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Telenovelas de IA: el nuevo formato

Autor:

Alejandra Cuadras Marrero

Durante mucho tiempo, hacer una telenovela era montar un set, juntar un elenco, conseguir presupuesto y grabar durante meses. Había todo un equipo detrás de cada capítulo y una audiencia que esperaba sentada frente al televisor. Hoy, hay historias que se publican todos los días en redes, y que nacen de una computadora y una idea clara. El formato sigue vivo; lo que cambió por completo fue la vía para llegar a la pantalla chica.

El fenómeno tiene un nombre que todavía se discute: ¿telenovelas de IA? Se hacen con inteligencia artificial, se suben a YouTube, Instagram, TikTok o donde sea, y se consumen en pedazos, muchas veces desde el celular.

Los romances imposibles siguen ahí. También los dramas familiares, las intrigas, los secretos que explotan en el peor momento. Pero, ahora, el catálogo es mucho más amplio de lo que uno imaginaría. Hay telenovelas que respetan la fórmula de toda la vida, mientras hay otras que se animan a contar historias que la televisión tradicional casi nunca puso en el centro, mundos que rara vez llegaban a la pantalla chica. En varios casos, esto funciona casi como un proyecto para ocupar el espacio que la televisión dejó vacío, contar lo que no se contaba.

Hay un punto que suele quedar borroso cuando se habla del fenómeno de moda. La inteligencia artificial no escribe sola; por ahora, es solo una herramienta. Detrás de cada una de estas producciones hay alguien, o un equipo, que se pasó meses y meses planeando y desarrollando la historia obsesivamente. Hombres y mujeres piensan la trama, definen los personajes, dirigen, eligen las voces, deciden cuándo publicar y le responden a la audiencia. La IA entra después, para poner todo eso en marcha: acelera procesos, abarata costos y facilita tareas que antes eran lentas o caras. Pero la historia, con su principio y su final, ya estaba pensada mucho antes. Muchas veces son creadores independientes los que encuentran en estas herramientas una puerta de entrada más barata y sin los filtros de la industria de siempre.

Ese carácter híbrido —la tecnología como soporte, el trabajo humano como motor— explica en parte por qué estas telenovelas circulan tan naturalmente en redes. Son formatos cortos, serializados, pensados para el ritmo de las plataformas. Algunas, incluso, dejan que el espectador intervenga: elegir un final, sugerir un giro, comentar qué quiere ver después. La narrativa deja de ser algo cerrado y se vuelve más participativa.

Ahora, buena parte de estas producciones arrastra problemas que se ven a simple vista: errores de continuidad, personajes que cambian de cara entre escenas, voces que no coinciden con los labios, movimientos raros, escenarios que se repiten o que no terminan de encajar. En muchos casos, el resultado se siente artificial y el espectador lo nota.

No todo está al mismo nivel. Algunos trabajos tienen un acabado bastante más cuidado, con mejor coordinación visual y sonora. Otras se quedan en una etapa experimental que deja ver las costuras. Esa diferencia de calidad es parte del fenómeno y convive con él: no todas apuestan a lo mismo, ni tienen el mismo tiempo, equipo o herramientas.

De hoy en adelante, es probable que las historias se vuelvan más complejas y que la variedad de personajes y tramas sigan creciendo. Pero el rumbo no lo va a marcar la tecnología sola. Lo van a marcar las decisiones de quienes están detrás: qué historias eligen contar, a quién le hablan y cómo negocian con una herramienta que, por ahora, todavía necesita del Hombre pensante y actuante, de motivaciones humanas para tener algo que decir.

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