Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Mujeres en conflicto con su sexualidad

Hay numerosos caminos para tratar esas dificultades, desde la terapia cognitiva hasta cambios en el estilo de vida

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

 

Nuestro cuerpo es capaz de todo; es a nuestra mente a quien debemos convencer.

     Autor desconocido.

Hay muchas razones para que una mujer considere su vida sexual como una fuente de conflictos, a veces, incluso antes de empezarla. Hoy describiremos varias situaciones y, si te resultan familiares, te invitamos a solucionarlas.

La maldita culpa

Por razones culturales, sentir vergüenza ante las fantasías y necesidades sexuales es uno de los conflictos más frecuentes en las mujeres a cualquier edad, sobre todo cuando ven el placer como meta inmoral y la copulación para tener hijos.

Tal actitud sostenida en el tiempo genera ansiedad, miedos y tendencia al autocastigo. Por eso suelen evitar el contacto íntimo (aún en parejas legales) o lo asumen de manera pasiva, sin reconocer su propio derecho al disfrute erótico.

Desconexión corporal

También por razones culturales, o por traumas asociados a dinámicas de familia, algunas mujeres se «desconectan» de sí mismas y tienden a no habitar sus cuerpos a plenitud. Muchas ignoran señales como dolor o cansancio y descuidan su autocuidado, critican su apariencia y renuncian a mecanismos de estímulo y recompensa, porque no se creen dignas. Con el tiempo, vienen problemas de imagen, trastornos alimenticios, inseguridad en las relaciones, aislamiento emocional y apego tóxico a quien les presta algo de atención.

Dónde están tus límites

Reconocer y expresar límites es un derecho explícito en todos los códigos legales modernos, pero lleva ejercicio constante para que sea eficaz. No pocas mujeres renuncian a explorar qué les gusta o disgusta y se limitan a seguir el guion de la pareja, porque dan más crédito a quienes venden como prioridad la complacencia de las necesidades del otro.

Esa falta de asertividad las incapacita para negociar lo que en verdad les apetece y, al quedar atrapadas en esa rutina, no encuentran el sexo beneficioso. Más bien surge resentimiento por la pérdida de autonomía y la «estafa» del amor romántico.

Miedo a la intimidad

Si de niña creciste en un ambiente violento, viviste un abuso mal manejado, o tus referencias sobre sexo son sesgadas, es posible que te amedrenten los vínculos profundos y elijas construir una coraza de distancia afectiva.

Esa aparente liviandad es recelo a mostrarte vulnerable y ser arrastrada a una relación fallida; por eso, eliges la soledad o te involucras en relaciones superficiales, donde no es necesario confiar y es fácil huir. Si la otra parte te toma en serio, le acusas de presionarte y te retiras del juego, aunque tus sentimientos dicten lo contrario.

Creer vs sentir

Otro conflicto habitual es cuando tus valores personales, creencias religiosas o expectativas son incompatibles con la circunstancia que realmente te hace ser feliz. Esa sensación de estar dividida aparece, sobre todo, con la discriminación por color de piel, edad, estatus social…

Crecer atrapada entre el «deber ser» y los deseos genuinos puede generar rebeldía, culpa persistente, estrés emocional, dificultad para tomar decisiones, rencor y distanciamiento con las personas que amas. También puede afectar el desempeño escolar y laboral, la comunicación y el sentido de justicia.

La construcción de la identidad sexual es un proceso que acrisola en la adolescencia, pero los gustos y proyecciones eróticas cambian toda la vida. Entender que no eres o haces lo que la familia espera provoca alarma e intentos de negar o reprimir lo que te atrae. Esa lesbofobia internalizada puede derivar en misoginia (rencor a otras mujeres), simulaciones o celibato autoimpuesto, cargado de ansiedad, depresión, ocultamientos y relaciones afectivas convulsas.

Violencia sexual

Tras una o varias experiencias de sexo a la fuerza o mediante engaños, algunas víctimas bloquean su intimidad o se vuelven hipervigilantes, porque se consideran sucias, no merecedoras de una relación saludable.

Si no se trata el estrés postraumático baja la confianza y crecen las barreras y alteraciones en la respuesta sexual, es más fuerte el temor a la mirada ajena que el daño causado, sobre todo si se maneja mal o no se denuncia.

Dificultades en la respuesta sexual

En este aspecto pueden haber causas orgánicas, pero la mayoría de los casos reaccionan a razones subjetivas ocultas que se manifiestan mediante ausencia de deseo, poca lubricación y excitación, dolor en el coito o anorgasmia.

Si las fallas se acumulan hay frustración, incomunicación y temor al fracaso. Este tipo de conflicto está relacionado con los demás y suele ser uno de sus síntomas más visibles.

Dependencia de la validación externa

Medir el valor propio por la capacidad de atraer o satisfacer a otros y la búsqueda constante de aprobación, lleva a parejas desequilibradas, con intentos de manipulación y chantaje, y también es un problema a resolver lo antes posible.

En general, la desigualdad entre sexualidad vivida y deseada provoca angustia de vivir sin autenticidad, creando un vacío emocional, insatisfacción crónica y pérdida de bienestar y vitalidad; en tanto, repercute en la salud física y mental y en la calidad de expresión de otros afectos.

Hay numerosos caminos para tratar esas dificultades, desde la terapia cognitiva hasta cambios en el estilo de vida, mediante herramientas aportadas por el yoga, las diversas escuelas de respiración y meditación, la lectura de malestares con biodecodificación y la programación neurolingüística.

Si te animas a conocerlas, súmate a un taller virtual y presencial que preparamos en Senti2Cuba, a finales de este mes, con ayuda de especialistas del Cenesex, la fundación El Arte de Vivir y otras colaboraciones. Escríbeme al 52164148 y te cuento detalles.

 

Comparte esta noticia