Pese a los intentos de la derecha hondureña de desacreditar a Libre, Rixi Moncada lidera las intenciones de voto de buena parte del electorado. Autor: Tomada de Terra Publicado: 29/11/2025 | 07:49 pm
A cuatro días de las elecciones generales que tendrán lugar este domingo en Honduras, se suponía que la veda para hacer campaña proselitista ya estaba en vigor.
Pero la norma ha sido habitual y válida para todos menos para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien, en un acto injerencista poco visto, usó su red Truth Social para amenazar que «no colaborará» con el país si son electos la candidata de Libre, Rixi Moncada, o Salvador Nasralla, quien en otros comicios fue parte de ese movimiento y compañero de fórmula de la actual mandataria Xiomara Castro, y ahora se presenta por el Partido Liberal.
Sus declaraciones buscan inclinar la balanza hacia el aspirante de la derecha Nasry Asfura, del Partido Nacional, un empresario de la construcción que fue diputado y alcalde en la capital, Tegucigalpa, y contra quien se presentaron solicitudes de juicio por denunciados actos de corrupción que no prosperaron.
Apenas en diciembre pasado, un tribunal declaró nulo todo lo investigado por el Ministerio Público y lo envió a la Corte Suprema de Justicia, señalaron medios de prensa.
Ese es el aspirante a quien Trump ha considerado que «defiende la democracia» y «único verdadero amigo de la libertad».
En una declaración que traspasa hasta el panorama hondureño las amenazas y peligros que su administración mantiene contra Venezuela, e involucra las acusaciones falsas contra su mandatario Nicolás Maduro, el jefe de la Casa Blanca se preguntó si «los narcoterroristas» también «tomarían el control» en Honduras, en alusión a un eventual triunfo de Moncada o Nasralla.
En un momento en que la falsa lucha contra las drogas proclamada por Washington mantiene los mares —y ahora también los cielos— del Caribe erizados de armas, tal aseveración constituye, más que una manipulación, un verdadero uso del miedo para mover el voto.
Su ilegal y abusiva interferencia en los comicios, hecha de manera tan desembozada, enfatiza el interés de EE. UU. en volver a domeñar a América Latina y el Caribe, como lo exhibe el inusitado cerco militar que erige en la zona y la guerra sin cuartel de su administración contra el progresismo, tildado de «comunismo», y al que castiga mediante bloqueos recrudecidos y sanciones. Por supuesto, en su mensaje también hubo alusiones a Cuba y Nicaragua.
Ello ocurre cuando, según los reportes locales, las encuestas no arrojan candidato triunfador seguro en la carrera por la presidencia, y solo Rixi, Nasralla y Asfura son vistos por los estudios de opinión con posibilidades de triunfo, entre un total de cinco candidatos.
Además se elegirán 298 alcaldes, 128 diputados al Congreso Nacional y 20 al Parlamento Centroamericano.
Libre, la síntesis de Libertad y Refundación, el partido en el Gobierno del que es aspirante Moncada, nació de la resistencia al golpe de Estado protagonizado por los gorilas hondureños a Manuel Zelaya, un político «atípico» del tradicional Partido Liberal que aspiraba a la justicia social, había integrado a su país al Alba —la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América—, y tenía el propósito de convocar a una Asamblea Constituyente que redactase una nueva Carta Magna para hacer más profundos, estructurales y duraderos los cambios en su nación.
Eso le costó que lo sacaran del poder en la madrugada del 28 de junio de 2009, horas antes de que se votara la posibilidad de la Constituyente en consulta popular.
La asonada fue respaldada por la derecha política hondureña, que luego se hizo del control; por las cúpulas empresariales que vieron sus negocios en peligro y, como se denunció después, por la Embajada de Estados Unidos.
La gestión de la presidenta saliente, Xiomara Castro, esposa de Zelaya y líder de Libre desde los tiempos de resistencia al legado del golpe, ha mantenido los mismos principios de lucha contra la pobreza en su país, aspecto en el que se ha anotado importantes avances, y similar vocación latinoamericanista.
Esos son los antecedentes por los cuales se sataniza a ese movimiento y a su aspirante Rixi Moncada, cuyo programa de gobierno, nombrado Democratización de la Economía 2026-2030, es descrito como un plan basado en la Constitución y los principios del socialismo democrático, con el objetivo de redistribuir el poder económico y fortalecer el Estado al servicio del pueblo hondureño, según Telesur.
Entre sus derroteros están el fortalecimiento de la empresa pública, regular desde el punto de vista tributario a los grandes monopolios y proteger a los pequeños productores, y ampliar la seguridad social a todos los trabajadores. Suficiente para que los poderosos de la vieja estructura terrateniente hondureña y oligárquica, sientan temor.
Durante la campaña, Moncada ha denunciado fallas de transmisión de datos durante un simulacro electoral previo, lo que comprometería la transparencia del voto, la integridad del Consejo Nacional Electoral, y evidenciaría una conspiración para vulnerar la voluntad popular en los comicios, según denunció.
Las declaraciones de Trump coronarían esos propósitos.
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