Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Hermandad a prueba del tiempo

Durante los años de la lucha clandestina, luego en la Sierra Maestra y después del Triunfo de 1959, Fidel Castro Ruz y Faustino Pérez cultivaron una amistad inquebrantable

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

 

SANCTI SPÍRITUS.— Primero de diciembre de 2016. Cielo nublado. Una llovizna fría amenaza. Está de pie, con mirada fija, de espalda al Paseo de laureles de Cabaiguán. El palpitar de miles de almas aceleradas le delata el acercamiento. En segundos, el armón con la urna de cedro abrazada por la bandera cubana y rosas blancas le roza. Le sigue un abrazo eterno, escoltado por el Himno Nacional. Se sella así el rencuentro. Otra vez, juntos, Fidel y Faustino.

No podía ser diferente. A pesar de que el recorrido de la caravana que se trasladaba hasta Santiago de Cuba en 2016 tenía el tiempo cronometrado, precisó detenerse allí, donde el expedicionario del Granma, nacido en La Larga, Taguasco, se mantiene estoico, con paso hacia delante y pecho erguido.

No se precisaron palabras. Quienes presenciaron el hecho, en aquella triste e histórica mañana de diciembre, sintieron el pecho mucho más estrujado. Una hermandad a prueba de todo volvió a demostrar que, en tiempos de alegría y dolor, la verdadera amistad vive, se inmortaliza.

Razones

Cuando se hojean las referencias bibliográficas que resguardan la etapa en que Fidel Castro Ruz y Faustino Pérez protagonizaron la mayoría de los hechos más trascendentales de determinado contexto histórico sobran las anécdotas que develan la estrecha relación de ambos. Mas, como toda fraternidad también contaron con algún que otro momento escabroso.

Precisamente, en una de las horas más estresantes vividas por ambos, justo al desembarcar el yate Granma y encontrarse acorralados en un cañaveral, la situación generó posiciones de pensamiento encontradas. Tal y como lo refirió en 2014, el propio Fidel en el prólogo del libro Historia de una gesta libertadora 1952-1958, de Georgina Leiva:

«Tuve una amarguísima experiencia. Le explico a Faustino, que era capitán como jefe de una organización aliada, la idea de explorar el bosque y él, que no llevaba ni su fusil, me responde tranquilamente: “¡No!, yo pienso
que debemos seguir por aquí donde está la caña”. En ese instante me indigné tan profundamente que casi no podía articular palabra. Él provenía del Movimiento Nacional Revolucionario del profesor Bárcenas. Percibí casi instintivamente la enorme fuerza del “espíritu pequeño burgués” que en general era alérgico al marxismo, el leninismo y el socialismo. (…) Me apena decirlo porque Faustino era un hombre valiente, que se sentía feliz luchando en la clandestinidad».

Sin dudas, una lección de vida que influenció positivamente en ambos seres humanos. Pero desde antes y posterior al bautismo de fuego de Alegría de Pío, Fidel y Faustino se conocían lo suficiente.

Luego de los fatídicos hechos de 1953 y tras la amnistía de mayo de 1955, Faustino se sumó al Movimiento 26 de Julio por lo que participó en la histórica reunión fundacional del MR 26-7, en la calle Factoría No. 62 en La Habana, el domingo 12 de junio de 1955, como uno de los nueve invitados por Fidel.

«En febrero de 1956 hice mi primer viaje a México llevando más de 8 000 dólares recaudados peseta a peseta
por la organización del Movimiento entre los militantes y simpatizantes. La significación de aquello hizo exclamar a Fidel en el propio aeropuerto que ya la expedición estaba asegurada», narra Faustino con minuciosos detalles en su autobiografía.

Tanto en la sierra como en el llano

Fidel, extraordinario estratega militar y visionario natural, supo aprovechar las potencialidades de sus semejantes. Sabía de la experiencia en la lucha clandestina de Faustino por lo que le ordenó descender de las serranías orientales con la misión de que toda Cuba supiera que la lucha seguía.

Fue entonces que el líder espirituano viajó por gran parte del Archipiélago. Tocó cada una de las puertas necesarias para fortalecer el apoyo insurreccional y no dejar morir el espíritu efervescente que se extendía poco a poco a lo largo y ancho de Cuba.

Fue una etapa de duras pruebas y compromiso con Fidel: guio al periodista norteamericano Herbert Mathews, quien realizó la famosa entrevista al Comandante en Jefe; organizó el perfecto secuestro de Juan Manuel Fangio, el suceso de mayor alcance internacional que realizó el Movimiento durante ese período, y preparó la Huelga General Revolucionaria de 1958.

Luego retornó a las montañas orientales, donde, junto a Fidel y otros cuatro compañeros, recibió los grados de comandante. Otra etapa, donde la fidelidad hacia su amigo y líder encontró tantas pruebas como horas del día.

Mas, nunca defraudó su confianza. Su espíritu de entrega y convicción fue ratificado, otra vez, el 26 de Julio de 1959 al entregarle al Comandante en Jefe, justo en la Plaza de la Revolución capitalina 20 millones de pesos en efectivo y bienes recuperados por valor de 50 millones, como resultado de su labor como ministro de Recuperación de Bienes Malversados.

Uno de los tantos gestos que confirmaron las palabras de Pedro Miret en 1992 al describirlo ante su tumba como un hombre «humilde y desafiante». Una de las tantas virtudes que supo aplaudirle el amigo vestido siempre de verde olivo.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.