Miguel Díaz-Canel junto al periodista Néstor Prieto. Autor: Estudios Revolución Publicado: 12/05/2026 | 02:30 pm
La Habana, primero de mayo de 2026. Miguel Díaz-Canel, Presidente de Cuba desde 2018, lidera la multitudinaria movilización que cada año se celebra en la Isla por el Día Internacional de la clase trabajadora. Una fecha simbólica desde el triunfo de la Revolución que este año adquiere una dimensión aún mayor por las constantes amenazas de Washington. Díaz-Canel camina junto a la plana mayor de la dirección política del país. «La unidad es clave para la resistencia y para la victoria», afirma.
Cuba atraviesa un momento único. Desde diciembre, una orden ejecutiva de Donald Trump bloquea el envío de carburante a la Isla; agravando una crisis energética que ha paralizado sectores enteros de la economía. En enero, el secuestro de Nicolás Maduro privó a La Habana de su principal aliado regional y dejó claro que Washington está dispuesto a usar la fuerza, la misma que ahora ejerce contra Irán y con la que insistentemente amenaza al país caribeño. Ese mismo día, primero de mayo, el magnate republicano firmó un nuevo paquete de sanciones contra Cuba y afirmó ante sus seguidores en Florida: «Vamos a tomar Cuba casi de inmediato».
Desde diciembre, una orden ejecutiva de Trump bloquea el envío de carburante a la Isla.
En ese marco, Díaz-Canel —ingeniero electrónico, miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde su etapa estudiantil y primer jefe de Estado cubano ajeno a la generación histórica que derrocó a Batista— recibe al periodista Néstor Prieto Amador, colaborador de Público, en una jornada que el Gobierno califica de «histórica». La conversación transcurre en tres momentos distintos: en la Plaza de la Revolución, epicentro político del país y punto de partida de la marcha; en plena movilización, con la columna avanzando a su alrededor; y en la Tribuna Antiimperialista, frente a la Embajada estadounidense.
Poco antes de las seis de la mañana, el Presidente de Cuba aparece en la Plaza de la Revolución, desde donde parte el más numeroso de los cuatro bloques que confluirán en el Malecón habanero.
Primer escenario: la Plaza de la Revolución
PREGUNTA — El primero de Mayo en Cuba es una fecha significativa, ¿verdad?
RESPUESTA — Muy significativa. Yo creo que es una fecha de gran valor y en estos momentos tiene una connotación particular porque estamos en una situación de agresión multidimensional por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Y el pueblo ha salido a manifestarse a favor de su soberanía y de su independencia. Pero no solo esto: están los jóvenes. Los jóvenes cubanos han tomado las banderas históricas de la Revolución y han salido a defenderla, autoproclamándose como la Generación del centenario del natalicio del Comandante en Jefe. Y yo creo que eso tiene una connotación muy particular para esta marcha.
P. — ¿Es este el primero de mayo más difícil al que ha asistido? Las amenazas se están repitiendo y hay una movilización muy importante para mostrar músculo.
R. — Lo que vamos a ver hoy es que esta marcha, en este desfile, no es la marcha a pesar de los problemas que tiene Cuba. Es la marcha que se expresa como discurso del pueblo cubano, que condena enérgicamente la agresión imperialista. Un discurso en forma de marcha que fortalece la unidad y, además, expresa nuestra disposición a que nos quiten el bloqueo, que nos dejen vivir en paz. Y que si nos quitan el bloqueo, vamos a ver cómo tocamos el desarrollo.
P. — Todo el mundo está mirando a Cuba. ¿Qué mensaje le lanzaría a un ciudadano estadounidense que este hoy viendo la televisión?
