Desde hace cuatro décadas, el 28 de mayo fue nombrado Día Internacional de la Salud para las Mujeres, una jornada dedicada a concienciar sobre un sin número de enfermedades y padecimientos muchas veces prevenibles.
Su origen se remonta a 1987, durante la celebración de la primera asamblea de la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Sexuales y Reproductivos, donde se habló de las principales dolencias que afectan al 50 por ciento de la población mundial, y en especial la mortalidad materna.
Aún en este siglo de gran desarrollo tecnológico, no es ocioso alertar del cuidado de las mujeres y las niñas, no solo porque es un derecho humano reconocido, sino también porque su salud es un pilar para la prosperidad a nivel de los hogares, comunidades y naciones.
En principio, este asunto queda claro para casi todos los Gobiernos y sistemas de leyes, pero atentan contra su logro no pocos factores económicos y socioculturales, que incrementan sus vulnerabilidades en todas las edades, según afirma la Organización Mundial de la Salud.
El acceso restringido a servicios de salud, los patrones de alimentación y educación que priorizan a los hijos varones y los múltiples escenarios de pobreza, desigualdad, violencia y discriminación o excusión social, ya sea por religión, raza o preferencia sexual son flagelos contra la salud femenina. Ante tal realidad, una campaña integral busca crear alianzas, generalizar buenas prácticas y multiplicar saberes para proteger a mujeres y niñas de todo el planeta.