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Un hongo en gatos pone en alerta a Sudamérica

Desde Brasil hasta Uruguay, el Sporothrix brasiliensis ha extendido una enfermedad capaz de pasar de los gatos a los humanos. Miles de felinos han muerto, más de 11 000 personas han resultado infectadas, y los científicos observan con preocupación una expansión que ya cruzó fronteras y amenaza con llegar a nuevos continentes

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Durante décadas, la esporotricosis fue conocida como la «enfermedad del jardinero». El diagnóstico solía aparecer después de una espina clavada en la mano, una herida provocada por plantas o el contacto con tierra contaminada. Era una infección molesta, pero bastante predecible.

Ahora, en barrios urbanos de Brasil, clínicas veterinarias de Chile y hogares de Uruguay, los investigadores siguen el rastro de un enemigo microscópico, que encontró una nueva vía para propagarse: los gatos. El responsable se llama Sporothrix brasiliensis, un hongo considerado el más agresivo de su grupo, y protagonista de uno de los brotes zoonóticos más importantes registrados, en América del Sur, durante los últimos años.

La preocupación ya no se limita a los especialistas en enfermedades infecciosas. Veterinarios, epidemiólogos y autoridades sanitarias observan una expansión sostenida, que comenzó en Brasil durante la década de 1990 y que hoy alcanza a varios países de la región. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 11 000 casos humanos asociados a esta especie han sido notificados en los últimos diez años, principalmente en territorio brasileño.

En este junio, durante la reunión científica ASM Microbe, celebrada en Estados Unidos, el micólogo Shawn Lockhart, asesor principal de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), lanzó una advertencia, que llamó la atención de la comunidad científica: la llegada del hongo a ese país es «solo cuestión de tiempo». Y esa alarma puede servir para todos.

Un organismo con dos rostros

La peligrosidad de Sporothrix brasiliensis comienza con una característica biológica singular. Se trata de un hongo dimórfico. En el ambiente, a temperaturas cercanas a los 25 grados Celsius, crece como un moho filamentoso. Dentro del organismo de un mamífero, donde la temperatura ronda los 37 grados, cambia de forma, y adopta la estructura de una levadura, capaz de multiplicarse en los tejidos.

Esa mutación constituye una de las claves de su éxito biológico. Le permite sobrevivir en el entorno y, al mismo tiempo, adaptarse al interior de animales y personas.

Aunque pertenece al mismo género que Sporothrix schenckii, responsable histórico de la esporotricosis clásica, la variante brasileña desarrolló una capacidad de transmisión mucho más eficiente entre mamíferos, en especial entre gatos, según ha determinado la ciencia.

Por eso, los felinos ocupan un lugar central en esta historia. Los animales infectados desarrollan úlceras, nódulos cutáneos, inflamación de ganglios y lesiones alrededor de la nariz, la boca y las patas. En muchos casos, aparecen costras extensas, heridas abiertas y zonas sin pelo. Si no reciben tratamiento antifúngico, la infección puede avanzar hacia el aparato respiratorio y extenderse por todo el organismo.

La OMS señala que los arañazos constituyen una de las formas más frecuentes de transmisión a humanos. También existe riesgo mediante mordeduras, contacto con secreciones procedentes de las lesiones y exposición a fluidos contaminados.

Los gatos callejeros representan un desafío adicional. Recorren grandes áreas, participan en peleas territoriales y mantienen contacto con numerosos animales. En ese proceso pueden transportar enormes cantidades del hongo, antes de que alguien detecte los primeros síntomas.

Para los especialistas, esta dinámica explica parte de la rápida expansión observada en varias ciudades sudamericanas.

Sporothrix brasiliensis. Imagen tomada de Yahoo.com

La enfermedad salta a las personas

En humanos, la infección suele comenzar con una lesión discreta. Entre una y 12 semanas, después del contacto, aparece un pequeño bulto rojizo o violáceo. Con el paso del tiempo, surgen nuevas lesiones que pueden ulcerarse y avanzar, siguiendo el trayecto de los vasos linfáticos, una característica tan distintiva que los médicos la describen como patrón esporotricoide.

