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Fernando Ortiz: nación y descolonización

Celebrar los 145 años del natalicio de don Fernando Ortiz Fernández es un acto de resistencia cultural: la memoria se convierte en fuerza viva cuando inspira a nuevas generaciones y demuestra que la cultura cubana se reinventa constantemente gracias a la creatividad de su pueblo

 

Autor:

Lázaro Castillo

 

El año 2026 convoca a una conmemoración múltiple de trascendencia para la cultura cubana. Se cumplen 145 años del natalicio de don Fernando Ortiz Fernández (La Habana, 16 de julio de 1881) y al mismo tiempo celebramos tres centenarios fruto de su incansable labor: el de la Institución Hispanocubana de Cultura, fundada en noviembre de 1926; el de la Academia Cubana de la Lengua; y el de la publicación de su obra Proyecto de Código Criminal Cubano, editada el 26 de febrero de 1926 por la Librería Cervantes, bajo el auspicio de la Secretaría de Justicia y la Comisión Nacional Codificadora de la República de Cuba. Cuatro efemérides que se entrelazan y recuerdan la magnitud de un hombre que fue jurista, antropólogo, gestor cultural y creador de instituciones culturales.

Ortiz no fue únicamente un investigador. Su figura encarna la síntesis del intelectual constructor de una nación. Comprendió que la cultura no se sostiene solo en la creación individual: requiere estructuras colectivas capaces de preservar y difundir el conocimiento. Por eso, además de sus estudios pioneros sobre las religiones afrocubanas, los componentes étnicos de la nación cubana, la música popular, el tabaco y el azúcar, dedicó buena parte de su vida a fundar instituciones que marcaron la vida social de Cuba.

La Institución Hispanocubana de Cultura fue concebida como un espacio de diálogo entre intelectuales cubanos y españoles, y funcionó como plataforma para conferencias, publicaciones y debates que situaron a Cuba en el mapa cultural internacional. La Academia Cubana de la Lengua, también fundada en 1926, consolidó el estudio y la defensa del idioma en el contexto nacional, y se convirtió en un referente para la vida intelectual del país.

En el terreno jurídico, Ortiz fue pionero con el Proyecto de Código Criminal Cubano, obra que abrió el camino a una visión interdisciplinaria de la criminalidad y la cultura, integrando Derecho, Antropología y Sociología. Con ello mostró que la identidad cubana debía comprenderse en toda su complejidad, incluyendo las expresiones religiosas y sociales de origen africano que hasta entonces habían sido marginadas.

El historiador cubano Julio Le Riverend enunció: «Fue el científico rodeado de fichas y libros, también, y sobre todo, el militante de idealidades que, por no inscribirse en partido o grupo alguno, tenía que expresarse a lo largo de su obra en la diversidad». Recordar a Fernando Ortiz en este múltiple aniversario es reconocerlo como un intelectual que supo unir ciencia y arte, literatura y antropología, gestión cultural y pensamiento crítico.

Es igualmente reafirmar que su legado sigue siendo una guía para comprender la Cuba de hoy y para proyectar la cultura hacia el futuro. Ortiz enseñó que la identidad no es un destino fijo, sino un proceso en constante movimiento, y que la cultura se fortalece cuando se organiza en instituciones sólidas y abiertas al diálogo.

La conmemoración de sus 145 años reafirma la actualidad de su obra en la construcción de una Cuba abierta, plural y universal. Ortiz sigue siendo, en palabras de muchos, un descubridor de la nación, capaz de mostrar la cultura como el espacio donde se entrelazan nuestras múltiples historias. En 1988, en un gran homenaje por la labor de Ortiz en Génova, Italia, el historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler, destacó:

«Siendo un hombre del siglo XIX y un hombre del siglo XX, tenía el temple y la grandeza de los hombres de la Ilustración y de la Enciclopedia. Él pudo haber estado junto a Jovellanos, junto al Padre Feijoo, junto a uno de los grandes humanistas españoles o latinoamericanos, junto a Andrés Bello, por ejemplo, pudo estar perfectamente don Fernando Ortiz».

