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Las garras del norte contra el níquel cubano

El plan de la administración Trump para «tomar a Cuba», tiene el objetivo de estrangular por completo la economía de la nación caribeña, aislándola de manera total del sistema financiero y comercial mundial, llevar al país a una crisis total, provocar el caos y la rendición

Autor:

Juana Carrasco Martín

Está más que claro: el plan de la administración Trump para «tomar a Cuba», tiene el objetivo de estrangular por completo la economía de la nación caribeña, aislándola de manera total del sistema financiero y comercial mundial, llevar al país a una crisis total, provocar el caos y la rendición. Así piensan.

Está esa intención en uno de los párrafos claves de la Orden Ejecutiva que firmó el primer día de mayo, que constituye por sí misma un bloqueo multiplicado donde asoma como nunca antes el revanchismo del secretario de Estado, Marco Rubio, del que algunos dicen que aspira a ser el presidente de Cuba, cuando en realidad quiere ser el presidente de su país verdadero, Estados Unidos. Cuba es el trofeo que busca presentar como ejemplo de su «eficacia».

Pero también Cuba le resulta un negocio redondo si lograran apoderarse de ella, en primer lugar, porque supondría aplastar el ejemplo de resistencia de una nación pequeña, pero con la inmensa riqueza de defender a cualquier precio su soberanía e independencia, su decisión de construir un futuro mejor en una sociedad de iguales oportunidades, a la que aspiran los pueblos.

Y en segundo lugar, porque sí tiene riquezas: Playas y parques naturales con una infraestructura hotelera de primera —construida en Revolución—, el mejor tabaco y el mejor ron del mundo, la quinta reserva de níquel del mundo y, entre otras cosas, decir níquel es decir acero inoxidable y todo lo que significa en la industria y en la economía doméstica, y en los yacimientos niquelíferos, la tercera reserva de cobalto del mundo, el llamado «oro azul», un elemento decisivo en las baterías de iones de litio, en especial las utilizadas en los vehículos eléctricos, en la industria espacial y militar. Hablemos claro, Cuba posee más níquel y cobalto que Estados Unidos.

A esto y mucho más, se une la principal riqueza, el capital humano, preparado y entrenado en un sistema de 104 carreras en 67 universidades que ha entregado conocimientos de altos estudios a más de un millón de cubanos, y a unos 40 000 jóvenes de decenas de países de África, América Latina y Asia, formados en total solidaridad y gratuidad, especialmente personal médico, para que sirvan a las poblaciones más desprotegidas de sus naciones, incluido Estados Unidos.

De ocupar Cuba, tienen todo lo necesario a mano para un desarrollo inmediato. Algo que el archipiélago caribeño no ha podido lograr a plenitud porque durante casi 70 años ha sido sometido a un entramado leguleyo que ha dado forma al bloqueo más prolongado y feroz que ha resistido pueblo alguno en la historia de la Humanidad.

Ahora, la pareja Trump-Rubio lo han duplicado en consecuencias, porque van por el objetivo final, la intervención y ocupación de la llave del Golfo. Es una ambición heredada desde los años iniciales de la nación que se cree elegida por Dios para dominar todo el continente y hasta el mundo entero. Por eso se dieron un nombre expansionista: Estados Unidos de América.

Pero aún no han alcanzado la meta que se han propuesto, y José Martí, el hombre que levantaba la patria «a manos puras», avizoró como deber supremo su carta a Manuel Mercado: «… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con qué realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América»… Ese legado martiano es compromiso y deber para cada cubano.

El jueves 7 de mayo, Rubio, haciendo uso de las facultades casi omnímodas que le dio su jefe en la Casa Blanca por la Orden Ejecutiva 14404 y haciendo caso omiso a lo que el Papa León XIV le planteó en su reciente encuentro en el Vaticano, apuntó a lo que evidentemente les resulta más apetecible en estos momentos de los proyectados blancos económicos —energía, servicios financieros, minería y defensa—, en este caso los minerales críticos, el níquel.

Con brutal violencia aplica sanción secundaria —lo que va más allá de la extraterritorialidad de la Helms-Burton—, bloqueando los activos de personas o entidades extranjeras que operan en sectores clave, aún cuando sus negocios en Estados Unidos no tengan relación con Cuba.

En esta primera medida, se trata de actuar contra Moa Nickel S.A., empresa conjunta entre la canadiense Sherritt y la empresa estatal cubana del níquel, lo que tendrá implicaciones para las cadenas de suministros de baterías conectadas con China, destacan medios de prensa internacionales.

Según South China Morning Post, «Sherritt anunció la suspensión inmediata de su participación directa en actividades de empresas conjuntas en Cuba» y «tres directores de Sherritt, incluido el presidente Brian Imrie, también renunciaron con efecto inmediato», agregando que «Sherritt afirmó que las sanciones anunciadas por Washington el 1 de mayo ya habían alterado sustancialmente su capacidad para operar con normalidad en Cuba».

Según ese medio asiático, la empresa candiense, «además de la empresa conjunta Moa, la compañía posee una participación de un tercio en Energas, que representa aproximadamente el 10 por ciento de la capacidad de generación eléctrica de Cuba».

Podemos suponer que, con un disparo, Marco Rubio impactará en una empresa canadiense que durante muchos años ha mantenido relaciones con Cuba, dañaría a la competencia tecnológica de la pujante China, y perjudicaría aún más a Cuba, ahondando la crisis energética que recrudecieron con el total bloqueo de suministro de combustibles, apenas paliado desde comienzos de este 2026 por el buque petrolero ruso con su donación solidaria.

Está claro que, de manera abominable, utilizando presiones extremas y el chantaje, obligan a empresas internacionales a formar parte del bloqueo.

La Cancillería cubana ha alertado a los gobiernos de naciones soberanas e independientes a que no se dejen amedrentar e intimidar por el gobierno de Estados Unidos y espera que no haya docilidad ante tamaña ilegalidad. Se le pide al mundo que no dejen sin protección a sus propios ciudadanos, a sus empresarios, corporaciones y entidades financieras.

Es más, este reclamo lo hace el pueblo cubano, como se evidenció en las marchas del 1ro. de mayo y en la firma de apoyo a nuestra soberanía.

Debiera pesar sobre la crueldad de la administración estadounidense, entre otras, la preocupación del Vaticano por el «bloqueo dentro del bloqueo» que asfixia la economía cubana tras las recientes órdenes ejecutivas de Washington, partiendo de la orden del 29 de enero del que se cree amo del mundo para prohibir la entrada del vital combustible, y lo calificó de un «recrudecimiento de una política hostil» que durante más de seis décadas está afectando directamente a la población civil. Aunque de manera alevosa y falaz desde Washington aseguren que solo afecta al Gobierno cubano.

También forma parte del rechazo a la vileza, las acciones masivas de solidaridad que tuvieron como escenario las calles de Roma y otras ciudades italianas donde miles repudiaron la visita y el bloqueo con banderolas y gritos de «¡Fuera Rubio de Roma!» «¡Cuba no está sola!».

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