Las manifestaciones más frecuentes afectan la piel y el tejido subcutáneo. Sin embargo, los casos graves pueden involucrar articulaciones, pulmones, sistema nervioso central y otros órganos.

La OMS advierte que, aunque la enfermedad suele ser tratable, puede adquirir formas severas en personas inmunodeprimidas. En circunstancias poco comunes provoca meningitis, artritis o infecciones respiratorias potencialmente mortales.

A las consecuencias médicas se suma otro problema menos visible. Las lesiones suelen ser dolorosas, persistentes y llamativas. En comunidades pequeñas, esa apariencia genera estigma social y afecta la vida cotidiana de los pacientes.

Brasil, el origen de una expansión regional

La primera gran señal de alarma apareció en Brasil. Desde los años 90, el país registra un brote continuo, que los especialistas describen como uno de los mayores eventos de transmisión zoonótica asociados a hongos. Miles de gatos han enfermado y muerto, mientras los casos humanos continúan acumulándose.

Con el tiempo, el problema dejó de ser exclusivamente brasileño. Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay reportaron la presencia del patógeno. En Chile, investigadores documentaron este año un caso de esporotricosis zoonótica en un veterinario, una evidencia de los riesgos profesionales asociados al contacto con animales infectados.

La situación uruguaya despertó especial atención. El 25 de febrero último, el Instituto de Higiene de la Universidad de la República confirmó la detección de Sporothrix brasiliensis, por vez primera, en el pequeño país. El hallazgo surgió a partir de una investigación sobre un brote intrafamiliar, ocurrido durante 2025, vinculado con la adopción de un gato procedente de Brasil.

Sin embargo, los investigadores encontraron algo más inquietante. También identificaron felinos enfermos en los departamentos de Maldonado y Rocha, sin relación epidemiológica con el caso inicial, una señal de que el hongo ya circulaba dentro del territorio uruguayo.

Hasta hace poco, la atención se concentraba en gatos y perros. Nuevas investigaciones ampliaron el panorama.

Un estudio divulgado este año detectó especies del género Sporothrix, incluida Sporothrix brasiliensis, en órganos internos de animales silvestres. Los resultados sugieren que ciertas poblaciones de fauna podrían actuar como reservorios naturales del hongo, un escenario que complica las estrategias de control y vigilancia.

La posibilidad de que el microorganismo circule fuera de los entornos urbanos introduce nuevas preguntas sobre su comportamiento ecológico y las rutas que podría utilizar para expandirse hacia otras regiones.

El desafío de diagnosticar y tratar

El diagnóstico de la esporotricosis exige pruebas de laboratorio. Los especialistas recurren a microscopía, estudios histopatológicos y cultivos fúngicos. Las técnicas moleculares ofrecen mayor precisión, aunque todavía no se encuentran disponibles en muchos sistemas sanitarios.

La buena noticia es que existen tratamientos eficaces. No obstante, las variantes asociadas a Sporothrix brasiliensis suelen requerir tratamientos prolongados que pueden extenderse entre tres y cuatro meses. Ese requisito plantea dificultades económicas y logísticas, sobre todo cuando se trata de animales callejeros o de familias con recursos limitados.

Una sola salud para un solo problema

La expansión de Sporothrix brasiliensis encaja de forma precisa en el concepto conocido como Una sola salud, una estrategia que reconoce la conexión entre la salud humana, animal y ambiental.

Controlar el brote exige vigilancia epidemiológica coordinada, cooperación entre médicos y veterinarios, programas de atención para animales infectados y campañas de educación pública. La propia OMS considera prioritaria la contención de la esporotricosis asociada a gatos, en América del Sur.

El caso demuestra que las enfermedades emergentes no siempre llegan desde escenarios exóticos o remotos. A veces aparecen en el hogar, junto a una mascota enferma que busca refugio.

Mientras los científicos intentan comprender hasta dónde puede llegar este hongo, la región enfrenta un desafío que trasciende las fronteras nacionales. Lo que comenzó hace tres décadas en Brasil ya forma parte del mapa sanitario sudamericano. Y, según advierten los especialistas, el próximo capítulo de esta historia aún está por escribirse.

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