Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Calles y entrecalles

Ya lo conté una vez. Ruedo hacia atrás la máquina del tiempo. Tengo 12 años de edad y asisto a mi primer día de clases en la escuela secundaria básica Félix Varela, de Lawton. El profesor Borroto, de saco, cuello, corbata y botas de milicianos —era la época— llega al aula para impartir la asignatura de Ciencias Sociales y comienza la clase pidiéndonos una tarea que implica una pequeña investigación. Para el próximo encuentro debemos llevar una composición sobre el porqué del nombre de la calle en que vivimos.

Quise pasarme de listo. Como residía en la calle Diez, escribí que el nombre de mi calle obedecía a la numeración que le correspondió en la urbanización del reparto. Borroto, que era un maestro en todo el sentido de la palabra, me dio la razón y pidió entonces que me refiriera al nombre de las entrecalles. Uno de ellos me fue relativamente fácil. Era el nombre de un santo. San Francisco, aunque no pude ni puedo precisar si era el de Asís, el de Sales, el de Paula, San Francisco Javier o San Francisco Solano, que, nacido en España, vivió en Cuba y que por su labor misionera en el continente es considerado el Apóstol de la América del Sur.

El nombre de la otra entrecalle no me fue nada fácil: Benito Lagueruela, aunque en los recibos de la Electricidad esa calle aparecía con el nombre de P. Consuegra.

Supe años después que Lagueruela, natural de Cárdenas e ingeniero de profesión, fue un empresario y político conservador fallecido en 1932. Su residencia, en 27 esquina a K, ocupada por uno de sus descendientes, es una de las mayores viviendas unifamiliares de la barriada. En 1910 el Ayuntamiento habanero decidió dar a esta calle el nombre del patriota Pedro Consuegra, pero Lagueruela sigue llamándose hoy y con ese nombre sale a la Calzada de Diez de Octubre y continúa.

Lawton tiene esas cosas. Calles con nombres. Calles con números. Calles con letras, sin contar los pasajes. Si, por ejemplo, se baja por la Avenida Camilo Cienfuegos —antigua Dolores— desde Diez de Octubre hasta la Avenida de Porvenir, van quedando atrás Delicias, Buenaventura, San Lázaro, San Anastasio, Lawton y Armas. Y, a partir de Porvenir, vienen Octava y Novena, para seguir con 10, 11, 12… Todas paralelas a dicha calzada. Perpendiculares a ella son San Mariano, Santa Catalina, Milagros, San Francisco, Concepción, Dolores, Pocito y Tejar, que desembocan todas en la Avenida de Acosta, para dar paso a calles identificadas con letras.

Nombres que se repiten

Uno de los nombres más repetidos entre las calles habaneras es San Francisco. Nueve calles llevan ese nombre, en tanto otras cinco tienen el de San Martín; y San José y San Carlos aparecen cuatro veces cada uno. San Cristóbal, pese a ser el patrono de la villa, figura solo dos veces. Santa Catalina se reitera en cinco calles, seguida por Santa Ana y Santa Teresa, tres veces cada una.

La calle Manglar debió su nombre a la vegetación de la zona, un área que se rellenó con la basura y los escombros de la ciudad, que allí se vertían. Arroyo es el nombre oficial de esa calle. Es así por el que desemboca en la Ensenada de Atarés.

Aguacate debe su nombre a la frondosa mata de ese fruto que crecía en el huerto del convento de Belén, árbol cortado en 1837, según el investigador José María de la Torre, autor del libro Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna, que afirmaba haber visto un atril confeccionado con su madera. Galiano es Avenida de Italia. La Calzada de Monte (Máximo Gómez) se llamó Guadalupe y luego Príncipe Alfonso, por Alfonso XII, hijo de Isabel II y nieto de Fernando VII. La calle Oquendo por don Martín Oquendo, propietario de una estancia asentada en la zona. Bernaza, por el dueño de una panadería que existió en dicha calle…

Perseverancia se nombra así por la que necesitaron los técnicos y trabajadores que la trazaron. En 1925 pasó a llamarse Embajador Torriente, por el éxito alcanzado por el diplomático cubano don Cosme de la Torriente al conseguir que el Senado norteamericano aprobara en esa fecha el tratado que reconocía los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos, y se llamó después Joaquín Albarrán en honor de esa gloria de la medicina cubana, urólogo y profesor de La Sorbona.

