El Pepe Portilla fue beneficiado con dos concentradores de oxígeno de los cien donados por Unicef. Autor: Inary, Comunicación Integral Publicado: 21/07/2026 | 09:48 pm
PINAR DEL RÍO.— Lubianka Pilotos Torres ha pasado los últimos 11 años de su vida observando cada minuto la respiración de su hijo. A los 38 días de nacido le fue diagnosticada fibrosis quística, una enfermedad genética que deteriora considerablemente la salud y calidad de vida de quienes la padecen.
A ella, que no le alcanzan las palabras para agradecer los desvelos de médicos y enfermeras del pediátrico Pepe Portilla, y de quienes los han atendido en el municipio de La Palma, donde residen, la conocimos en la sala de cuidados progresivos del único hospital para niños de Pinar del Río, y que en septiembre próximo cumplirá cien años de fundado.
«Yo sé lo que es pasar la vida pendiente de la respiración de un hijo, y recibir del personal de la salud todos los cuidados y apoyo emocional posible. Y sé lo que es vivir sabiendo que no hay oxígeno disponible; ya pasó cuando se rompió la planta en los tiempos de la COVID-19. Y una madre así no vive», confiesa Lubianka.
«Disponer de este concentrador, dice, mientras deposita su mano sobre el equipo verde recién llegado al hospital, es una tranquilidad tremenda, porque si bien no sustituye al balón, da una esperanza de vida a mi hijo.
«Debo ofrecer mi gratitud también a Unicef, por estar pendiente de las necesidades de niños como el mío, que pueden estar en peligro ante la falta de oxígeno», asiente la madre.
El Pepe Portilla fue beneficiado con dos concentradores de oxígeno de los cien donados por Unicef. Uno fue ubicado en la sala de cuidados progresivos, que es donde se reciben a los niños que salen de terapia y aún están de cuidado, y el otro en la de primera infancia, un servicio en el que se atienden, entre otros, a menores de un año, y a los pacientes con enfermedades nutricionales.
La joven doctora Annie Marie Romero Brito, directora de esta institución, reconoció que los equipos llegaron en una etapa vital, porque el territorio enfrenta durante esta época del año las neumonías.
«Tenemos un alza de enfermedades respiratorias como los cuadros obstructivos bronquiales, y los concentradores nos ayudan con los pacientes que poseen estas patologías. También los hay crónicos que presentan, en su mayoría, insuficiencias respiratorias, y los equipos mejoran la calidad ventilatoria de los niños», comentó.
Reconoció la Directora que los concentradores permiten su movilidad, de ahí que una vez debidamente desinfectados puedan trasladarse hasta la cama de cada paciente, lo cual mejora la calidad del servicio.

La directora del pediátrico reconoció que los equipos llegaron en una etapa vital, porque el territorio enfrenta durante esta época del año las neumonías. Foto: Inary, Comunicación Integral
Romero Brito manifestó, a nombre del hospital, el agradecimiento a Unicef, organismo con el que poseen fuertes lazos de trabajo y amistad. El donativo alcanza un significado especial, señala la directora de la institución, a partir de que llega en un momento muy difícil, marcado por el recrudecimiento del bloqueo y el cerco energético.
Por su parte, la pediatra Cándida Moraima Reyes Rivadulla no olvida los días de la COVID-19 en los que no disponían de oxígeno, un recurso que precisa, constituye un medicamento ante determinadas afecciones.
«El donativo de los concentradores de oxígeno ha sido un beneficio incalculable, porque hemos vivido tiempos con muchas dificultades y carencias. El oxígeno es una medicina, una indicación médica que está protocolizada en determinadas enfermedades. El año anterior hubo un déficit y fue preciso tomar alternativas.
«En ese momento, los concentradores que teníamos fueron de mucha utilidad, pues se colocaban en los puntos álgidos del hospital, como las salas respiratorias y el cuerpo de guardia», rememoró la doctora, quien posee más de 30 años de experiencia en la Pediatría.
Especificó que los que acaban de ser donados constituyen un alivio, sobre todo, para la sala de cuidados progresivos, pues en ella permanecen pequeños con riesgos.
Los especialistas prevén un alza de bronquiolitis en los meses de septiembre y octubre y serán muy necesarios los concentradores en ese momento. Señaló la pediatra que en no pocas ocasiones los niños deben ingresar —precisamente— por no disponer de electricidad en el hogar que le permita cumplir sus tratamientos o porque deben estar bajo supervisión médica constantemente.
A Lubianka Pilotos la conocen desde hace muchos años en el hospital, allí asegura tener una familia. Ahora, dice, podrá dormir más tranquila porque ha aprendido a manejar la enfermedad de su hijo, porque confía en el personal que lo atiende directamente y porque sabe que, ante cualquier eventualidad o carencia de oxígeno, los concentradores estarán ahí para traer la esperanza cuando parezca que todo está perdido.
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