Ramón Arroyo Suárez jamás manchó sus manos de sangre y tuvo un sentido rudimentario de la justicia social: lo que robaba a los ricos lo repartía entre los pobres con la generosidad de un millonario loco.
Ramón Arroyo Suárez jamás manchó sus manos de sangre y tuvo un sentido rudimentario de la justicia social: lo que robaba a los ricos lo repartía entre los pobres con la generosidad de un millonario loco.