Fuerzas estadounidenses en la base aérea de Fairford, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán. Autor: Reuters Publicado: 29/07/2026 | 11:37 pm
Son republicanos los senadores que le están advirtiendo a Trump que disminuye la confianza en las capacidades del secretario de Guerra, Pete Hegseth. El motivo es evidente, la guerra contra Irán cumple cinco meses este 28 de julio, cuando se les dijo a los estadounidenses, y a estos senadores, que el poderío militar de EE. UU. terminaría con la nación persa cuando más en seis semanas.
No se le ve final alguno al conflicto iniciado en contubernio con el sionismo israelí y hay problemas gravitando cuando —y seguimos hablando del tiempo, el implacable—, apenas faltan tres meses para las elecciones de noviembre en las que están en juego los curules de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y las gobernaciones de los estados, donde siempre hay augurios para las presidenciales de 2028, y los problemas internos se acumulan y parecen ir contra los del partido del elefante.
A decir verdad, Hegseth no tenía un currículo que le hiciera aceptable, pero fue aprobado por el Congreso el 24 de enero de 2025 como secretario de Defensa y apenas en septiembre pasó a llamarse oficialmente secretario de Guerra, un epíteto que le gusta más. Apenas era presentador de la televisión, concretamente de la Fox News, y capitán de la Guardia Nacional de Minnesotta, con buen físico que le muestra como apto para el servicio activo que cumplió en Irak y Afganistán y de manera destacada como jefe de pelotón en la Base Naval de EE. UU. en el usurpado territorio cubano de Guantánamo, donde defendió el trato que reciben los reclusos detenidos allí: «Si estamos en guerra con el islamismo radical, con el islamismo, entonces no hay mejor lugar para albergar e interrogar a esas personas que la Bahía de Guantánamo, y no deberíamos tener miedo de ese hecho; quienes lo han visto lo entienden», dijo durante una conferencia en Minot en 2016 para oponerse al cierre del campo de concentración.
A tales avales le une sus posiciones políticas, descritas como nacionalistas cristianas, que muestra en sus tatuajes y, por supuesto, en lo que ha escrito en uno de sus libros, American Crusade: Our Fight to Stay Free, donde vemos reflejado lo que ahora se está reproduciendo en los discursos de la cúpula trumpiana contra los socialistas demócratas a quienes acusan prácticamente de «traidores» y «enemigos» de EE. UU.: «diferencias irreconciliables entre la izquierda y la derecha en Estados Unidos que conducen a un conflicto perpetuo que no se puede resolver a través del proceso político». Además, llamó a una «cruzada estadounidense», que el susodicho describió como «una guerra santa por la justa causa de la libertad humana».
Por consiguiente, defendió —como «patriotas» que habían «despertado ante la realidad de lo que la izquierda ha hecho en el país»—, a la turba trumpiana que asaltó el Capitolio el 6 de enero de 2021. Y no son solo estos los «pecadillos» del guerrerista.
Hay realidades significativas que están permeando el rechazo a la guerra e incluso resquebrajando la «unidad» en el bloque republicano: la impopularidad creciente de un conflicto que se inició contra la voluntad de los estadounidenses, incluso de los creídos de la promesa hecha por un presidente autoproclamado como el mayor amante de la paz en el mundo.
Las fuerzas del Comando Central de EE. UU. con sus ataques letales provocaron el cierre del estrecho de Ormuz, una de las principales vías de tránsito del comercio mundial, especialmente de los hidrocarburos y con ello el alza de sus precios a nivel global. Los estadounidenses pagan desde febrero mucho más en las gasolineras y las facturas del gas y los servicios energéticos. Una consecuencia que se extiende a los costos de la canasta básica, agravada además por la política arancelaria de Trump contra prácticamente todos los países del mundo que garantizan más del 90 por ciento de las importaciones de bienes de todo tipo.
De manera que el senador Thom Tillis, republicano por Carolina del Norte, ha declarado sobre Hegseth: «Ya no confío en él. Creo que está completamente desorientado: está acelerando la jubilación o forzando la salida de algunos de los líderes más destacados del Departamento de Defensa (DOD)», y agregó tajante: «Creo que tiene un complejo de inseguridad enorme, le falta experiencia en grandes organizaciones y ejerce un control excesivo. Ha perdido mi confianza». No es el único legislador republicano que así piensa cuando se analizan los resultados de la guerra contra Irán y sus altos costos presupuestarios, materiales y en las filas militares, una opinión que parece también existe en el propio Pentágono.
También el representante Thomas Massie (republicano por Kentucky) se unió a un grupo de demócratas que intentan demandar a la Casa Blanca por su negativa a acatar una Resolución sobre Poderes de Guerra aprobada por el Congreso que ordenaba al presidente Trump poner fin a la guerra con Irán, según informó Fox News Digital el lunes.
Sobre los efectivos estadounidenses en la región en conflicto, la senadora Susan Collins, republicana por Maine y presidenta del Comité de Asignaciones del Senado que quiere «más información» respecto a la «estrategia y el desenlace de la guerra», dijo luego de la reciente audiencia con el secretario de Guerra, quien pidió más fondos de emergencia para la guerra: «Se trata de hombres y mujeres que se ofrecieron como voluntarios para servir a nuestro país y juraron apoyar y defender nuestra Constitución».
Tras fuertes críticas, este lunes 27 de julio, el Departamento de Guerra de Hegseth dio un registro más cercano a las bajas en sus efectivos emplazados en la región de este cercano Oriente Medio: admitió 18 muertes y 624 heridos, desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, y son 142 los heridos desde el 7 de julio, fecha en que el alto el fuego comenzó a desmoronarse, según reveló el diario The New York Times.
Sin embargo, los halcones siguen presionando para que Trump «termine el trabajo» y obligue a Irán a reabrir Ormuz. Así lo han dicho el presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, Roger Wicker (republicano por Mississippi), quien, aunque se retiró con los grados de teniente coronel de la Reserva de la Fuerza Aérea y apoyó resueltamente las guerras de Irak y Afganistán parece que nunca estuvo en ellas, y John Cornyn (republicano por Texas), que tampoco ha pisado en su vida un escenario bélico, quienes abogan por una demostración de la «superioridad militar estadounidense» a cualquier costo. Ese costo, Hegseth lo ubicó en 37 500 millones de dólares, pero que el Moody's Analytics afirma que ya suma al menos 132 000 millones de dólares.
Sobran razones para que los estadounidenses desaprueben la operación militar de su país en el Medio Oriente. Una encuesta bien reciente, dada a conocer el martes por Reuters/Ipsos, muestras que solo 1 de cada 3 estadounidenses la apoya, según estos datos estadísticos: apenas el 33 por ciento la aprueba, mientras que el 62 por ciento la desaprueba. Casi el 70 por ciento de los estadounidenses también afirmó que el presidente Trump no ha explicado claramente los objetivos de la intervención militar estadounidense en Irán.
Estos son algunos pormenores del estado de ánimo que prevalece en Estados Unidos y apuntan a tres meses de las elecciones parciales a un escenario complejo para el Partido Republicano, con la particularidad de que su Presidente contribuye no poco a ello.
