El comercio mundial está hoy sobre una cuerda floja. Autor: The Economist Publicado: 01/04/2025 | 08:27 pm
Esta si ha sido una guerra anunciada. Desde que llegó a la Casa Blanca por segunda ocasión, el pasado 20 de enero, el presidente de EE. UU. mostró lo que parece ser su principal arma para hacer de Estados Unidos el primero y más grande: la subida de los aranceles a cualquier producto, materia prima o servicio que llegue a su país, sin importar si son de sus socios, aliados, amigos o adversarios.
Los primeros en conocer los disparos fueron sus dos vecinos más cercanos y con quienes la poderosa nación norteña tiene un tratado de larga data, México y Canadá, e incluyó en los primeros avisos a China, la que ha sido caracterizada —incluso por el Pentágono actual— como la mayor amenaza a la seguridad estadounidense. Pero luego fueron apuntando a muchos otros países, sin olvidar a sus aliados europeos y asiáticos.
Este miércoles —que el autoritario jefe de Estado ha denominado sarcásticamente como «Día de la Liberación»—, después que cierre la Bolsa de Nueva York, dicen las informaciones provenientes de Washington, se darán a conocer las nuevas medidas «recíprocas» y de «aplicación inmediata», desde la idílica Rosaleda de la Casa Blanca, para «Make America Wealthy Again», es decir, «Hacer a EE. UU. rico de nuevo».
Por cierto, Wall Street también está tembloroso y en esta semana se afirma la Bolsa cerró su peor trimestre desde el año 2022, el índice Nasdaq se desplomó y también fueron tocados el Dow Jones y el S&P.
Pero del otro lado de sus fronteras, está la incertidumbre mayor, el mundo en alerta, a la expectativa, porque no sabe a ciencia cierta qué le tocará, según el informe que le ha presentado el secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien era más conocido hasta este 2025 como empresario multimillonario, presidente y consejero delegado de la compañía de servicios financieros, inversiones y financiación inmobiliaria Cantor Fitzgerald y BGC Partners.
La documentación incluye las barreras comerciales y fiscales que otras naciones imponen a los productos estadounidenses, y de lo que se deduce que Estados Unidos, que siempre ha hecho otro tanto, castigue con impuestos fiscales que van desde el 25 por ciento hasta montos superiores, a todo producto que entre en su territorio, sin importarle que esto derive en una elevación incontrolable de los precios al consumidor, una inflación desmesurada y la recesión consecuente. Lutnick, quien es además amigo de Trump, es un firme defensor de las políticas arancelarias.
El equipo multimillonario de Trump está dispuesto a reducir la deuda estadounidense y parece ser que consideran que las tarifas globales les ayudará a recaudar más de 6 billones de dólares para la sustentación del Gobierno.
Como es de suponer, esta guerra anunciada, esta afición trumpiana a negociar desde la fuerza mayor, tendrá respuestas… y probablemente víctimas de una y otra parte y no precisamente los millonarios; a no ser que dé otra marcha atrás, porque también se ha caracterizado por retroceder en algunas de las amenazas o dejarlas en suspenso por un tiempo.
Pero el comercio mundial está hoy sobre una cuerda floja y los países llamados emergentes —ojo, los BRICS entre ellos—, podrán mostrar o su fortaleza nacional defendiendo sus intereses o plegarse al matón del orbe. Los pobres y explotados de siempre, pase lo que pase, no tienen ni siquiera una telaraña como red de protección.
Por lo visto, el ejecutivo estadounidense quiere lograr preferencias arancelarias en las políticas comerciales respecto a las potencias que le hacen competencia natural, como son Europa, China, India, Japón, Corea del Sur, entre otros. Y como vemos ahí abundan los amigos y un «adversario» que se le ha ido por delante en demasiados terrenos y al que quisiera derrotar en todos, incluido el militar, Beijing.
Esta semana será de muchas tensiones para productores de alimentos, automóviles, tecnologías de avanzada, aluminio y acero, hidrocarburos, materias primas de todo tipo, electrodomésticos, etcétera, etcétera, etcétea… La inflación recorrerá el mundo como catastrófico tsunami. Ni siquiera se salvarán los propios estadounidenses que no han despertado todavía del hipnotismo que los llevó a votar por este presidente, quien además amenaza a la Constitución y pretende volverse a presentar en las elecciones de 2028.
Tengamos algo claro, los aranceles son práctica común de los países, están previstos en las normas de la Organización Mundial del Comercio y más de 160 países los aplican, pero eso, dentro de la lógica protección de sus propias producciones y sin apuntar a condiciones políticas, garantía del libre comercio. Trump va a introducir una piedra en los zapatos de muchos, y son muy pocos los que aguantan una piedra en el zapato.
México está a la espera, pero su presidenta dice que están preparados para enfrentar lo que se viene; la Unión Europea alzó la voz ante las nuevas barreras comerciales y las llama una política «errónea»; una interesante reunión de Ministros de Comercio acaban de tener China, Japón y Corea del Sur, donde acordaron reforzar lazos comerciales ante los aranceles Trump.
Los riesgos son para todos. Las informaciones de medios especializados hablan de la inquietud de los inversores, de la caída del valor de las acciones y hasta de la actividad en las fábricas. Aunque también hablan de quiénes serán los futuros ganadores en esta contienda. Ya veremos.