Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un paso más hacia la responsabilidad

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

 

Rosalba tiene ya un hijo y espera el segundo, con poco tiempo de gestación. Es joven, saludable y está feliz por el crecimiento de su familia. Sin embargo, cuando comentó, en medio de un debate grupal, que le había sugerido a su pareja que procediera a realizarse una vasectomía, se expusieron diversos criterios. Las mujeres presentes, en total acuerdo con ella. Los hombres, en coherencia con el «machismo ancestral»: Ni locos, dijeron. Ella, recordando las palabras de su esposo: Eso es cosa de mujeres, como ha sido toda la vida.

En la sociedad actual, en la que tanto se lucha por lograr la igualdad de género, es esencial replantear la responsabilidad en el ámbito de la planificación familiar. Tradicionalmente, las mujeres han asumido la misión de evitar un embarazo, a través de distintos métodos anticonceptivos como pastillas, dispositivos intrauterinos y hasta cirugías complejas como la ligadura de trompas. Sin embargo, la vasectomía es una alternativa masculina, sencilla, segura y efectiva que merece mayor atención y aceptación.

Este procedimiento quirúrgico ambulatorio consiste en cortar o bloquear los conductos deferentes, lo que impide el paso de los espermatozoides durante la eyaculación. Tiene una tasa de éxito superior al 99 por ciento, es poco invasivo, y no afecta las hormonas ni la función sexual del hombre.

A diferencia de la ligadura de trompas, el tiempo de recuperación es corto y las complicaciones son mínimas, por lo cual es una opción eficaz de planificación a largo plazo.

A pesar de estos beneficios evidentes, la vasectomía sigue siendo estigmatizada y poco utilizada. Según estudios recientes, solo alrededor del cinco por ciento de los hombres en muchos países optan por esta intervención. ¿Por qué? Coexisten mitos y desinformación sobre sus efectos y, sobre todo, persisten barreras culturales que le asignan a la mujer la mayor responsabilidad en el control reproductivo.

La resistencia al uso de la vasectomía también tiene raíces en estereotipos masculinos y tabúes sobre la virilidad. Desmontar estas creencias es fundamental para avanzar hacia un modelo de masculinidad saludable, que valore la responsabilidad y el cuidado mutuo. La decisión consciente de someterse a este procedimiento es un acto de madurez y compromiso, no una pérdida de identidad.

Pienso que los hombres deben reflexionar sobre este tema y asumir un papel más activo y equitativo. También deben asumirlo así las mujeres, quienes, en su rol de madres, educan a sus hijos en conductas que, en su mayoría, son  opuestas al respecto, porque a ellas igualmente se les ha inculcado que es su deber, sin derecho a réplica.

La planificación familiar no debe ser una tarea exclusiva de las mujeres ni mucho menos una carga que repercuta en su salud física y emocional. Compartir esta responsabilidad fortalece la relación de pareja y contribuye a una sociedad más justa, donde ambos miembros colaboran para decidir cuándo y cómo formar una familia.

Además, la vasectomía puede ser una solución definitiva para quienes ya han completado su proyecto familiar, evitando embarazos no deseados y brindando tranquilidad a la pareja. Su reversibilidad, aunque no está garantizada en todos los casos, ofrece una esperanza adicional para aquellos que cambien de opinión en el futuro.

Invito a las parejas a conversar sobre el tema, a los hombres a informarse, superar prejuicios y asumir su cuota en la planificación familiar. Ustedes pueden contribuir activamente a la salud reproductiva de sus parejas y a la construcción de familias planificadas y felices. La vasectomía está ahí, disponible y accesible; solo es cuestión de dar ese importante paso hacia la corresponsabilidad.

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