A la corta edad de 22 años, el entonces jovencito Raúl Castro participó en el asalto al Cuartel Moncada. Con total entrega, arrojo y valentía supo conducir a sus hombres. Luego, pasaría 22 meses en prisión sin claudicar una sola vez.
Desde muy temprano entendió que los destinos de la nación estaban en manos de las nuevas generaciones; esas que sueñan con tiempos mejores, que caminan hacia la esperanza y defienden, sobre todas las cosas, lo que creen más justo.
No hubo un solo día desde enero de 1959 que no confiara Raúl en los más jóvenes retoños de la Patria, que no dejara en sus manos las tareas más audaces, más comprometedoras, las más arriesgadas, a las que había que ponerles todo el corazón.
Por esa confianza demostrada fundó el Ejército Juvenil del Trabajo, cuya fuerza movilizadora y productiva todavía es muestra de cuánto se puede hacer por el desarrollo agrícola del país.
Y su impronta siempre ha tenido a las nuevas generaciones en el centro, incluso como continuadora de un proceso que atravesó momentos y figuras cruciales en la historia de Cuba como el Moncada, el desembarco del Granma, y los héroes y mártires de la clandestinidad.
En el acto por el aniversario 60 del Triunfo de la Revolución reconoció que esta no había envejecido: «(…) sigue siendo joven y no es una frase retórica, es una confirmación histórica, que desde los primeros momentos sus protagonistas fueron los jóvenes y así ha sido a lo largo de estas primeras seis décadas.
«El proceso revolucionario no está circunscripto a la vida biológica de quienes lo iniciaron, sino a la voluntad y el compromiso de los jóvenes que aseguran su continuidad. Las nuevas generaciones tienen el deber de garantizar que la Revolución Cubana sea por siempre una Revolución de jóvenes y, al mismo tiempo, una Revolución Socialista de los humildes por los humildes y para los humildes».
Esa idea suya persiste en su ideario, y lo hace de manera tranquila y serena, porque sabe haber formado a miles de cubanos que, como él, creen en la responsabilidad de construir el socialismo y con ello asegurar la independencia y la soberanía, como afirmara el 24 de febrero de 2013 en la sesión constitutiva de la Asamblea Nacional, que lo eligió como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Su sensibilidad hacia los niños, hacia las mujeres, su respeto hacia los oficiales, su capacidad para dialogar con cualquier persona, incluso con aquellas de diferente ideología y pensamiento, hacen del General de Ejército un estadista sin moldes ni esquemas, cuya máxima ha sido siempre la de «¡preservar por encima de todo! la unidad de todos los cubanos dignos».
«Raúl es Raúl» no es una consigna, no es eslogan, es convicción de que en él se integran cualidades únicas de un revolucionario que ha labrado la historia del suelo patrio por méritos propios y que no necesita más defensa que su propia moral, su estirpe de guerrillero, su firmeza inquebrantable ante el enemigo y su confianza absoluta en los jóvenes.