra Patria.
