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Abrazos romeros contra el bloqueo

Bien apretados y con el afecto de defender una misma causa, las nuevas generaciones protagonizaron este martes —como parte de las Romerías de Mayo— un gesto simbólico que reafirma nuestra unidad en tiempos complejos

Autor:

Jorge Fernández Pérez

HOLGUÍN.— La Fiesta de los Abrazos, evento que protagonizan los jóvenes bajo el mando de la Federación Estudiantil Universitaria, volvió a confirmar en las Romerías de Mayo que Holguín no solo celebra el arte joven, sino también el encuentro como una forma de resistencia.

En una edición marcada por el centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, los 40 años de la AHS y un contexto nacional complejo, marcado por el recrudecimiento del bloqueo, este espacio se sostuvo como una de las expresiones más humanas del festival.

Allí donde el abrazo deja de ser un gesto simbólico para convertirse en una manera de afirmar la solidaridad, la diversidad y la vocación de compartir la ciudad, se unen las nuevas generaciones para reafirmar su hermandad.

La jornada tuvo ese aire de celebración que no se improvisa. Desde su sentido más profundo, la Fiesta de los Abrazos ha funcionado dentro de las Romerías como un punto de llegada y de partida para jóvenes de distintos lugares, unidos por la cultura y por una misma voluntad de intercambio.

Aris Silva, profesora de la Universidad de Oriente, señaló que, en medio de un contexto internacional marcado por conflictos y tensiones, abrazarnos es un llamado a reconocer un camino posible hacia la paz en el mundo.

No es solo un recibimiento de delegaciones ni una actividad para animar el programa; es, sobre todo, una escena colectiva en la que la fraternidad se vuelve visible y el centro histórico de Holguín se transforma en escenario de unión.

Este año, además, el gesto cobró una fuerza particular. Los pinos nuevos se unieron en una condena al bloqueo impuesto por el Gobierno de Estados Unidos y en respaldo a la soberanía de la Patria.

La cita apostó por juntar voluntades, sostener el ánimo y defender la idea de que la cultura también se construye con cercanía, empatía y presencia compartida. No es casual que dentro del festival esta actividad siga siendo una de las más recordadas, porque logra condensar en una imagen simple el espíritu de todo el evento.

La edición actual reforzó también la vocación internacional y de intercambio que siempre ha acompañado a la Fiesta de los Abrazos. Allí se reconoció uno de los rasgos más sólidos de las Romerías de Mayo: su capacidad para convertir la diversidad en alianza y el encuentro en una declaración de principios.

En una semana que ha vuelto a llenar la ciudad de música, pensamiento, literatura, artes visuales y debate, la Fiesta de los Abrazos se sostuvo como una pausa necesaria y, al mismo tiempo, como una afirmación permanente. En tiempos difíciles para Cuba, el abrazo es una forma de resistencia compartida y dentro de las Romerías esa idea sigue encontrando su mejor escenario.

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