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Los inicios de Fidel, clave de una vida y obra

La conferencia Las historias de Alejandro, impartida por Katiuska Blanco, abrió en La Periquera el Congreso Memoria Nuestra, en las Romerías de Mayo, con una mirada al Fidel que se fue forjando entre 1926 y 1945

Autor:

Jorge Fernández Pérez

HOLGUÍN.- Las Romerías de Mayo volvieron a abrirle espacio a la memoria, como quien se asoma a una ventana necesaria.

En la sala Revolución del Museo Provincial La Periquera quedó inaugurada la edición 31ra. del Congreso y Premio para Jóvenes Investigadores Memoria Nuestra, con la conferencia magistral Las historias de Alejandro, a cargo de la periodista y escritora cubana Katiuska Blanco.

No fue una apertura cualquiera. La jornada tuvo el peso de lo que se sabe importante y, aun así, se decide escuchar de nuevo, porque hablar del Fidel de esos años es una forma de ir al centro de una personalidad que se empezó a moldear mucho antes de la historia grande.

Entre 1926 y 1945 transcurre una franja decisiva de su vida. Son años de niñez, adolescencia y primera juventud, en los que se van acumulando experiencias, lecturas, inquietudes, injusticias vistas de cerca y preguntas que no se apagan con facilidad.

En esa etapa, se fue armando el muchacho que después entendería el país con una mirada singular. Katiuska Blanco llevó al auditorio a ese territorio inicial, con la naturalidad de quien conoce que la historia personal de Fidel no puede separarse de la Cuba que le tocó vivir.

Hay biografías que se explican por sí solas y otras que obligan a mirar el entorno, y la de Fidel pertenece a este segundo grupo. Hay que entrar en el clima moral de una época, en los contrastes de un país marcado por desigualdades, tensiones sociales y profundas fracturas.

Foto: Oscar Alejandro Flores Osorio

El muchacho de Birán, todavía sin protagonismo histórico, iba recibiendo impresiones que después tendrían eco en su manera de actuar y de mirar al mundo.

Esa lectura resulta especialmente oportuna en unas Romerías que este año dedican sus jornadas al centenario de Fidel Castro Ruz y a su pensamiento intelectual.

Se trata de volver a una figura que sigue dialogando con la cultura cubana, con la juventud creadora y con los desafíos del presente.

Memoria Nuestra, como columna vertebral del evento, cumple aquí una función esencial, apoyada también por un contexto simbólico fuerte, pues la AHS arriba a sus 40 años y La Periquera cumple medio siglo como museo. Por eso, se celebró la permanencia, pero sobre todo la voluntad de seguir pensando el país desde la cultura y la investigación joven.

El Congreso de Pensamiento no se limita a mirar el pasado con devoción, sino que lo interroga y busca en él claves para el presente.

La conferencia dejó claro que la niñez y la primera juventud de Fidel no fueron años periféricos, sino decisivos, pues fueron afinando una sensibilidad que luego se expresó en la política, en la cultura y en la manera de concebir el país.

Mirar ese período ayuda a entender que ninguna obra histórica surge de un día para otro, y que la memoria, cuando se trabaja con seriedad, no encierra, sino que abre puertas al entendimiento.

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