R. — Yo al pueblo norteamericano lanzaría, o compartiría, como mensaje: primero, que vengan a Cuba, que le pidan a su Gobierno que los deje visitar Cuba, que conozcan al pueblo cubano, que nos miren con respeto y con cariño, que sean capaces de encontrar la solidaridad, la amistad de este pueblo. Este es un pueblo que nunca ha odiado al pueblo norteamericano, este es un pueblo que nunca ha desarrollado ninguna agresión contra Estados Unidos. Aquí no se han quemado nunca banderas norteamericanas. Y que le expresen a su Gobierno que lo que merecen nuestros dos pueblos es vivir en paz y tener una relación normal.
P — Florida va a seguir estando igual de cerca... La relación de vecindad tiene que existir. ¿No?
R — Yo creo que la relación a la que aspiramos es una relación civilizada entre vecinos; una relación en la que, a pesar de nuestras diferencias ideológicas —que siempre las vamos a tener—, seamos capaces de encontrar áreas comunes de cooperación que nos permitan construir espacios de entendimiento que nos alejen de la confrontación y en los cuales podamos cooperar y trabajar para beneficio de ambos países.
Segundo escenario: la marcha por la Avenida Paseo
La marcha avanza sin sobresaltos por el centro de La Habana. Deja atrás la Plaza de la Revolución y se adentra en la alargada Avenida Paseo, donde la columna va engordando a medida que avanza. El reguero de personas camina a ritmo desigual. «El Presidente marcha demasiado rápido«, bromea un miembro de la organización señalando cómo la cabecera ha dejado atrás al resto del bloque. Todavía no ha amanecido.
P. — Desde enero el recrudecimiento del bloqueo ha puesto a Cuba en una situación única. Más de 60 años de agresión estadounidense, pero el bloqueo energético ha cercado la Isla de una manera muy singular.
R. — Yo creo que el bloqueo energético es, ante todo, un castigo colectivo que ha venido a recrudecer aún más el bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba, y reafirma la posición del Gobierno de los Estados Unidos de tratar de vencernos por asfixia. Y se expresa tanto en la vida del país como en la vida de las familias. O sea, está presente en la paralización de casi todas nuestras actividades económicas y sociales. Nos entorpece la producción de bienes y servicios para ofertar a la población; nos ha llevado a reorganizar procesos como el curso escolar y la enseñanza universitaria, utilizando variantes semipresenciales y variantes didácticas de enseñanza a distancia. De igual manera hemos tenido que acudir al teletrabajo. Y en las familias se manifiesta la escasez de medicamentos, de alimento; dificultades para el abasto de agua, para el transporte... dificultades incluso para poder dar un servicio comunal de recogida de desechos sólidos adecuado a la población. Las madrugadas de las familias cubanas se nos convierten en madrugadas de laboriosidad, porque cuando hay un poquito de energía, a esa hora hay que hacer todas las tareas cotidianas. Por lo tanto, se complejizan mucho la vida del pueblo cubano, y es realmente una situación muy compleja.
P. — ¿Qué le diría a todas esas personas que hoy están marchando pero que cuando regresan a su casa se encuentran con una situación compleja?
R. — Lo que hemos dicho siempre y lo que estamos compartiendo entre todos para fortalecer nuestra unidad. Hemos compartido con la población cubana tres prioridades. Una es prepararnos para la defensa del país; y por lo tanto se ha ido desarrollando, con participación popular, como parte de nuestra doctrina de defensa —que es la guerra de todo el pueblo, donde cada cubano, cada cubana tiene una misión y un lugar en la defensa del país—, un plan de elevación de la disposición para la defensa en interés de la guerra de todo el pueblo. Y ahí participa la población. Y la gente es consciente de lo que estamos defendiendo, de lo que podríamos perder si se perdiera la Revolución.
Por otra parte, a finales del año pasado hicimos todo un proceso de consulta popular del programa económico y social del gobierno. Por lo tanto, con participación popular hemos construido el programa de desarrollo económico, en estas circunstancias, para avanzar, para sobrepasar estas circunstancias con nuestros propios esfuerzos, con nuestro propio talento, con la creatividad y la resistencia del pueblo cubano. Y ese programa de gobierno comprende un grupo de transformaciones que nos deben llevar a una mejor situación. Dentro de esas transformaciones está, por supuesto, todo lo que estamos haciendo en la transición energética, que es uno de los problemas fundamentales, y todo lo que nos hemos propuesto para alcanzar la soberanía alimentaria.
