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«Todo el mundo sabía lo que tenía que decir»

La legendaria actriz, cantante y bailarina, Aurora Basnuevo, recordó, con claridad y cierta añoranza, sus años iniciales como humorista en el teatro y la televisión cubanos, durante una entrevista realizada hace unos años para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa

 

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—¿Cómo recuerdas aquellos momentos en que llegas al teatro vernáculo y tu desempeño como humorista?

—Cuando yo termino con el grupo Rita Montaner, donde hice muchas obras, voy para el teatro Martí con el grupo de Jorge Anckermann. Allí, se hacía teatro vernáculo que no tenía nada que ver con lo que yo hacía en el Rita… No llegué como humorista. Los que hacían humor eran Candita Quintana, Ramón Espígul, Américo Castellano, Alicia Rico… y actores invitados, como Carlos Moctezuma, Luis Lloró, Julito Martínez… Tuve la oportunidad de compartir trabajar con esas estrellas y mirar cómo se desempeñaban. Yo era la dama joven, asediada por el galán, pero me gustaba el humor. Pasaba horas en el camerino de Candita Quintana escuchándola hablar, hacer cuentos… El humor se imponía. A las diez de la mañana ya el teatro Martí anunciaba que estaban agotadas las entradas para esa noche. El pueblo se identificaba mucho con el humor… ¡igual que ahora! Entonces, comencé a hacer humor, por lo general, hacía de la muchacha pícara y sandunguera que sonsacaba a los hombres, como en El remero respetuoso escrito por Arturo Liendo.

—¿Cuándo consideras que el pueblo comienza a reconocerte como humorista?

—Realmente, había muchos humoristas buenos que estaban en todos los medios. Pero creo, que la televisión era la mayor prueba de fuego. Se le concedía gran importancia al humor dentro de todas las variedades y revistas. Después llega el programa San Nicolás del Peladero, en el que estuve más de veinte años. Allí, había grandes actores como Enrique Santiesteban, María de los Ángeles Santana, Germán Pinelli, Juan Carlos Romero, Carlos Moctezuma, Eloísa Álvarez Guedes, Mario Limonta… Enrique Arredondo entra después, conmigo, con el dúo del negrito y la mulata. Una pareja de saltimbanquis que se instalan en el pueblo. Fue el resurgir del negrito pintado que hacía mucho tiempo había desaparecido del espectáculo. Los jóvenes no sabían nada de esa pareja cumbre del teatro vernáculo cubano. Tuvimos mucha aceptación hasta que Mario le dijo al guionista, Carballido Rey, que por qué no hacía un libreto donde el sargento Arencibia le «levantaba» la mulata al negrito. A Carballido le pareció bien, y así fue que la mulata se empata con el sargento y Enrique Arredondo pasa a ser Cheo Malanga…

 «Fueron años de trabajo, de profunda identificación con el pueblo, donde el humor tenía muchos espacios y grandes guionistas, como Enrique Núñez Rodríguez, Cástor Vispo, Marcos Behmaras, José Antonio Caiñas Sierra, Carballido Rey, Alberto Luberta…  La televisión fue una gran escuela, sobre todo porque se hacía en vivo y no dejaba margen al error».

—Acabas de decir algo muy interesante: la transmisión en vivo de la televisión. ¿Cómo se las arreglaban para no decir algo fuera de lugar? ¿No había censura?

—Desde que el guion llegaba a nuestras manos, y daban el listos para salir al aire en vivo, ya el programa estaba visto por los asesores, los especialistas. Sí habían cosas que no se podían decir o hacer: No se podían decir malas palabras, en el caso del Sargento Arencibia que fumaba y escupía, no podía hacerlo demasiado ni podía ser muy grotesco, yo no podía pasarme en la «salsa» con mis personajes… en fin, cosas que eran de mal gusto o atentaba contra la moral. Creo que lo principal era que el elenco estaba compuesto por grandes profesionales, con mucho oficio, que llevábamos años haciendo humor. Nos divertíamos, hacíamos «morcillas», pero todo el mundo sabía lo que tenía que decir y hasta dónde podíamos llegar».

—Si tuvieras que escoger un personaje, de los tantos que has hecho, ¿cuál es tu preferido?

