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La naranja de la redención

La «Oranje» de Xavi empieza a parecerse a lo que soñó

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Hay derrotas que se olvidan y derrotas que se convierten en combustible. La eliminación prematura de Países Bajos en el Mundial de 2026 fue de las segundas. Dejó un país entero con la sensación de que la «Oranje», esa selección que un día deslumbró al mundo con la Naranja Mecánica de Cruyff, se había quedado sin alma.

Cuando Xavi Hernández aceptó el desafío de convertirse en el primer entrenador extranjero de los neerlandeses desde 1978, muchos levantaron la ceja. ¿Un español dirigiendo a la selección que inventó el fútbol total? La ironía era deliciosa. Pero el fútbol, como la vida, se escribe con hechos, no con prejuicios.

Y los hechos dicen que Países Bajos cierra esta primera ventana de la Nations League con ocho puntos de doce posibles, invicto, y en lo más alto del Grupo A2 junto a Grecia. El último obstáculo, Serbia, cayó 2-1 en el Philips Stadion de Eindhoven en un partido que tuvo de todo: dominio asfixiante, un gol de tiro libre, un empate instantáneo, y la aparición salvadora de un delantero que estaba llamado a ser la solución y no el problema.

Joshua Zirkzee, el hombre que llegó desde el Manchester United con la etiqueta de fichaje de dudoso rendimiento, firmó el gol de la victoria en el minuto 72 y le devolvió a Xavi la tranquilidad que necesitaba.

El partido fue un ejercicio de paciencia. Países Bajos monopolizó el balón desde el primer minuto, con Ryan Gravenberch y Tijjani Reijnders tejiendo el juego con la precisión de relojeros. Serbia, replegada en un bloque bajo, esperaba agazapada para salir al contragolpe.

La primera ocasión clara fue neerlandesa: Mexx Meerdink, el héroe de Belgrado, tuvo el gol en sus botas pero envió el balón por encima del larguero. El dominio era abrumador, pero estéril. Y en el fútbol, cuando no matas, mueres.

Hasta que llegó Teun Koopmeiners y, con un zurdazo de tiro libre desde el vértice del área, rompió el empate en el minuto 31. Fue un gol de esos que no se ensayan, de esos que nacen de la inspiración y la técnica. El balón besó la red después de superar a un Milinkovic-Savic que, quizás, se confió demasiado. El estadio explotó. La «Oranje» rugía. Pero la alegría duró lo que dura un suspiro en el desierto.

Tres minutos después, Mihajlo Cvetkovic empató. Un centro medido de Aleksa Terzic al corazón del área y el delantero serbio, que había avisado antes, apareció para batir a Verbruggen. Silencio. El gol fue un jarro de agua fría para un equipo que había hecho todo para merecer más. La primera parte se cerró con un Virgil van Dijk imperial, celebrando su 100ª internacionalidad con la autoridad del capitán que no se arruga ante la adversidad. Pero el marcador, tozudo, se negaba a sonreírle a los locales.

La segunda parte fue un asedio. Xavi movió el banquillo: entraron Zirkzee, Joey Veerman y Noa Lang, y el equipo ganó en mordiente y verticalidad. Serbia, que ya no tenía el resorte de Tadic, se encerró aún más. El premio llegó en el 72. Denzel Dumfries condujo por la derecha, puso un centro bajo al segundo palo, Reijnders lo devolvió al área con inteligencia y Zirkzee, solo, empujó el balón a la red. 2-1. Era el gol de la redención. Para él, que ha vivido entre la duda y la promesa. Para Xavi, que necesitaba un triunfo para consolidar su proyecto. Para Paises Bajos, una selección que empieza a recuperar la fe.

Los últimos minutos fueron de angustia. Serbia, con más corazón que fútbol, buscó el empate con centros y balones largos. Bart Verbruggen, que había firmado cuatro paradas de mérito, sostuvo a los suyos bajo los palos. Incluso con Micky van de Ven lesionado y Países Bajos jugando con diez en el tiempo añadido, la defensa resistió. El pitido final desató la celebración. No fue una exhibición, no fue una goleada, pero fue una victoria de las que construyen equipos.

Países Bajos termina la fecha FIFA como líder, invicto, y con la sensación de que el proyecto de Xavi empieza a tomar forma. Grecia, el hueso que le arrancó un empate agónico, espera en la próxima jornada de noviembre. El camino hacia los cuartos de final es una carrera de fondo, y la «Oranje» acaba de demostrar que, aunque a veces le cueste, sabe cómo ganar. La naranja de la redención ha comenzado a exprimirse. Y el jugo, por ahora, sabe a esperanza.

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