Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

De Weyler a Trump-Rubio, un pueblo cubano vencedor, inusual y extraordinario

Es gigantesco el valor de los perjuicios acumulados durante más de 65 años que el bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por Estados Unidos, le ha causado a nuestro país. Pero, ni antes ni ahora, podrán aislar a Cuba del resto del mundo ni arrasar con la nación

Autor:

Juana Carrasco Martín

Cuba ha presentado su contribución al informe solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas sobre la resolución A/RES/80/4, titulada «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», y es gigantesco el valor de los perjuicios acumulados durante más de 65 años, desde que Lester Mallory, entonces subsecretario de Estado del Gobierno de Dwight Eisenhower, emitiera su memorando el 6 de abril de 1960, donde expuso claramente el objetivo que mantienen los gobiernos de Estados Unidos como prioridad hacia Cuba: «(…) Hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno».

Desde entonces, Cuba, su pueblo, han resistido el feroz embate, una guerra implacable que la actual administración de Donald Trump ha multiplicado al extremo y que, según sus palabras del 8 de enero de 2026, lo definió con total cinismo: «No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar», lo que es mucho más que una amenaza, pues las medidas para intentar destruir a la Revolución Cubana se incrustan en nuestro tejido social y productivo con la intención de soliviantar al pueblo, aislar a Cuba del resto del mundo y arrasar con la nación.

Es el garrote vil, el collar de hierro apretando el tornillo para rompernos el cuello y la vida que, en este último año, comenzó con un cerco energético total al amenazar a terceros países para evitar cualquier llegada del vital combustible, de cualquier inversión o vínculo comercial o financiero con Cuba, la que refrendan con su mentirosa lista de países supuestamente patrocinadores del terrorismo.

Como cuantifica el informe: cuatro días de bloqueo equivalen al costo de la importación de todos los combustibles necesarios para satisfacer la demanda de la economía del país (78 510 000 dólares). Dicho también de otra forma, el país ha dispuesto 2 667 800 toneladas menos del combustible planificado para cubrir nuestras necesidades.

Mas hay algo superior y esencial tras estas cifras, rostros y nombres de cubanas y cubanos de todas las edades desde un extremo a otro de nuestro archipiélago, el color humano, el sufrimiento personal, familiar y colectivo. Lo vemos en ancianos de andar lento que resisten el embate; en niños que, a pesar de la situación, siguen asistiendo a la escuela y corren y juegan en calles y parques; en los trabajadores que esperan ansiosos una guagua o caminan kilómetros para llegar a su centro laboral; en la incesante creatividad de nuestros científicos; en la abnegada labor del personal médico, y de muchos más de quienes vivimos en apagones prolongados, soportando serios problemas en el suministro de agua y el hedor de la basura que no puede ser recogida, a lo que se suman la escasez de medicamentos y dificultades para la obtención de alimentos.

No hay día en que me levante y la imagen del colonialista español Valeriano Weyler y su Reconcentración no trasponga la de Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, como bestiales torturadores del pueblo cubano. Aquel fue vencido en el campo de batalla mambí. Estos émulos del oprobio también lo harán por este pueblo rebelde, por lo que sí somos «inusuales y extraordinarios».

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