«La gente es consciente de lo que estamos defendiendo, de lo que podríamos perder si se perdiera la Revolución».
Y en tercer lugar está la participación de la población en todo el movimiento político de denuncia de las circunstancias que estamos viviendo, de denuncia al bloqueo, y de participación en tareas sociales, en tareas comunitarias, en los programas de producción de alimentos, en los programas productivos, en los programas sociales. Y esta expresión, esta marcha, es parte también de la participación de la población en ese movimiento político. Yo digo siempre que cuando participamos, cuando entre todos enfrentamos los problemas conscientes de cuál es el papel que nos toca jugar, logramos victorias. Y cuando logramos victorias, se fortalece la unidad.
Tercer escenario: la Tribuna Antiimperialista
Coincidiendo con el amanecer, poco antes de las siete de la mañana, el primero de los bloques llega a la Tribuna Antiimperialista con Díaz-Canel a la cabeza. La multitud bordea la imponente Embajada estadounidense, un gran edificio de más de seis plantas en pleno Malecón. Frente a la Embajada se encuentra el escenario donde tendrá lugar el acto central. Volvemos a conversar con el Presidente mientras el resto de los manifestantes llegan a la Tribuna.
P. — ¿Se siente Cuba acompañada por la comunidad internacional?
R. — Sí, sí, claro que sí. Cuba no está sola. A pesar de los intentos de aislarnos diplomáticamente, hay una respuesta. La amistad entre los pueblos no la pueden romper los Gobiernos, y mucho menos los imperios. Y yo creo que también los pueblos tratan de tener un gesto con Cuba a partir de toda la solidaridad que Cuba ha entregado históricamente.
P. — Pero hace diez años teníamos la foto del Foro de São Paulo, con Fidel, con Lula, con Hugo Chávez, y ahora estamos en el Escudo de las América [el encuentro impulsado por Donald Trump con una docena de presidentes latinoamericanos conservadores].
R. — Hay que decir que después de la Revolución Bolivariana que encabezó Chávez, vino una década en la que las fuerzas de izquierda en América Latina tuvieron una mejor situación: había más unidad, había más integración, se creó el ALBA-TCP, se creó el ALBA-Petrocaribe. Y todo fue evolucionando, y yo diría que fueron bloques de integración regional que en poco tiempo lograron más resultados que otros bloques de integración en la región. Porque fíjate que en solo diez años, cuatro países alcanzaron el cero analfabetismo con el uso de un método cubano conocido por todos como «Yo sí puedo». Más de tres millones y medio de personas recuperaron la visión con la «Operación Milagro«, que es una magnífica operación de salud, de sanidad, en la cual se atendía gratuitamente a personas.
P. — Estamos viendo que hay muchos países de América Latina que están manteniendo posiciones hostiles hacia Cuba. Ecuador, por ejemplo, ha retirado a su embajador.
R. — Los Gobiernos... Yo siempre separo los Gobiernos de los pueblos. Hay Gobiernos que actúan como lacayos, sin dignidad ninguna, que tratan de hacer favores al imperio. Y yo creo que son Gobiernos que no tienen la clara percepción de lo que eso significa. En estos momentos, Trump ha renovado la Doctrina Monroe, la ha actualizado incluso con un corolario que por todos es conocido como el «Corolario Trump». Y una vez más vuelven a mirar a nuestros pueblos, a nuestros países, como el traspatio de América Latina. Cuando la Doctrina Monroe plantea ese postulado de «América para los americanos», ¿de qué América estamos hablando y de qué americanos estamos hablando? Yo creo que hay que ser fiel a las identidades de nuestros pueblos, porque es una de las cosas que quieren, como parte de esta estrategia de colonización cultural: precisamente romper nuestras raíces y nuestras esencias.
