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Una cura para la desidia universal

Según un reciente informe de agencias especializadas de Naciones Unidas, los progresos en materia de vacunación no pueden ocultar los grandes desafíos de las instituciones sanitarias para garantizar la inmunización plena de los ciudadanos

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

 

En un mundo cada vez más incierto por los conflictos geopolíticos y las crisis medioambientales asociadas al cambio climático, no deja de ser alentadora la publicación de un comunicado común del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el estado de la vacunación infantil en el planeta. En efecto, según el documento divulgado este 15 de julio desde las sedes de las agencias en Ginebra y Nueva York, durante 2025 al menos 116 millones de infantes recibieron una dosis para evitar los efectos de la difteria, el tétanos y la tos ferina e, incluso, 110 millones de ellos recibieron las tres dosis recomendadas por las instituciones sanitarias internacionales.

En efecto, de acuerdo con las evidencias del Informe Estimates of National Immunization Coverages (WUENIC) se estima haber reducido en más de 750 000 la cantidad de niños «cero dosis» en comparación al año precedente. A pesar de este progreso apreciable, los índices de vacunación no han mejorado los ya existentes durante el período prepandémico en 2019, por lo que continúa siendo un motivo de preocupación los más de 13 millones de niños que aun no han sido vacunados durante su primer año de vida.

Según el informe de la Unicef y la OMS, las acciones más efectivas en este proceso de inmunización de la población infantil se han logrado en las naciones adscritas a la Global Alliance for Vaccines and Inmunization (GAVI), iniciativa creada en el año 2000 que se ha beneficiado del respaldo técnico-logístico de las agencias de Naciones Unidas, y de profusas donaciones del sector privado.  

Ciertamente, de acuerdo con los datos recopilados por el WUENIC en 195 naciones, en casi un centenar de países se ha alcanzado el 90 por cierto de cobertura de vacunación para prevenir infecciones de difteria, tétanos y tos ferina; situación que contrasta con Estados nacionales y territorios en los que se han registrado progresos ínfimos e, incluso, se ha declarado la situación de fragilidad sanitaria asociado a conflictos geopolíticos o agravamiento de los índices de desarrollo humano. En efecto, en apenas nueve países se concentran más de la mitad de los niños «cero dosis» a escala planetaria, muchos de ellos con endebles sistemas sanitarios como Nigeria, Yemen y la República Democrática del Congo.

El WUENIC ha puesto también en evidencia la disminución de los fondos internacionales destinados a la vacunación y el agravamiento de la situación sociopolítica, que ha provocado el empeoramiento de los índices de vacunación en naciones como Siria, Somalia y Yemen. También el informe ha llamado la atención en casos como los de Sudáfrica y Bosnia Herzegovina, en los que inconsistentes compromisos políticos, dificultades estructurales y reticencias sociales en torno a la vacunación, ha hecho recular los índices de inmunización en 20 y 23 por ciento, respectivamente.

Si bien los progresos en materia de vacunación infantil han sido reconocidos por el propio director general de la OMS Tedros, Adhanom Ghebreyesus —sobre todo a partir del impulso de campañas como GAVI y el incremento de los niveles de confianza de la opinión pública sobre la efectividad de las vacunas—, gracias a los cuales se ha disminuido en un cuarto de siglo hasta un 40 por ciento a los infantes «cero dosis»; según el funcionario internacional etíope no deben descuidarse los recursos, los compromisos de financiamiento y las alianzas para garantizar tanto la salud como el bienestar de millones de niños en el planeta.

Los desafíos vigentes a escala mundial para mantener los niveles históricos de vacunación también han sido evocados por la directora ejecutiva de la GAVI Sania Nishtar, quien en declaraciones recientes al portal de la OMS valoró la importancia estratégica del Programa mundial para la vacunación hacia el 2030. Para la cardióloga y parlamentaria paquistaní, el venidero quinquenio será decisivo para incrementar el número de infantes beneficiarios de las vacunas, en un contexto global impactado por las restricciones presupuestarias, los conflictos geopolíticos y la propagación de las epidemias.

En dicho Programa mundial donde confluyen los esfuerzos de la UNICEF, la OMS y la GAVI, está previsto el despliegue de las buenas prácticas con las que se ha consolidado el prestigio de las agencias de Naciones Unidas, como priorizar la vacunación en las zonas vulnerables y en los territorios en conflicto; esclarecer las informaciones falsas o sensacionalistas que pululan en las redes digitales sobre las vacunas; articular los presupuestos nacionales en materia sanitaria con los fondos internacionales consagrados a la inmunización de menores; y crear bases de datos sobre las enfermedades más letales para potenciar el impacto de los programas de vacunación.

Lamentablemente, la disminución drástica de los fondos de ayuda al desarrollo casi siempre afecta la cobertura universal a la vacunación, un hecho que se manifiesta con particular crudeza una vez que los infantes alcanzan la edad adulta. Más allá, praxis relacionadas con la rentabilidad a ultranza o la filantropía epidérmica, la inmunización de las venideras generaciones debe ser un tema de interés primordial para la sociedad planetaria.

 

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