David Raya se volvió a vestir de héroe debajo de los postes para darle al Arsenal una vida extra rumbo ganar el título de liga. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 12/05/2026 | 12:58 pm
En el vasto escenario del London Stadium, donde las musas del fútbol suelen dictar tragedias, este domingo se representó una función que el viejo Shakespeare habría titulado La tempestad, pero que para los gunners fue, una vez más, Sueño de una noche de verano. La tarde, gris y espesa como el aliento de un dragón, se torcía hacia el drama cuando, en el minuto 83, el héroe más improbable, Leandro Trossard, asestó un gol que, de valer la primera Premier en 22 años, ya pertenece a la eternidad. No fue un príncipe de Suecia quien decidió la obra, sino un belga de perfil bajo que, cual duende del bosque de Arden, apareció para conectar un disparo que, tras un ligero desvío, se coló en la portería como un verso perfecto. «Leo, Leo, Leo», coreaba el sector gunner, mezclando el alivio y la incredulidad de quienes ven cómo el destino, caprichoso como un bufón isabelino, se pone de su lado.
La trama, sin embargo, guardaba su giro más cruel. En el minuto 95, cuando el reloj casi agotaba el epílogo, Callum Wilson envió el balón a la red y desató el delirio hammer. «¡Goal!», gritó el estadio, y hasta el espectro de un Pep Guardiola que había lanzado su famoso «come on you irons» encontró eco en el este de Londres. Pero como en todo buen drama shakesperiano, una mano invisible —la del VAR— aguardaba entre bambalinas. Durante más de cuatro minutos eternos, los jugadores se miraron como Hamlet ante la calavera, interrogándose sobre la naturaleza de la falta. Al fin, el colegiado Chris Kavanagh, Telémaco guiado por la voz del videoarbitraje, anuló el tanto por falta de Pablo Felipe sobre David Raya.
En el alambre de la agonía, el héroe de la noche no solo fue Trossard. David Raya, el guardameta español, se elevó como un arcángel en el crepúsculo para desbaratar antes el remate de Mateus Fernandes y, luego, para soportar el agarrón que terminó inclinando la balanza del VAR.
Y así, con la última jugada del partido, el Arsenal protegió los cinco puntos de renta sobre el Manchester City que le dejan a dos victorias —ante el Burnley y el Crystal Palace— de romper el maleficio que arrastra desde 2004. Las lágrimas de Ben White, retirado por lesión entre sollozos, aportaron el contrapunto elegíaco a una semana que, tras el pase a la final de Champions, ya es puro delirio en el norte de Londres.
Mientras el telón caía sobre el London Stadium, la función terminó con una certeza: el sueño de una noche de verano no siempre es efímero. A veces, como esta vez, se viste con el manto de la realidad y acaricia la frente de un equipo que, 22 años después, vuelve a creer que las coronas son posibles.