—Si llegara un ciclón, o algo muy grande y solo pudiera salvar una cosa, el personaje que agarrara en mis brazos, para que no le pasara nada, sería Estelvina. Yo me siento realizadísima con Estelvina, la mulata de Alegrías de Sobremesa. Es el personaje que más quiero, no porque yo sea Estelvina, sino porque me alegra la vida y por el cual más me reconoce el pueblo cubano.

(Fragmento de la entrevista realizada a Aurora Basnuevo en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa). 

Aurora, «la mulatísima», respetada y aplaudida por el pueblo

Agustina Aurora Basnuevo Hernández fue una destacada actriz, humorista, cantante y presentadora cubana, muy conocida por el personaje de Estelvina que, por muchos años, popularizó en el programa Alegrías de sobremesa, de la emisora Radio Progreso.

Aurora nació el 13 de agosto de 1938 en la calle Calixto García, número 125, esquina a Bartolomé Masó, en la ciudad de Colón, provincia de Matanzas. De pequeña asistió a la escuela José de la Luz y Caballero en sus estudios primarios. También recibió clases de piano. Sus padres querían que se hiciera profesora, y al cumplir los 13 años la llevaron para la capital. Estudió en la Escuela Normal para Maestros de La Habana y en el Conservatorio de la Calle Monte y Rastro. Fue muy estudiosa. Gustaba de la música y el magisterio. Andaba con unos espejuelitos y le decían la doctora Candelaria Candela.

Escondida de su familia, se presentó en el programa televisivo que conducía José Antonio Alonso, ganó el primer premio, se hizo Estrella Naciente. A partir de ese momento, comenzó a dar clases de repertorio con Isolina Carrillo.

Simultaneaba la música con su labor de profesora. Un tiempo después, en Estrella Naciente, conoció al actor Mario Limonta y se hicieron novios. Al casarse, él no quiso que fuese actriz, y ella siguió solo la carrera del magisterio. En la década de los sesenta, la directora Cuqui Ponce de León la invitó a volver a las tablas, como oyente, en los ensayos del grupo Rita Montaner. Con ellos, trabajó en varias puestas, como Los cuchillos del 23, La pérgola de las flores y La yaguas, en las que cantaba y bailaba.

Tiempo después, Eduardo Robreño y Enrique Núñez Rodríguez la llevaron al grupo Jorge Anckermann, y, gracias a ellos, hizo su entrada en el Teatro Martí. En esta etapa, compartió la escena con varias figuras del teatro vernáculo cubano, entre los que se encontraban Candita Quintana, Alicia Rico, Carlos Pons, Enrique Arredondo, Carlos Moctezuma, Eloísa Álvarez Guedes y Ramón Espígul.

En el coliseo de la calle Santo Tomas, entre Trinidad y Habana, protagonizó varias obras donde cantaba y bailaba con la música de Adolfo Guzmán, Enrique Jorrín y Rodrigo Prats.

En 1968, hace su aparición en la televisión, en el espacio Aventuras. Participó en varias series como  Los mambises, Túpac Amaru y Tierra o sangre… También hizo teatros, cuentos, comedias y algunas novelas del espacio Horizontes. Durante más de 20 años, al lado de Mario Limonta, condujo, actuó y cantó en el programa campesino Fiesta Guajira, de Radio Progreso.

Intervino en el programa humorístico San Nicolás del Peladero, en el que comenzó su trabajo como la mulata, pareja de Enrique Arredondo (en el papel del negrito), y luego, como la esposa del Sargento Arencibia, encarnado por Mario Limonta.

Participó en la programación dramática de Radio Progreso, con los directores Caridad Martínez y Gilberto Enríquez, en el espacio Novela cubana y otras radionovelas de temas históricos. Con la dirección de Erdwin Fernández Sánchez, se vinculó al espacio humorístico Quién bien te quiere te hará reír, con guion de Alberto Luberta.

Intervino en diferentes filmes cubanos, coproducidos en España, México y Francia. Fue proclamada Divas de la Radio Cubana, por su entrega a ese medio de comunicación. Entre otros muchos reconocimientos, recibió el Premio Nacional de Humor en 2004, Premio Nacional de Radio en 2009, Título honorífico en la 1ra. edición del Premio Enrique Almirante 2015 y el Sello Dorado por el Centenario de la Radio Cubana en 2022.

Falleció en La Habana, el 26 de septiembre de 2022, y fue despedida por su pueblo que tanto la aplaudió.

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