La tecla del duende
La espirituana Teresa Toyos, que tiene nombre y arrestos de heroína de radionovela, puso en mis manos hace casi un año un delicioso puñado de historias rescatadas por el escritor Juan Eduardo Bernal. Gente que la calle conoció, es más que una compilación de rostros y hechos; son crónicas entrañables de personajes que dieron vida a la villa del Spíritu Santo. Aquí les va una de ellas...
En la calle siempre limpia, donde los pregoneros trataban de persuadir las más tercas obstinaciones, se le vio completamente alejado del gregario indiferente, improvisando con una filarmónica algunas piezas de definida arbitrariedad.
Su figura, encorvada por la flagelación del asma, transitaba a cualquier hora de la mañana y de la tarde por las calles del centro de la ciudad, donde era reclamado para el cumplimiento de pequeños encargos.
A su nobleza y maneras pausadas incorporaba una ruptura, que, a pesar de lo reiterada, siempre conmovía la curiosa atención de los vecinos y los transeúntes.
En su cruce hacia los menesteres del día, Sergio interrumpía la dinámica de su andar y se detenía ante la rusticidad de cualquier pared. A la espera de la cotidiana atención de los espectadores, dejaba mover sus manos, como si al contacto apareciera la manivela de un órgano oriental.
Pocos conocieron su palabra y resistió las burlas sin inmutarse. Continuó en el espacio voluntarioso de la ciudad fabricando melodías o inventándose, sobre las paredes, el órgano para la música que solo él disfrutaba, a despecho de la incomprensión de la gente.
Como cada tercer domingo del mes, a las diez de la mañana, en el museo provincial Palacio de Junco, los tecleros de Matanzas tuvieron su encuentro. La poesía de una nieta, el cuento del abuelo Campa, las ocurrencias de muchos que se estrenaban, pusieron más leña al fuego de duendes en la Ciudad de los Puentes.
Cosa YO: Naciste con un talento especial y único: El de hacerme feliz. TQMMM. Cosa MI
Mi Boni: Solo sé que en tus brazos pierdo la razón. Tu Titi
Yari: Cariño mío, eres tan hermosa que, si no existieras, yo te inventaría. Tu niño
Sandra: Los amigos son como los globos; cuando se sueltan no sabes si regresan. Yoandrys
Yailet: Te reservé un cuarto en la luna con un pasillo hacia las estrellas. Te amo. Dervis
Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre como la nuestra. Pero en verdad, nunca se ha sabido menos qué es el hombre. Martín Heidegger