Un referente de la cultura cubana

Ortiz fue también un pensador descolonizador. Al estudiar las religiones afrocubanas, la música popular y las prácticas sociales de origen africano, rompió con los prejuicios heredados de la colonia y les otorgó un lugar central en la identidad nacional. Como afirmó en Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940): «La transculturación no es solamente la adquisición de una cultura ajena, sino también la pérdida de la propia, y además la creación de nuevas formas culturales». Esa visión recuerda hoy por qué su legado merece ser celebrado y proyectado hacia el futuro: porque enseñó que Cuba no es una cultura pasiva frente a la colonización, sino un espacio de creación activa y fecunda.

Su aporte teórico más universal continúa siendo una herramienta esencial para entender los procesos de combinación y diálogo cultural. Subrayó la importancia de esa noción para comprender la historia de Cuba, concebida como «la historia de sus intrínsecas transculturaciones». Otorgó protagonismo a los sectores históricamente marginados. Esa visión, que iluminó el estudio de la cultura cubana, hoy se proyecta como clave para comprender fenómenos globales de migración, mestizaje y diversidad cultural.

Su pensamiento se conecta con debates contemporáneos sobre racismo, inclusión y diversidad, mostrando que su obra no es un legado estático, sino una brújula para el presente. Entendió a cabalidad que el saber es patrimonio de muchos, pero la sabiduría de unos pocos. Y él lo demostró en toda la extensión de su obra.

El intelectual Miguel Barnet Lanza, uno de sus más fieles discípulos, expresó: «Su obra científica no se limitó al rico arsenal de libros que escribió y que son imagen viva de Cuba, de la Cuba profunda y misteriosa. Él develó los secretos de la africanía y su hechizante mundo místico y estético. Ahí están ellos esperando por el lector joven que lo descubra. Verá cuánto valen, cuánto enseñan y cuánto iluminan».

La investigadora de la Fundación Fernando Ortiz, recientemente fallecida Trinidad Pérez Valdés, en su introducción al cuarto tomo de la Correspondencia de Ortiz (1950-1962) señaló: «El lector podrá hallar un pensamiento anclado en los conceptos de ciencia y más ciencia, cultura y más cultura, conciencia y más conciencia, paciencia y más paciencia. Tal vez un día pueda la obra de Fernando Ortiz ocupar el lugar que le corresponde realmente en la historia de la cultura cubana, valoración por la cual ha batallado y continúan batallando hasta hoy muchos de sus discípulos y continuadores». Esa es la máxima que ha defendido y defiende la Fundación que durante estos 30 años de existencia se honra con su nombre.

La Fundación Fernando Ortiz ha trabajado en la edición crítica de sus obras, en la organización de coloquios internacionales, en la preservación de su archivo personal y en la difusión de su legado en universidades y centros culturales. Ha sido guardiana de su memoria y promotora de su vigencia en el debate contemporáneo. Gracias a su labor, nuevas generaciones de investigadores y estudiantes han podido acceder a la riqueza de su pensamiento y comprender la dimensión universal de sus aportes.

Su pensamiento, nacido en el cruce de disciplinas, sigue siendo un referente para quienes buscan comprender la complejidad de la cultura cubana. No se limitó a describir costumbres o instituciones, sino que elaboró un método para leer la nación desde sus contradicciones. Esa mirada crítica lo convierte en un autor imprescindible para entender cómo se construyen las identidades en contextos coloniales y poscoloniales.

En tiempos en que la globalización tiende a uniformar las culturas, la obra de Ortiz recuerda que la diversidad es fuente de riqueza y creatividad. Su concepto de transculturación anticipó debates que hoy ocupan a antropólogos, sociólogos y filósofos en todo el mundo. Cuba, gracias a su legado, puede presentarse como laboratorio cultural donde se ensayan formas de convivencia y diálogo entre tradiciones diversas.

La juventud cubana encuentra en Ortiz una guía para pensar la nación desde la pluralidad. Sus textos muestran que la historia es un tejido de voces múltiples, vital en un país mestizo que defiende su identidad ante los desafíos contemporáneos. Celebrar a Ortiz es un acto de resistencia cultural: la memoria se convierte en fuerza viva cuando inspira nuevas generaciones y demuestra que la cultura cubana se reinventa constantemente gracias a la creatividad de su pueblo.

En este 2026, al evocar sus 145 años y los centenarios de instituciones y obras fundacionales, rendimos homenaje a un hombre excepcional y reafirmamos la actualidad de sus ideas. Ortiz permanece como un faro que ilumina la nación y como un pensador universal cuya obra trasciende fronteras y abre brechas para futuras investigaciones.

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