P. — Usted dice que Donald Trump está reformulando la Doctrina Monroe. ¿Se puede tener un diálogo real, abierto y honesto con las administraciones de Estados Unidos ahora mismo?
R. — Yo creo que puede haber un diálogo, pero que es difícil. ¿Por qué puede haber un diálogo? Primero, siempre ha existido históricamente una disposición de la Revolución Cubana de tener una relación cordial, o un debate sobre cualquiera de los temas, con el Gobierno de los Estados Unidos. Pero tiene que ser sobre la base de la igualdad, sobre la base de que no haya imposiciones, sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de nuestro pueblo, y sin condicionamiento alguno, y mucho menos con cuestionamiento a nuestro sistema político.
Por otra parte, históricamente, con diferentes administraciones, se han establecido en algunos momentos canales de diálogo. Y, por supuesto, el que más avanzó, como todos conocemos, fue en la época de Obama. Ahora, ¿por qué es difícil el diálogo? También hay razones históricas. Estados Unidos siempre ha tenido una posición de potencia agresora contra Cuba, y Cuba ha sido la pequeña isla agredida. Cuando hemos entablado diálogos, se han hecho compromisos. Cuba ha cumplido todos sus compromisos y Estados Unidos ha faltado a muchos de ellos; por lo tanto, eso crea mucha desconfianza en nuestro pueblo. En los momentos actuales, ¿cómo se ha comportado el imperio? Se suponía que había un diálogo con Venezuela, y agredió a Venezuela y secuestró a su presidente, y lo extrajo de Venezuela. Se suponía que había un diálogo con Irán, y agredieron a Irán, atacaron a Irán. Por lo tanto, para nosotros avanzar en ese diálogo, es necesario que ambas partes estén dispuestas.
«Estados Unidos siempre ha tenido una posición de potencia agresora contra Cuba».
P. — ¿Y usted percibe que Estados Unidos está dispuesto?
R — Es muy difícil, pues por un lado tratamos de conversar, tratamos de establecer un canal de diálogo, y por el otro lado constantemente se está amenazando a Cuba; se declaran cosas como que «Cuba es la próxima», se habla sobre la posible agresión militar a nuestro país, y eso no crea un ambiente favorable para ello.
P. — Hablaba de una doctrina de defensa popular, defensiva. ¿Qué significa?
R. — Nosotros somos un país de paz. Recuerda que Cuba ha sido el escenario de los diálogos de paz más importantes de la región. Cuba fue el escenario donde vinieron a reunirse la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa rusa para romper las contradicciones que tuvieran durante más de 1.500 años. Cuba nunca ha agredido; Cuba no es un problema de seguridad para ningún país del mundo, mucho menos para Estados Unidos. Cuba siempre lo que ha entregado es solidaridad. Nosotros no mandamos bombas ni tropas al mundo; nosotros no tenemos bases militares en ningún lugar del mundo; nosotros lo que mandamos son médicos y maestros al mundo. Pero si nos agreden, aquí habrá combate. Y nosotros nos preparamos, desde nuestra concepción defensiva de la guerra de todo el pueblo —como te he explicado anteriormente—, para que no haya sorpresa y para que no haya derrota.
«Cuba no es un problema de seguridad para ningún país del mundo».
P. — ¿Está preparado el pueblo cubano entonces para cualquier eventualidad?
R. — Está preparado, y estamos preparándonos actualmente; seguimos preparando.
P. — ¿Cuál ha sido el momento más complejo que ha vivido? No sé cómo lo vive usted, porque se tiende a individualizar mucho y la figura del presidente está en el foco.
