Realizadora Lizette Vila, directora de Palomas. Autor: EcuRed Publicado: 30/04/2026 | 05:34 pm
Son muchas las deudas que tengo (tenemos los cubanos todos) con Lizette Vila y su Casa Productora Palomas, creada hace alrededor de 25 años con el fin de promover el activismo social, una vida más digna, y el derecho a soñar. En primer lugar, mi deuda creció porque últimamente nos ha mostrado, en una serie de obras los hechos, las evidencias, la emoción y la honradez que debieran regir todo documental destinado a constatar el pulso de una nación. En segundo lugar, porque ha demostrado la vigencia e infinitas posibilidades de un tipo de cine tesstimonial, expositivo y reflexivo, de vocación etnográfica, fundado sobre entrevistas que apuestan por la más completa sinceridad.
La deuda que mencionaba se debe a que como crítico apenas he atendido, entre mil otros trajines, a estos documentales como se debiera, y además estoy seguro que un número demasiado alto de cubanos y cubanas todavía no han visto las obras de Lizette Vila, que ocasionalmente codirige y coescribe con su hija Ingrid León. De modo que especialistas y comunicadores todos debiéramos estar más al tanto de cada nuevo título porque, entre otros aportes, significan la persistencia de un tipo de documental que en Cuba cuenta con brillantes predecesores, con sus diferencias de acuerdo con la personalidad del autor o autora, y me refiero al documental de encuesta, apoyado sobre todo en el testimonio acopiado por entrevistas coherentemente dirigidas a demostrar una tesis.
Nuestro cine cuenta con muy importantes documentales que cuestionaron la realidad, presentaron evidencias que sostenían tales cuestionamientos, y fueron capaces de agitar la conciencia del espectador, o de las instituciones, hacia horizontes que se conocían a medias antes de las revelaciones que significaron estas obras marcadas por la credibilidad y por el compromiso con mejorar la realidad.
Por solo mencionar algunos de los mejores documentales fundadores de un estilo que luego utiliza Palomas, recuerdo Por primera vez (1967, Octavio Cortázar) y la tensión entre el esfuerzo cultural de todo un país y la ignorancia y el abandono impuestos secularmente; Una isla para Miguel (1968, Sara Gómez) en torno al conflicto entre logros y derrotas en la reeducación de adolescentes antisociales; Mujer ante el espejo (1983, Marisol Trujillo) que describe los múltiples embarazos que ocasiona la maternidad a una bailarina de primera línea, y El Fanguito (1990, Jorge Luis Sánchez), con las inmensas contradicciones entre el drama y la esperanza, la transformación y la marginalidad de apariencia perpetua, entre otros.
Los documentales de Lizette Vila y Palomas se amparan en una agenda similar de descubrimientos e interrogantes. Desde los primeros títulos, Mujer, alma de maravillas (2002), Sexualidad, un derecho a la vida (2004) o Estoy viva… Lo voy a contar (2016) se evidencia la más absoluta responsabilidad y coherencia en el compromiso directo con los personajes que aportan las voces, y con la idea, siempre positiva, mejoradora, que se pretende comunicar a los espectadores. Para moldear la retórica de los muchos personajes convocados, se utiliza una edición que no solo informa los asuntos medulares, sino que también devela realidades incómodas al tiempo que intentan persuadir al espectador de la necesidad de resiliencia, dignidad, flexibilidad, resistencia a la violencia o la discriminación, y aceptación de las diversidades raciales, sexuales y de todo tipo.
Diez historias relatan los protagonistas en Soy papá… de cualquier manera (2017) que trata de abarcar las diferentes maneras de ser y de pensar la paternidad, con más exactitud, el amor de padre concreto y verdadero, ese que cualquiera no siente y mucho menos es capaz de expresar en actos concretos, cotidianos. A medida que estos hombres de edades, razas y clases sociales distintas explican quiénes son y su relación con sus hijos, biográficos y adoptivos, se van deshaciendo, incluso en los más contumaces repetidores los prejuicios fundados en el adagio «padre es cualquiera», desmentido en las inmensas cuotas de amor, dedicación y sacrificio que este documental expresa y certifica. Fotos y grafismos enriquecen la imagen, aportes que por suerte ha venido creciendo en las más recientes obras de Palomas.
Porque Palomas no oculta su coincidencia con las agendas del feminismo, o tal vez debiéramos llamarle denuncia de desigualdades de género, pero se trata de una tarea tan ambiciosa como defender los derechos para todas las personas. Lizette Vila y sus diligentes colaboradores también ofrecen, faltaría más, documentales centrados en la mirada de los hombres, sus carencias y padecimientos, como ocurre en el citado Soy papá… y también en la serie de tres cortometrajes Los hombres mayores… ¿envejecen dignamente? (2026) que encontró un excelente canal de divulgación a través de Arte 7. Ojalá no sea la única vez ni el único espacio en que el público pueda reconocer y saludar los vuelos de Palomas, porque desde los años setenta la televisión es aliada imprescindible en la visibilización de grandes documentales, y es preciso que en Cuba acabe de asentarse tal emparejamiento.
Pero volvamos al tema del feminismo, cuyos objetivos se perciben nítidamente en obras tan notables como Ella… sus cuidados y cuidadoras (2021), Mujeres entre dos pandemias (2022) o Mujeres de fe… señales de lealtad (2024) que dibujan un amplio espectro sobre la cotidianidad de las cubanas, y los vacíos de reconocimiento a sus labores domésticas, los desafíos, prejuicios y embotamientos que afectan el florecimiento de sus proyectos.
Dos de las más recientes, Todos los días son 8 de marzo (2024) y Pintemos de violeta la economía cubana… Para que ninguna quede atrás (2025) ostentan el inocultable propósito didáctico, de exponer desde el título el superobjetivo de la obra. Es cierto que el suspenso y la sorpresa pueden sufrir con estos títulos explicativos, pero para evitar ese riesgo la textura interna está tan cargada de penetrantes conceptualizaciones, de información actual de cariz económico, social o cultural, de vivencias pasadas por la sensibilidad de los testimoniantes
Son 23 las mujeres que tienen voz en Todos los días… que ha sido incomprendido por quienes decidieron tachar de hipercrítica la voluntad de «romper con el silencio como estrategia de procesamiento del dolor», y conferirle un espacio para la expresión, sin victimizaciones ni tablas rasas ni rencor, a una serie de mujeres que se sienten desiguales y desprotegidas. Pintemos de violeta… manifiesta la voluntad de Lizette Vila y de Palomas de hablar, desde la perspectiva femenina, tal y como lo han hecho en varias ocasiones, de los inconvenientes más perentorios que enfrentamos ahora mismo cubanos y cubanas.
Conste que en los documentales de Palomas tampoco se habla solo de políticas públicas, inconvenientes, angustias y naufragios. Hay un margen siempre para la resiliencia, la solidaridad, las soluciones posibles, y por qué no, para la compasión y la solidaridad, dos conceptos cuya grandeza Palomas decidió reciclar afortunadamente.
