El karateca cubano tuvo su primera incursión internacional en la justa planetaria juvenil de Polonia. Autor: Tomada de su perfil en Facebook Publicado: 24/10/2026 | 07:27 am
Todavía se habla del esperanzador desempeño del karateca cubano Deivid Alejandro Pérez Valdés en el Campeonato Mundial WKF Cadete, Júnior y Sub-21 de la disciplina en Bielsko-Biała, Polonia, donde, como un llanero solitario entre más de 2000 atletas de alrededor de 114 naciones, el quinceañero completó un performance en el colchón que lo catapultó al lugar 14 del ranking del orbe en la categoría de kumité cadete masculino de la división de 63 kilogramos.
Deivid se despidió con el sabor amargo de rozar el podio universal y con la sensación de que «no hay un quinto lugar malo» en su primera experiencia internacional, en la que terminó con balance de tres victorias y dos derrotas (ante dos medallistas del mundial con más recorrido competitivo). Así culminó la actuación del jovencito en la fiesta del orbe con un resultado muy positivo: un primer paso en una carrera que apenas comienza y parece promisoria.
Tras un primer triunfo (5-2) ante el escocés Connor Mccluskey en un formato de eliminación directa, llegaría el segundo combate para él en el organigrama. Lo esperaba un atleta de Macedonia del Norte, más no un rival sencillo. Pero, ¿quién es Marko Djorlev? Segundo puesto del ranking mundial de la división en ese momento y sembrado pre-competencia.
A priori, casi ningún pronóstico se inclinaría por el cubano, quien cedió 10 por 6 frente al macedonio, a la postre, dueño y señor de la división en la lid planetaria, y ahora, el joven historia que dio a su país el primer título en estos torneos. El camino de Deivid en el repechaje lo llevaría a una pelea por el metal bronceado, pero antes derrotó al guatemalteco José Andrés García Montt (5-2) y al letonio Leones Akopovs.
Muy cerca estuvo de romper el maleficio de Cuba en estos certámenes, sin embargo, en el combate por uno de los dos bronces, cayó en una cerradísima pelea por la mínima (1-0) contra el panameño Ian Mata, quien hace unas semanas consiguió una plata en la parada de Guadalajara de la Liga Mundial Juvenil, y esta vez inauguró el medallero para la nación centroamericana con la primera presea de Panamá en campeonatos mundiales de la categoría.
Ahora bien, el caso de Deivid Alejandro, que reside en España, no puede ser una positiva excepción y debe transformarse en lo habitual. Cuba sigue con una deuda en estas justas, o más bien dos. Se ha hecho esquiva una presea: desde su creación en 1999, cuando estos torneos pensados para el desarrollo de los más jóvenes vieron su primera edición en Sofía, Bulgaria, nunca un karateca, en representación de la Mayor de las Antillas, ha ganado una medalla en el colchón.
El otro gran pendiente es buscar alternativas para llevar más exponentes de la preselección nacional a estos eventos, algo que requiere también su participación en los clasificatorios. En la actualidad, el deporte exige un constante intercambio con los rivales para impulsar el nivel, desarrollar técnicas y habilidades, y potenciar la toma de decisiones en combate. ¿Qué mejor torneo que los mundiales juveniles para beneficiar a los atletas que años después representarán al país en las grandes citas?
Se extrañan aquellos certámenes universales en los que los cubanos imponían condiciones. Y no lo digo porque nuestros karatecas carezcan de buenas notas. Todo lo contrario. En el 2026, cada vez que se han puesto los karateguis y han subido a un colchón internacional, han demostrado de lo que son capaces. Entonces, ¿hay talento? Muchísimo. ¿Hay trabajo de los entrenadores? Bastante. ¿Hay resultados concretos? Suficientes.
Ejemplos sobran, desde el rendimiento en el clasificatorio para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, la propia cita de la capital quisqueyana (un oro, tres platas y un bronce), el título de Eros David Hernández en la parada de Guadalajara de la Liga Juvenil, e incluso, si nos vamos unos meses atrás, el Panamericano de Monterrey, en mayo de 2025, con tres boletos conseguidos al pasado Mundial de este deporte.
Todo ello pese al entorno poco adecuado en el que transcurren sus preparaciones. Aunque sea llover sobre mojado, es la difícil realidad de los karatecas cubanos de la selección nacional. Sí o sí, debe ser parte de cualquier análisis sensato. Si queremos que regresen los ippones y los triunfos en los grandes escenarios, este deporte necesita más fogueo en justas de alto calibre. Es hora de darle más oportunidades competitivas y de desarrollo al karate-do cubano, una disciplina que casi nunca defrauda. El rendimiento de Deivid Alejandro en el Mundial Juvenil así lo ratifica.