R. — Pero a ver, esas cosas se resuelven en la vida cuando uno tiene convicciones. Cuando uno está dispuesto a dar la vida por la Revolución…
P. — ¿Usted está dispuesto a dar la vida?
R. — Lo estoy. Y mi familia está dispuesta a dar la vida. La dirección de la Revolución, que es una dirección monolítica, con coherencia ideológica, con unidad y disciplina revolucionaria, está dispuesta a dar la vida. Y en el pueblo, muchas personas están dispuestas; millones de cubanos están dispuestos a dar la vida. Y cuando tú tomas esa actitud ante la vida, no hay preocupación. Si te llega el momento, tú vas a combatir y vas a morir. Y nuestro himno nacional dice que «morir por la Patria es vivir«. Por lo tanto, hay que también prepararse para saber morir, porque el que no se prepara y no sabe morir dignamente, no vivirá.
P. — ¿Diría que la situación respecto a Estados Unidos y las amenazas es peor ahora que hace dos o tres meses?
R. — Esto me gusta destacarlo, porque a veces hay una percepción equivocada de qué «es el momento». Y yo creo que nosotros tenemos que tomar en cuenta que Cuba ha estado bloqueada durante más de 60 años. Un bloqueo prolongado, el bloqueo más prolongado de la historia, que ha traído muchas afectaciones a nuestro desarrollo económico y social, a nuestra población. Nosotros no hemos podido construir todos nuestros sueños. Nosotros tenemos sueños pendientes; todavía hay mucho machete que dar para llegar a las conquistas que queremos tener, a la prosperidad que queremos tener, al perfeccionamiento de nuestra sociedad, al perfeccionamiento de nuestro socialismo, al desarrollo económico que queremos tener, con una implicación alta en el desarrollo social.

Foto: Estudios Revolución
Pero ese bloqueo adquirió una cualidad distinta en el segundo semestre de 2019, cuando Trump implementó 240 medidas de recrudecimiento del bloqueo y nos incluyó en la lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo. Después, en medio de toda esa situación ya tensa —donde empezaron los apagones, donde empezaron a manifestarse las carencias—, vino la COVID. Y el país trabajó en función de salvar la vida de las personas. Nuestros científicos encontraron las vacunas para salvar a la población cubana, pero toda esa etapa transcurrió también con una acumulación de los problemas que te venía a comentar. Y viene la situación actual; por lo tanto, lo que estamos viviendo ahora, con más recrudecimiento, tiene que ver también con una acumulación de situaciones por las circunstancias que te he explicado. Entonces aquí se complejizan las cuestiones: primero, cuando empieza el bloqueo a Venezuela en diciembre, momento en el que deja de entrar el combustible a Cuba. Después se recrudecen las tensiones cuando se agrede a Venezuela y se secuestra al presidente Maduro.
P. — ¿Cómo lo vivió usted?
R — Nosotros estábamos en casa, en la madrugada, y amigos venezolanos nos llamaron para decirnos lo que estaba pasando. E inmediatamente convocamos al pueblo cubano. Y a las ocho de la mañana, aquí en este mismo escenario, el pueblo estaba reunido. Después supimos de la caída heroica de 32 de nuestros combatientes.
P. — ¿Teme que estas condiciones, los apagones, falta de comida y medicamentos, terminen erosionando el apoyo social?
R. — Yo creo que a nosotros se nos han deteriorado procesos, pero la gente tiene confianza porque para la Revolución no es este el único momento difícil. Superó el período especial, superó los primeros años de la Revolución, donde había una amplia agresión; incluso había bandas contrarrevolucionarias actuando en las montañas del país. Y siempre el país ha crecido. Es decir, todo depende de la unidad. Mantener la unidad. Y la unidad se forja con participación popular, y la unidad se defiende con la doctrina, cuando todos —o la mayoría— abrazan las ideas de la Revolución. Y en esa unidad está la fuente de la victoria.
P. — La gente, cuando enciende la televisión, ve que Cuba es un «estado fallido«, que usted es una «figura autoritaria«, y dicen que es un Estado patrocinador del terrorismo. ¿Qué le puede decir a la gente que tiene esa imagen de Cuba?
