Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Bailar en casa del trompo

En el municipio pinareño de San Luis el joven Yasiel Hernández Escobar va trazando una impronta que lleva como sello las tradiciones locales. Como él, otros también hacen parir la tierra, y sueñan en grande

 

 

 

Autor:

Dorelys Canivell Canal

 

SAN LUIS, Pinar del Río.— Cuando Yasiel Hernández Escobar era apenas un niño, siempre le decía a su abuelo que construiría su casa sobre la «alpargata», que es como le llaman los guajiros al cañamazo amargo, una hierba silvestre que crece en terrenos yermos, y que le permitía en ese entonces, jugar pelota y disfrutar.

Tan feliz era en aquel pedazo de tierra baldía que siempre se dijo que viviría allí toda su vida, con su hermano Yanosky, y al amparo del abuelo Dadito Escobar, quien les enseñó que un hombre tiene que tener palabra y principios, saber pensar con cabeza propia y ser leal a la familia, decía, «porque no se escoge, es la que toca, y está para resolver los errores y ayudarse, no para sacarlos a la luz».

El joven, que ahora ya cuenta con 34 años, lleva sus palabras como una suerte de principio y sabe que, cuanto ha logrado, es gracias al apoyo de sus seres queridos, esos que fueron sostén cuando, por ley de la vida, el abuelo ya no estuvo.

Entonces, quedó su legado y las enseñanzas. El hermano mayor hizo también de guía, junto a la madre y un tío. Hoy, Yasiel incursiona en el tabaco, y con apenas tres campañas, ya va marcando pauta en un territorio en el que sembrar una buena hoja es como ir a bailar a la casa del trompo.

Las tierras de Zamacois 

Hechas de una arena fina, con un drenaje exquisito, y una tremenda fertilidad, Zamacois parece deber su nombre al apellido del reconocido escritor Eduardo Zamacois, quien publicara numerosas novelas, fundamentalmente, desde España, y naciera el 17 de febrero de 1873, en la finca La Ceiba, ubicada en San Luis, cerca de Río Feo.

Más o menos por estas inmediaciones, queda este paraje que no solo cuenta con las casas de los hermanos Escobar y la casa de tabaco de 16 aposentos, sino con amplios campos de tabaco de sol, de las variedades Corojo 2012 y Corojo 2016. 

«Las hojas pesan más. Hemos tenido buenos rendimientos, y con los incentivos de Tabacuba, vamos saliendo muy bien», explica Yasiel, quien no nació sabiendo de estos temas.

Cuando decidió que incursionaría en el cultivo buscó personas que lo asesoraran. El viejo Cabrera, como le dicen en la finca, vivía relativamente cerca y los años ya no le permitían trabajar como antes. 

«Solo quiero que nos guíes, —le dijo—, no quiero verte sembrando una postura», y, a partir de ese momento, se hacía lo que indicaba la experiencia del señor, quien hasta hoy los acompaña y aconseja en la vega.

Los Escobales, que es el nombre con el que han identificado el lugar, ofreció empleo a un grupo de jóvenes que necesitaban cooperar con la economía de sus hogares. «Algunos estaban medio descarriados, asegura Yasiel, y hoy los padres están muy agradecidos. Le dije a mi hermano: vamos a buscar la gente donde esté. La vega queda lejos, pero, entonces, pusimos un recorrido, les
facilitamos el acceso, y aquí tienen también garantizado el almuerzo gratis».

El trabajo de un campesino es fuerte, sin horarios, comenta el joven, quien reconoce el apoyo recibido por parte del grupo Tabacuba, gracias al que disponen de tractor, triciclos, un sistema fotovoltaico de riego móvil y otro de pozo profundo, que les posibilita el óptimo funcionamiento de la finca, así como energía por paneles para la escogida, la cual pretenden sacar del área de la casa de cura e independizarla.

En ese empeño de cambiar la matriz energética en la producción tabacalera, la vega de Yasiel avanza a pasos agigantados.

Sus trabajadores reciben un salario diario superior a los 1 000 pesos, además de alimentos como arroz, frijoles, embutidos, viandas y «todo lo que aparezca, porque eso también los ayuda».

Precisa Yasiel que en la vega hay trabajo para los obreros: «Aquí no existe el tiempo muerto, siempre hay algo que hacer. El campo demanda tareas».

Hacer que el tabaco rinda

Este joven, que ya tiene la experiencia de tres campañas, ha aprendido también que el tabaco lleva dedicación y cariño. 

Ha aprendido a leer sus hojas; a saber cuándo piden agua o necesitan de la recolección de la «libra de pie», de la «mañanita» o de la hoja «centro».

Pero el reto mayor está en hacer rendir el tabaco. Un incremento de los beneficios implica una mayor producción de habanos para la exportación, un rubro importante para la economía del país, que, a la vez, se traduce en mejor calidad de vida para el campesino que prepara la tierra, siembra la postura, custodia el crecimiento de la planta, la recolecta, la ensarta y beneficia las hojas destinadas a revestir los mejores tabacos del mercado internacional o para la cigarrería.

En ese afán de aprovecharlo todo, Yasiel comenta que en Los Escobales no se desperdicia nada: «Aquí se recoge hasta la gallardeta, que crece tanto como la corona, y en la escogida todo tiene un lugar», asegura.

Una de las cosas que les enseñó el abuelo fue a ser agradecidos por eso, aunque son hoy autofinanciados, pertenecen a la CCS Ramón López Peña, una estructura productiva que los ampara desde que solo cosechaban cultivos varios.

«Nunca hemos querido separarnos de la cooperativa, ni ser independientes, si ella nos dio la mano cuando estábamos empezando, lo más justo es que ahora que nos ha ido mejor con el tabaco, estemos ahí para apoyar en lo que haga falta. Cualquier productor puede contar con nosotros y con la maquinaria y los equipos que hemos adquirido».

Yasiel hace un aparte para algo importante a su juicio: «Se trata de la responsabilidad social que posee la finca, sobre todo, con la escuela Manuel Navarro Luna, un centro multigrado al que asisten apenas cinco niños».

La maestra, hoy jubilada y reincorporada, impartió clases a Yasiel cuando aún soñaba con su casa sobre la alpargata; y, actualmente, se llena de orgullo al verlo hecho un hombre trabajador, respetuoso, curtido por el sol.

En Los Escobales, por principio, se respeta la palabra de Dios y se defiende la Revolución. No se negocia con ello. Lo dejan bien claro desde el inicio. 

Yasiel tiene miles de sueños por hacer realidad en la finca; sabe que cuenta con el apoyo de su hermano Yanosky y del resto de la familia para ello, pero también entiende que lleva sacrificio, tiempo y dedicación. Nada le apasiona más que los retos.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.