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Ni ciegos ni sordos

Las intervenciones en el Segmento de Alto Nivel del 81er. período de sesiones, en la ONU, han puesto los puntos sobre muchas íes. Así lo hizo este sábado el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, al asegurar que «la ley de la selva no puede ser el futuro de la humanidad»

Autor:

Marina Menéndez Quintero

 

Activo más allá de los pronunciamientos de principios, el segmento de alto nivel del 81er. período de sesiones de la Asamblea General de la ONU ha transcurrido poniendo el dedo en la llaga de los asuntos más peliagudos del acontecer mundial. Pese a la ausencia de mecanismos que forzaran la observancia por los poderosos de las normas y del hoy burlado Derecho Internacional, el foro más representativo de las naciones del planeta ha demostrado, mayoritariamente, valentía y honradez para condenar los crímenes que emergen de tantas arbitrariedades.

El orbe evidenció que le importa la forma en que la unipolaridad nos está amenazando a todos: desde el abucheo y la soledad en que quedó la sala para repudiar la política de Israel mediante el desprecio a su primer ministro,  Benjamin Netanyahu, y expresar su solidaridad con el pueblo palestino, pasando por el seguro sentimiento de disgusto que debió despertar en tantos el irrespetuoso discurso de Donald Trump, a quien la presencia de la mayoría de los representantes del orbe, lejos de desanimarlo por pudor, pareció entusiasmarle para proseguir amenazando a las naciones que no se rinden ante sus presiones.

Los discursos de ambos —Netanyahu y Trump—, constituyeron momentos de sombra que no lograron opacar el sabor a justicia que dejó la gallardía de un Lula ratificando que Brasil «no cabe en el traspatio» de nadie; el orgullo del presidente iraní, Masud Pezeshkian, cuando respondió a las amenazas de Trump y denunció los crímenes de Washington y Tel Aviv; o la sinceridad del jefe del Estado español Pedro Sánchez al referirse, entre las cosas que ha visto en sus ocho años de mandato, a la crueldad que «ya ni se inmuta al ver las costillas de un niño hambriento o un hospital reducido a escombros», en clara alusión a Gaza.

En esa misma cuerda, las muchas voces que se levantaron para denunciar el costo humano del recrudecido bloqueo a Cuba dieron muestra de decencia y de valor, porque es sabido que Washington sigue presionando para obtener las posiciones divergentes que no consigue entre quienes se mantienen incólumes ante el chantaje…

En ese caso pueden mencionarse las intervenciones de  los altos dignatarios de China, Rusia, Bahamas, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Lesotho, Sudáfrica, Guinea Bissau, Barbados, Brasil, Surinam, Angola, Viet Nam, Tanzania y México, nación esta que expresó la voluntad de seguir brindando la ayuda humanitaria que con tanto amor ha enviado al pueblo cubano; entre otros tantos oradores que han enfatizado en los daños humanos que causa el cerco energético y han exigido a EE. UU., además, la exclusión de Cuba de la falsa lista de países supuestamente promotores del terrorismo.

De modo simultáneo, la participación de la Isla en los diversos foros que han tenido lugar en el contexto de las sesiones de la Asamblea General, ha asegurado un lugar a la Mayor de las Antillas, cuya voz ha sido escuchada por intermedio de su ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, con el respeto y el prestigio que avalan las posturas cubanas y la coherencia de su política exterior. Nadie en el mundo se cree que Cuba sea una amenaza, como vocifera Washington para justificar el crimen que comete contra ella.

«Tenemos la convicción de que el rumbo actual de las relaciones internacionales, de irrespeto al Derecho Internacional, desacato a las Naciones Unidas, y de imposición de la voluntad unilateral del más poderoso sobre otros países, por vía de la intimidación y la coerción, es peligroso y es insostenible. La ley de la selva no puede ser el futuro de la humanidad», aseguró este sábado.

Al intervenir, el Canciller cubano, quien hizo alusión en su discurso a la vigencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el año de su centenario, denunció la agresión multidimensional del Gobierno de Estados Unidos contra nuestro país, intensificada desde enero de 2026 con el establecimiento de un bloqueo energético que, por vía de la intimidación y la coerción, prohíbe a todos los países la exportación de combustibles a Cuba, lo que equivale a un bloqueo naval, tipificado en el Derecho Internacional como un acto de guerra.

Ha habido estos días desde el podio de la Asamblea General, una mayoritaria defensa de la multipolaridad y el multilateralismo. La ONU, efectivamente, necesita de una reforma que le permita actuar por encima de los poderosos que se reservan el poder de veto. Pero el mundo no está, como a veces creemos, ni ciego ni sordo.

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