R. — Que no crean las mentiras del imperio. Hay que sacar la experiencia de la historia, y todos sabemos de la manera en que alientan esto. El imperio agredió a Irak diciendo que tenía un programa de armas biológicas, y estas nunca aparecieron. El imperio ha aplicado una política de genocidio total apoyando a Israel en Gaza y en el Líbano, contra la causa palestina, y eso duele mucho. Un imperio, un Estado, un Gobierno que alienta eso, no es un buen Gobierno, no es un buen Estado, no es un buen amigo. Y no es el futuro que el mundo necesita. El imperio tejió la mentira del narco-Estado para Venezuela, y el Cartel de los Soles, después del secuestro del presidente Maduro, se desapareció. El imperio sembró la mentira del programa nuclear iraní, con la supuesta bomba nuclear; y todavía estamos —llevamos semanas de guerra— y no ha aparecido la bomba nuclear iraní. ¿Se puede confiar entonces en las mentiras que teje el imperio?
P. — ¿Cuál es el gran deber que siente usted que tiene?
R. — Nosotros tenemos una lucha contra la burocracia, que a veces entorpece; contra la lentitud en algunos procesos. Es muy difícil trabajar en el país sin energía. También una respuesta de un pueblo como este, que es un pueblo heroico que merece un monumento. Esto no es un Estado fallido. Un Estado fallido no tiene apoyo, no tiene esa participación popular en defensa de la obra de la Revolución. ¡Qué Estado fallido tan raro somos!, que somos capaces de mantener en esas condiciones el país funcionando. Un Estado fallido que es capaz, además, de seguir dando educación y salud gratuitas, de dar acceso universal a la cultura y el deporte a todos los ciudadanos, que es capaz de brindar solidaridad, que sigue teniendo nuestros médicos y nuestros maestros colaborando en el mundo, que sigue soñando inversiones que podamos hacer, que sigue desarrollando programas sociales, que está luchando por la soberanía alimentaria, que está llevando, en medio de estas condiciones, una profunda revolución en transición energética. Y un país que se mantiene organizado, que mantiene una estabilidad. Y yo soy un dictador muy extraño: un dictador que puede compartir con su pueblo, que puede marchar junto a su pueblo.
P. — ¿Cómo se imagina Cuba dentro de un año? ¿Cree que podremos volver a vernos aquí?
R — Claro que nos vamos a ver. Cuba va a vencer. Un año es muy poco para superar todas las dificultades, porque además la coyuntura internacional, la coyuntura regional, es muy adversa. Pero todos los días le estaremos quitando pedacitos a los problemas, todos los días estaremos avanzando, todos los días estaremos encontrando soluciones. Y las soluciones nos las va a dar ese pueblo al que constantemente estamos consultando y que constantemente nos está brindando las soluciones, el apoyo, y también está aportando con su esfuerzo y su talento. Y como te dije anteriormente, vamos a tener un país iluminado —más iluminado, sin derrochar—, más productivo, con eficiencia, y venciendo con el talento y el esfuerzo de los cubanos. Y superando el bloqueo, vamos a alcanzar definitivamente la prosperidad y la paz que merece nuestro pueblo.
Díaz-Canel se retira sonriente pocos minutos antes de que dé comienzo el acto central del Primero de Mayo. Junto a él se situará Raúl Castro Ruz, 95 años, presidente del país durante una década. La imagen, poco habitual en los últimos años, refuerza el discurso de unidad al que apela Díaz-Canel. Durante el acto, todos los intervinientes reiteran el mismo mensaje: no desean la guerra, pero tampoco la temen. El acto termina con rumba cubana y música de Silvio Rodríguez. Ese mismo día, con unas horas de diferencia y a escasos 150 kilómetros de distancia, Donald Trump afirma entre las carcajadas de su público que tomará Cuba «casi de inmediato».
(Tomada de Público)
