Cuba le entregó la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Televisión en 2026, y el cariño de un pueblo. Autor: Ismael Francisco/Cubadebate Publicado: 04/08/2026 | 11:41 am
Actriz de teatro, cine y televisión, especializada en comedia, y en papeles secundarios, Paula Alí (26 de enero de 1938-3 de agosto de 2026) fue refinando, con los años, el arte de la interpretación hasta llegar a un nivel supremo, de absoluto dominio del humor costumbrista, basado en la observación y acatamiento de una tipología representativa de lo cubano. Se vinculó al mundo del espectáculo en 1959, cuando comenzó a trabajar como modelo en la televisión, y pasaron cinco o seis años para llegar a lo que sería su primera gran escuela: el Teatro Martí, lugar emblemático en la cultura cubana por el teatro vernáculo que allí se hacía, y actrices tan famosas del género bufo como Candita Quintana y Alicia Rico.
En el Teatro Martí, en contacto con los mejores intérpretes, herederos de la tradición nacional-costumbrista, estuvo Paula hasta 1970, cuando se integró al grupo Teatro Estudio, uno de los más prestigiosos del país, y entonces comenzó un proceso, consciente o no, de refinamiento e intelectualización de sus recursos escénicos, al lado de los mejores actores y actrices de aquel momento, comediantes o dramáticos, simplemente actores y actrices que dejaron innegable huella en la cultura de este país.
José Antonio Rodríguez, Adria Santana, Mario Aguirre, Adolfo Llauradó, Isabel Moreno, Miriam Learra o Ana Viñas fueron sus compañeros de escena, en la interpretación de obras clásicas del teatro cubano y universal: La casa de Bernarda Alba, de García Lorca (memorable fue su labor de La Poncia, que luego recreará en televisión); El premio flaco (que más tarde se llevará la cine y también la incluye), La última carta de la baraja y Te sigo esperando, las tres de Héctor Quintero; Milanés y La señora Ana muestra sus medallas, de Vicente Revuelta; o Ni un sí, ni un no y Morir del cuento, de Abelardo Estorino, quien la dirigió también en Aire frío.

Después de conformar tan brillante currículo teatral, Paula comenzó su transición a la pequeña pantalla. Aunque nunca fue ella de las actrices que abandonaron las tablas mareadas con la popularidad y permanencia que proporcionan los audiovisuales, porque el teatro fue su escuela y el origen de los más refinados recursos que manejó en otros medios. En 2002, luego de convertirse en una de las actrices más conocidas del cine y la televisión, regresó al teatro, con el grupo El Público, para protagonizar La Celestina, con dirección de Carlos Díaz, un enorme éxito, con centenares de representaciones en el cine-teatro Trianón, y un verdadero reto para la actriz: interpretar «en seio» a una vieja dama indigna, vulgar, de alma pedestre y llena de apetencias materialistas e impúdicas. El dueto Paula-Carlos Díaz se repitió con Así es si les parece y La Gaviota.
Antes de La Celestina, llegó el éxito en series y telenovelas: Retablo personal (1992, Chino Chong), Sin perder la ternura (1992, Consuelo Elba), sobre todo El año que viene (1993) en la cual le dio vida a una madre cubana arquetípica, que le regaló Héctor Quintero; Las huérfanas de la Obrapía (1999, Rafael Gonzales), Salir de noche (2002) donde Mirta González Pereda la dirigió recreando el personaje de una tía soltera, de esas que crían a los sobrinos como si fueran sus hijos, y son víctimas de la tragedia de sentirse madres y no serlo. Luego se añadieron Los hijos de Pandora y Sábados de gloria, esta última de 2025. Imposible olvidar sus trabajos con Belkis Vega en La casa de Bernarda Alba, de 1999, y Santa Camila de La Habana Vieja, en 2001. Además, los programas humorísticos nunca la olvidaron, y estuvo marcando la diferencia en ¿Jura decir la verdad?, Conflicto y Punto G, donde se convirtió en contrafigura de su sobrino, Jorge Alí.
En el cine fue, desde los años noventa y hasta hace muy poco, la actriz secundaria especializada en pinceladas humorísticas, aunque siempre se movió entre márgenes de amplia diversidad genérica , y así consiguió trabajar a las órdenes de los más importantes cineastas cubanos: Tomás Gutiérrez Alea en Cartas del Parque (1988), Humberto Solás en Miel para Oshún (2001) Orlando Rojas en Papeles secundarios (1989), donde modela a la perfección el papel de la actriz muy menor, colocada en la compañía a fuerza de chivatería, oportunismo y murmuración; además de Arturo Sotto en Amor vertical (1997), y Gerardo Chijona en Perfecto Amor Equivocado (2004) donde entrega una parodia hilarante de la presentadora engolada y cursi.
Juan Carlos Tabío y Juan Carlos Cremata demostraron fidelidad absoluta a la actriz del humorismo naturalista y cubanísimo; el primero le confió pintorescos papeles en El elefante y la bicicleta (1994), Guantanamera (1996). Lista de espera (2000), y El cuerno de la abundancia (2009), mientras que Cremata la convirtió en una suerte de actriz fetiche desde Oscuros rinocerontes enjaulados… muy a la moda (una de las mejores tesis de graduación en la Escuela Internacional de Cine y TV, de San Antonio de los Baños) y a través de El premio flaco, que es posterior a Nada (2001) un filme que le permitió ganar el premio a la mejor actriz en el Festival de Cartagena, además de modular, con una riqueza de matices digna de cualquier premio, el personaje de la vecina invasiva, chismosa y falsamente solidaria. Cuba le entregó la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Televisión en 2026, y el cariño de un pueblo que le agradecía parodias y caricaturas, la risa y la gracia, y el talento indiscutible de una de las grandes actrices de los últimos cuarenta años.
