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Hawkins vuelve a congelarse (+Video)

La segunda temporada de Stranger Things: Relatos del 85 recupera el espíritu de las aventuras juveniles de los años 80, y también expone las dificultades de Netflix para prolongar un universo cuya mayor virtud siempre estuvo en sus personajes

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Hay pueblos a los que uno regresa por sus recuerdos y otros de los que convendría mantenerse alejado. Hawkins pertenece a la segunda categoría. Allí, una partida de calabozos y dragones puede terminar convertida en una pesadilla, una visita al laboratorio equivocado altera la vida de una comunidad y hasta una jornada de nieve esconde amenazas que ningún adulto parece dispuesto a reconocer a tiempo.

Sin embargo, los muchachos vuelven. Y nosotros, espectadores, también. La segunda temporada de Stranger Things: Relatos del 85 (Stranger Things: Tales from '85), estrenada en Netflix el 17 de septiembre último, devuelve al grupo de jóvenes investigadores a un Hawkins invernal, donde las apariciones fantasmales y unas criaturas extrañas interrumpen la relativa tranquilidad que siguió a sus anteriores aventuras. La celebración de San Valentín se aproxima, pero el pueblo vuelve a demostrar que sus habitantes tienen motivos de sobra para desconfiar de cualquier aparente normalidad.

La serie animada transcurre entre la segunda y la tercera temporadas de la producción original, durante el invierno de 1985. Conviene distinguirla de Stranger Things 2, la segunda temporada de la ficción de acción real que Netflix estrenó en octubre de 2017 y que situaba a sus protagonistas en el otoño de 1984. No hablamos, por tanto, de una continuación de aquella temporada, sino de una historia paralela que aprovecha el espacio que la cronología dejó sin explorar.

Una aventura familiar con problemas nuevos

La apuesta de Eric Robles, responsable creativo de esta producción, consiste en recuperar una escala narrativa más cercana a las aventuras juveniles que alimentaron la serie original. Los chicos vuelven a investigar fenómenos que los adultos no comprenden, comparten secretos, se enfrentan a criaturas que desafían cualquier explicación razonable y convierten la amistad en su primera línea de defensa. Los hermanos Duffer, creadores de la serie original, participan como productores ejecutivos, pero la animación permite que el universo adopte otro lenguaje y explore situaciones que no necesitan ocupar el centro de la historia principal.

La segunda temporada introduce una nueva amenaza a partir de apariciones espectrales y criaturas que alteran la vida del pueblo. El Club de Investigadores de Hawkins vuelve a funcionar como núcleo de la aventura, mientras la cercanía de San Valentín abre espacio para las inquietudes sentimentales y las pequeñas rivalidades propias de la adolescencia. La mezcla de misterio sobrenatural, humor juvenil y vida cotidiana mantiene la identidad de la franquicia.

En esa combinación reside uno de los atractivos de Relatos del 85. El terror no necesita destruir una ciudad entera para resultar eficaz. A veces basta con que algo se mueva bajo la nieve, una presencia inexplicable interrumpa una jornada escolar o una criatura obligue a los protagonistas a poner a prueba su ingenio. El peligro funciona mejor cuando amenaza un espacio reconocible: el barrio, el colegio, el lugar donde los amigos se reúnen para jugar.

La animación también ofrece una oportunidad para ensanchar el público de Stranger Things. El medio remite a las series que acompañaban las mañanas televisivas de los años 80, aunque la producción recurre a imágenes generadas por computadora en lugar de reproducir al pie de la letra el dibujo tradicional de aquella época.

Pero la evocación no equivale a una reproducción exacta del pasado. La serie selecciona sus recuerdos: las máquinas recreativas, las bicicletas, los juegos de mesa, la música y la camaradería. Deja en segundo plano buena parte de las dificultades materiales y sociales de aquella década. El resultado no pretende reconstruir la vida cotidiana de Estados Unidos en 1985 con rigor documental; construye una versión reconocible y amable de los recuerdos que el audiovisual ha convertido en patrimonio popular.