Es por el presbítero José María Manrique, que moraba en la esquina con Zanja, que Manrique se llama así, nombrada antes Del Campanario Nuevo y De Terranova, y que el Ayuntamiento habanero quiso, en 1922, nombrar Antonio María Lazcano, por el eminente educador nacido en esa vía.

Lealtad es por el nombre de la cigarrería que existió en la esquina de Salud.  Jovellar, por el capitán general de ese apellido. Infanta, por la hija de Fernando VII, que reinó como Isabel II. Hospital, porque conducía al viejo leprosorio de San Lázaro, e Industria, porque la venta de terrenos en la zona fue una verdadera industria. Concordia, por la logia masónica asentada en ella. Corrales, por los establos que existían entre las calles de Águila y Ángeles, al fondo de la iglesia de Guadalupe. Ánimas, por lo solitario y desamparado del lugar. Jesús Peregrino, por el retablo que allí tenía el negro conspirador José Aponte, ahorcado en 1812. Una calle, en el Sevillano, lleva el nombre del gran periodista Antonio San Miguel, el amillonado director y propietario del periódico La Lucha. Paula, por el hospital y el templo de ese nombre, se llama desde 1922 Leonor Pérez, tributo a la madre del Apóstol.

Línea, Obispo, Malecón

Palatino fue Cosme Blanco Herrera. La Calzada de Luyanó, Manuel Fernández de Castro; 23, General Machado. Cocos, Alfredo Martín Morales, Santa Emilia, Antonio de Piedra, Melones, José Antolín del Cueto. O’Reilly, que fue Honda y Del Sumidero, Del Basurero y De la Aduana, fue Presidente Zayas en 1921. Son nombres que fueron, ninguno arraigó. Dicen que dicho mandatario se opuso a que se le dedicara esa vía. Matrero como era, sabía que nadie la llamaría de esa manera, aunque, recuerda el escribidor, todavía en la década de 1960 era su nombre el que se leía en las tarjetas que identificaban la calle. Trazada en 1862, la Avenida 23 fue en sus orígenes el Paseo de Medina, por el contratista que residía frente a donde se erigió después el cine Riviera.

Línea existe desde que se urbanizó El Vedado, a partir de 1858. En 1918, con motivo de la participación de Cuba en la 1ra. Guerra Mundial, se llamó Avenida del Presidente Wilson, por el mandatario norteamericano de ese nombre. Después de 1952 se llamó General Batista. El historiador Emilio Roig había propuesto en 1936 que esa vía fuese Línea desde el monumento al Maine hasta la calle E, y que desde allí hasta el río fuese la calle 9.

El ya citado José María de la Torre atribuye el origen de la calle Obispo a que la frecuentaba en sus paseos el obispo Morell de Santa Cruz, que residía en la calle Oficios, donde murió. Para otro erudito, Pérez Beato, la causa es más antigua: allí, en la esquina de Compostela, se dice que vivía el obispo Jerónimo de Lara.

En 1897, en plena Guerra de Independencia, el Ayuntamiento habanero dio a Obispo el nombre del sanguinario Valeriano Weyler, a la sazón Gobernador de la Isla. Al cesar la soberanía española, los habaneros se precipitaron a arrancar las tarjetas callejeras que consignaban el nombre del odiado militar, artífice de la Reconcentración.

Pasó, en 1905, a llamarse Pi y Margall, en homenaje a ese ilustre español que tanto defendió el derecho de Cuba a su independencia. Decisión tan justa como inútil porque, más allá de determinaciones oficiales, Obispo siempre ha sido Obispo, una de las reinas de las calles de La Habana.

Malecón comenzó a trazarse en tiempos de la primera intervención militar norteamericana. Corría en sus inicios desde el castillo de La Punta hasta la caleta de San Lázaro, frente a lo que es hoy el hospital Ameijeiras y se le dio el nombre de Avenida del Golfo, llamado después Avenida de la República y Avenida del General Maceo para llegar a lo que sería su nombre definitivo, Avenida de Antonio Maceo.

Con el tiempo esta avenida se amplió en ambos extremos para un trazado que va desde la vieja Capitanía del Puerto hasta el río Almendares. Cada uno de sus tramos tiene el nombre que la identifica —Céspedes, Maceo, Washington, Pi Margall, Aguilera—; pero todos seguimos llamándola por el nombre genérico de Malecón.

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