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Semana despiadada de ambición imperial

La sanción de Estados Unidos a la empresa estatal Unión Cuba-Petróleo (Cupet) agravará aún más, si esto es posible, la situación energética, cuando la escasez del combustible petrolero pretende llevar al país a la paralización total y doblarle las rodillas

Autor:

Juana Carrasco Martín

 

Marco Rubio anunció el jueves último una nueva medida que presenta como sanción al Gobierno de Cuba, y como las muchas agresiones añadidas, desde hace casi 70 años, para rendir a esta nación. Son parte de un genocidio económico dispuesto para asfixiar al pueblo, rendirlo por hambre y múltiples necesidades que incrementan la crisis humanitaria, provocada por una ciega avaricia imperial.

Sancionar a la empresa estatal Unión Cuba-Petróleo (Cupet) agravará aún más, si esto es posible, la situación energética, cuando la escasez del combustible petrolero pretende llevar al país a la paralización total y doblarle las rodillas.

Alevosamente, el Rubio utilizó otro de sus estúpidos argumentos para justificar la acción de contenido criminal: «Al igual que cualquier otro recurso en la Isla, la energía ha sido instrumentalizada, durante mucho tiempo, por el Gobierno comunista cubano como herramienta de represión y de cleptocracia para su propio beneficio». A esa matriz de opinión que quieren imponer para soliviantar al pueblo, agregó, de manera artera, que la carencia de combustible y los apagones se han debido «a décadas de falta de inversión en infraestructura crítica», y que «los líderes comunistas» están «racionando la energía como herramienta de control social». El lento estrangulamiento del bloqueo no cuenta en esa versión de una historia dolorosa para un pueblo en resistencia.

Agarrotar a los cubanos es un proceso lento, de paso a paso, aunque cada vez más cortos, para lograr el objetivo de una Cuba estadounidense, la apetecida «fruta madura» que definiera, en 1823, John Quincy Adams. Desde entonces, la pretensión del despojo.

Esta decisión del régimen trumpista contra Cupet fue dada a conocer por el susurrador Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, un día después que otro secretario, también con ambiciones, el pendenciero Pete Hegseth, el de la Guerra, pisara tierra cubana en Guantánamo, desde hace más de un siglo y cuarto usurpada por la Base Naval de Estados Unidos, y en provocador discurso a marines, marineros, soldados y aviadores los conminara a estar listos y bien preparados para entrar en acción.

Si el castigo colectivo que aplican al pueblo sigue sin dar el resultado codiciado de una revuelta general que les lleve en bandeja dorada a Cuba, irían por la insana vertiente de destruirla por las bombas y bañarla en sangre.

Tal parece que Rubio y Hegseth han actuado al unísono para darle un presente cumpleañero al ya octogenario Donald Trump, que no acaba de demostrar su reiterada y cacareada victoria sobre Irán, otro hueso atragantado en la garganta imperial.

Mientras tanto, en el mundo se alzan voces contra los malignos propósitos. Justo también en esta semana que ya culmina, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, lo ha denunciado: «Las restricciones de combustible impuestas desde principios de 2026 y el reciente endurecimiento de las sanciones extraterritoriales, en conjunto, perjudican directamente a los cubanos, especialmente a los más vulnerables», dijo, al tiempo que graficaba: «Hay niños que mueren porque los médicos carecen de acceso a suministros y medicamentos esenciales. Esto es inaceptable. Estas sanciones deben levantarse de inmediato».

Trump se regodea: «El país se muere de hambre, no tiene energía, ni petróleo, ni dinero, no tiene nada. Tiene un territorio precioso. Se podrían construir magníficos complejos turísticos». Con pasmosa frialdad también apunta: «Nos ocuparemos de eso en cuanto terminemos» las operaciones militares en Irán. «Me gusta ir paso a paso».

Nosotros, los cubanos, seguiremos poniendo las zancadillas de la dignidad y el amor patrio para detener la infamia de las ambiciones imperiales y seguir siendo dueños de nuestra tierra e impedir que se extiendan por toda Nuestra América.

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