Ese mecanismo explica una parte del éxito de la franquicia. Para quienes vivieron aquella época, los objetos y sonidos activan la memoria. Para los espectadores más jóvenes, representan un mundo extraño, anterior a los teléfonos inteligentes y a la conexión permanente. El pasado funciona como producto cultural: una época empaquetada para que distintas generaciones puedan consumirla desde el presente.

El problema de regresar siempre al mismo lugar

La nostalgia, sin embargo, tiene sus límites. Cuando una ficción vuelve una y otra vez a los mismos códigos, corre el riesgo de transformar sus hallazgos en una fórmula. Los niños ingeniosos, los adultos que ocultan información, los experimentos secretos y las criaturas de otra dimensión conservan su capacidad de atraer, pero necesitan algo más que variaciones de una amenaza conocida para justificar nuevas temporadas.

Acaso es la causa de que esta segunda temporada haya tenido una recepción algo tibia, con opiniones divididas entre el público, un desacuerdo interesante porque apunta a un problema que va más allá de esta producción: ¿cuánto puede expandirse una historia antes de que su universo empiece a repetirse?

La primera Stranger Things encontró buena parte de su fuerza en el equilibrio entre lo extraordinario y lo cotidiano. El misterio del Mundo del Revés convivía con el duelo, el miedo al rechazo, los conflictos familiares y el descubrimiento de la adolescencia. Los monstruos importaban, pero también las personas que debían aprender a convivir con ellos. En la serie animada, la aventura conserva el protagonismo; el desafío consiste en lograr que cada nuevo episodio aporte algo a los personajes y no se limite a prolongar la persecución.

La expansión también responde a la lógica de una industria que procura mantener activas sus propiedades más reconocibles. Netflix anunció la renovación de Relatos del 85 en abril, antes del estreno de la segunda temporada. La plataforma explicó que la producción había alcanzado el séptimo puesto de su lista de títulos más vistos y la situó entre los estrenos de series animadas con mejores resultados de su catálogo. Esos datos ayudan a entender la decisión empresarial, aunque la popularidad no garantiza por sí sola la necesidad artística de continuar una historia.

El asunto merece atención. Una franquicia puede generar nuevas series, ampliar su audiencia y mantener vivo el interés por sus personajes. También puede convertir cada rincón de su cronología en una oportunidad comercial. La diferencia entre ambas cosas depende, en buena medida, de la imaginación con que los creadores afronten cada regreso.

En Relatos del 85, el desafío consiste en demostrar que todavía quedan historias interesantes entre los acontecimientos que ya conocemos. La serie dispone de personajes queridos, una mitología reconocible y un escenario que admite nuevas exploraciones. Lo que necesita es convertir esas ventajas en algo más que una sucesión de aventuras familiares.

No hace falta que cada amenaza supere a la anterior, que cada criatura sea más aterradora ni que cada misterio conduzca a una revelación capaz de cambiar el universo entero. A veces, una buena historia necesita justamente lo contrario: detenerse, escuchar a sus personajes y descubrir qué les ocurre cuando el peligro deja de ocupar el centro de sus vidas.

Hawkins conserva su encanto porque sus habitantes nunca fueron simples piezas de un juego sobrenatural. Eran muchachos que buscaban su lugar en el mundo, familias que intentaban recomponerse y personas obligadas a enfrentarse a aquello que no podían explicar. Los monstruos daban forma a sus temores; la amistad, el afecto y la solidaridad les permitían seguir adelante.

La segunda temporada de Stranger Things: Relatos del 85 vuelve a ese territorio con una animación atractiva y una aventura que prolonga el imaginario de la serie original. Queda por ver si sus próximos pasos conseguirán profundizar en ese legado o si la nostalgia terminará convertida en una maquinaria que reproduce sus propias fórmulas.

Tráiler de la temporada 2 de Stranger Things: Relatos del 85

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