Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Mundial 2026: El milagro de los tiburones azules

Cabo Verde, el archipiélago de medio millón de almas, desafió todas las leyes de la lógica y se coló entre los 32 mejores del planeta fútbol

Autor:

Ruben Darío García Caballero

El fútbol, ese deporte que tantas veces se empeña en recordarnos que el tamaño no importa, tuvo anoche su mejor manifestación en las costas de Texas. Cabo Verde, el país más pequeño del mundo en alcanzar una fase de eliminación directa de una Copa del Mundo, completó una gesta que ni los guionistas más audaces se atreverían a firmar. Sin ganar un solo partido, con tres empates en el bolsillo y con el corazón latiendo al ritmo de lo que sucedía a mil kilómetros de distancia, los Tiburones Azules se hicieron un hueco en la historia.

Houston no fue el único escenario. El verdadero partido de Cabo Verde se jugaba en dos campos: el césped del NRG Stadium y la pantalla gigante que mostraba lo que ocurría en Guadalajara, donde España se enfrentaba a Uruguay. Los pupilos de Bubista, el técnico que ha sabido coser un vestuario de guerreros, sabían que un empate les bastaba si la Roja vencía a los charrúas. Arabia Saudita, en cambio, no tenía ese lujo. Estaba obligada a ganar. Y esa diferencia, esa presión ajena, fue el combustible que encendió la resistencia caboverdiana.

Los primeros compases fueron un ejercicio de paciencia y disciplina táctica. Los Tiburones Azules, fieles a su estilo, defendieron con orden y esperaron su momento. No hubo prisas, no hubo desesperación. La primera mitad transcurrió entre la contención y la calculadora, con pocas ocasiones claras y una tensión que se respiraba en el aire. La única sacudida emocional llegó cuando las pantallas mostraron el gol de Álex Baena para España. En ese instante, Cabo Verde se convertía en segundo de grupo. La clasificación, de repente, era una posibilidad tangible.

El segundo tiempo fue un monólogo de los africanos. Curiosamente, el equipo que más necesitaba el gol era Arabia Saudita, pero quien más lo buscaba era Cabo Verde. Laros Duarte perdonó un mano a mano en el minuto 75, Kevin Pina estrelló un disparo contra la defensa saudí diez minutos después, y Garry Rodrigues, en el último suspiro, falló la volea que pudo ser la sentencia. El gol se negaba a llegar, pero la fe no se agotaba. Porque Cabo Verde sabía que el milagro no estaba en sus botas, sino en el marcador de Guadalajara.

Y entonces, cuando el árbitro decretó el final en Houston, llegó la confirmación. España había vencido 1-0 a Uruguay. El pitido final en el NRG Stadium se fundió con el estallido de una fiesta que había comenzado 96 minutos antes. Los jugadores de Cabo Verde, muchos de ellos con lágrimas en los ojos, se abrazaron sobre el césped mientras las gradas, teñidas de azul y blanco, coreaban el nombre de una nación que jamás había soñado tan alto.

El dato es demoledor: Cabo Verde se convirtió en apenas la tercera selección en la historia en clasificarse a la fase eliminatoria de un Mundial tras empatar todos sus partidos de grupo, y la primera en lograrlo en su debut desde que Senegal lo hiciera en 2002. Pero los leones del teranga no partían desde una posición tan remota, desde un archipiélago de poco más de 500 000 habitantes y 4 000 kilómetros cuadrados. Ninguno había tenido que enfrentarse a dos campeones del mundo como España y Uruguay en su estreno absoluto.

La resistencia caboverdiana tuvo un nombre propio: Vozinha. El portero de 40 años, que ha acumulado más de 16 millones de seguidores en Instagram durante el torneo, se convirtió en el muro que sostuvo el sueño. Sus paradas ante Mohamed Kanno en el tiempo añadido de la primera parte, ante Mohammed Abu Al-Shamat en el minuto 66 y ante Abdullah Al-Hamdan en el 92 fueron los ladrillos de una fortaleza inexpugnable. Small Islands, Big Dreams, rezaba el cartel de una aficionada en las gradas. Y anoche, en Houston, ese sueño se hizo realidad.

Cabo Verde se enfrentará a la Argentina de Lionel Messi en Miami el 3 de julio. Un duelo de titanes que los Tiburones Azules afrontarán con la misma fe que los trajo hasta aquí. Porque si algo ha demostrado este equipo es que, en el fútbol, el tamaño no es un límite. Es solo una anécdota. Y las anécdotas, a veces, se convierten en leyenda.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.