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La picada de la disculpa

Julián Álvarez silenció sus propios fantasmas con el gol que dio la victoria al Atlético de Madrid ante el Deportivo de La Coruña

Autor:

Ruben Darío García Caballero

El Metropolitano vivió este sábado una de esas tardes en las que el fútbol, oficio de emociones encontradas, se permitió el lujo de cerrar una herida abierta. El Atlético de Madrid venció 1-0 al Deportivo de La Coruña con un gol de Julián Álvarez nada más arrancar la segunda parte, y el argentino, lejos de celebrar con rabia o con desafío, eligió el camino más difícil: el de la humildad. La Araña picó, marcó y, al final, pidió perdón.

El primer tiempo fue un aviso a navegantes. El Deportivo, recién ascendido pero con la dignidad de un histórico, plantó cara en el Metropolitano con un 5-3-2 que ahogó la creatividad local. Yeremay Hernández, con la rebeldía de los talentos que no entienden de jerarquías, condujo los contragolpes blanquiazules y estuvo a punto de silenciar el feudo rojiblanco. Amatucci, a medio metro de Oblak, perdonó la ocasión más clara de la primera parte, y el esloveno, con el pie izquierdo, sostuvo a los suyos cuando el marcador aún era un cero incómodo.

Simeone, consciente de que el plan no funcionaba, movió el banquillo al descanso. Entraron Le Normand y Giuliano, y el equipo ganó en intensidad y en mordiente. Apenas cuarenta y ocho segundos después de la reanudación, la conexión que el Atlético había estado buscando durante toda la tarde apareció: Grimaldo, incansable por la banda izquierda, puso un centro raso y medido al corazón del área, y Julián Álvarez, con la frialdad del que sabe que su momento ha llegado, definió de primera intención para batir a Leo Román.

El gol fue mucho más que el primer tanto liguero de Álvarez en el Metropolitano en casi un año. Fue el final de una sequía personal, el segundo gol consecutivo tras el de Stuttgart en Champions, y el punto de inflexión de una novela que había comenzado en el Mundial de 2026, cuando el argentino confesó su deseo de jugar en el Barcelona y pidió ser traspasado. Los silbidos que habían recibido en las primeras jornadas se convirtieron, esta vez, en una ovación cerrada. La grada, generosa, decidió perdonar antes de que él pidiera perdón.

Y el perdón llegó, en voz baja, tras el pitido final. «Quería pedir disculpas a nuestra gente por mis palabras durante el Mundial. Fueron una equivocación de mi parte, tanto en la forma como el momento y, sobre todo, porque entiendo a la gente el enojo. Yo también como hincha me hubiera enojado», dijo Álvarez a Movistar, con la serenidad del que ha madurado a golpes. El delantero, que también destacó la generosidad de la afición en las últimas semanas, y cerró su mensaje con una promesa: «Tengo que centrarme en trabajar y en seguir mejorando mis rendimientos con el equipo».

La victoria, sexta consecutiva en Liga, deja al Atlético con 25 puntos, segundo a dos del Barcelona y metiendo presión en la pelea por el título antes del Clásico del domingo. El Deportivo, que rozó el empate en el minuto 95 con un remate de Kevin López que Oblak salvó sobre la línea, se marcha de vacío pero con la certeza de que su propuesta, valiente y ordenada, mereció más.

Para el Atlético, en cambio, la tarde dejó algo más que tres puntos: la reconciliación con un jugador que, hace apenas unos meses, parecía tener un pie fuera del club. La Araña picó, marcó y pidió perdón. Y el Metropolitano, que había dudado, volvió a corear su nombre.

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