El parto, las relaciones coitales forzadas y otros manejos inadecuados producen lesiones en las mujeres que afectan su salud sexual y merecen atención clínica
Cuida tu cuerpo. Es el único sitio que tienes para vivir.
Jim Rohn, escritor y orador.
Una joven escribe a esta sección preocupada por su salud sexual. Empezó hace poco a tener relaciones coitales y siente que cada vez es más doloroso. Su doctora le diagnosticó un desgarro vaginal y le sugirió reposo, pero su pareja cree que es innecesario e insiste en penetrarla asiduamente.
¿Qué consecuencias puede tener a largo plazo?, pregunta ella, y aunque le preocupan las secuelas físicas, no está de más que piense también en las sicológicas, porque un hombre que antepone el placer propio y menosprecia el malestar de ella es cuestionable en sus sentimientos y actitud.
El desgarro vaginal es una rotura traumática de la mucosa y la submucosa de las paredes de la vagina. Es más frecuente durante el parto, pero también lo causan el sexo forzado, el uso inadecuado de los dedos u objetos y el exceso de fricción típico de los comienzos de una relación pasional, que también provoca la llamada vaginitis de la luna de miel.
Si el daño resulta sostenido, puede afectar tejidos paravaginales y otras estructuras vecinas, como la uretra, el recto o los vasos vaginales.
Cuando las mujeres se excitan, sus vaginas secretan un fluido que lubrica las paredes vaginales, usualmente elásticas. Si faltan caricias preliminares y el coito inicia en seco es lógico esperar dolor, incomodidad y heridas, a veces graves.
Algunas solo perciben la molestia durante el contacto con su pareja porque el semen y las posturas tensas pueden irritarla más, pero el daño está ahí, silencioso, intentando sanar.
La menopausia, la sequedad vaginal, el uso de corticoides o radioquímica, los cambios hormonales y algunas alergias aumentan el riesgo de desgarro. También se han estudiado problemas crónicos de la piel (psoriasis, dermatitis, eczema) que provocan adelgazamiento del tejido en la vulva y vagina.
Una causa no despreciable es de origen sicológico: los antecedentes de abuso sexual crean una respuesta involuntaria de «cierre», y a la mujer le cuesta mucho relajarse. Forzar el encuentro solo agrava ese trauma.
El parto constituye la causa más común de desgarros por factores no controlados. Estas lesiones pueden situarse en cualquiera de las paredes del conducto. La más frecuente es la posterior porque la cabeza fetal empuja en esa dirección al final del proceso expulsivo. También se asocian a lesiones perineales y pueden extenderse hacia el tejido ano-vulvar.
Cuando la herida es en la pared anterior, responde a partos de fetos macrosómicos o expulsiones rápidas. Por la proximidad a la uretra esta puede afectarse. Los daños en las paredes laterales suelen ocurrir en partos instrumentales y se asocian a sangrado abundante de las ramas de la arteria vaginal. Los desgarros en el fondo del saco son poco frecuentes, pero graves, porque comunican con la cavidad peritoneal y es preciso cerrarlos cuidadosamente.
Fuera del contexto obstétrico, estas lesiones también son de cuidar. En mujeres posmenopáusicas, la atrofia vaginal reduce su elasticidad y aumenta el riesgo de microlesiones, incluso en coitos no traumáticos.
En otras edades, las penetraciones forzadas, los accidentes durante la depilación o con objetos punzantes y los traumatismos a horcajadas pueden causar daños ginecológicos. Su tratamiento debe tener en cuenta la profilaxis infecciosa y, cuando procede, la denuncia legal de los responsables.
Las laceraciones superficiales suelen curarse en pocos días con el debido reposo. Se recomienda lavar la zona con agua tibia y evitar jabones u otro producto perfumado que altere el pH vaginal. Para cubrirla, la zona debe estar seca y es mejor usar ropa interior de algodón.
Si las heridas son profundas y persistentes, acuda lo más pronto posible a la consulta de ginecología. Se sugiere usar agua esterilizada durante la cicatrización y compresas para mantener la herida limpia (mejor de tela o gasa, no íntimas con químicos).
Si esas laceraciones fueron causadas por una agresión le recomendamos, con prontitud, descartar infecciones y pedir ayuda sicológica para manejar el conflicto.
En todos los casos, deben suspenderse las penetraciones y juegos antes de cicatrizar para no recaer o atraer infecciones. Aunque no sean visibles, estas heridas se acompañan de ardor, picazón, sangrado o hinchazón.
La mejor forma de prevenir desgarros es aumentar la lubricación vaginal, ya sean tus fluidos naturales (con caricias y actos excitantes) o lubricantes fabricados a base de agua (no aceites), que no alteran el pH vaginal ni irritan la piel o dañan los condones. También ayuda elegir posturas más cómodas, porque un simple cambio de ángulo protege el área susceptible y mejora la experiencia.
Si experimentas algunas de estas situaciones, no vivas con vergüenza ni soportes estas molestias en silencio. Tu cuerpo es tuyo, también tu derecho a cuidar de él. Si tu pareja no lo entiende, que se cuestione él mismo: su técnica amorosa y su amor por ti dejan mucho que desear.