Máximo Gómez dirigió en los días de la guerra de 1868 Autor: Juventud Rebelde Publicado: 28/05/2026 | 05:46 pm
CIEGO DE ÁVILA.― Llovía y apenas había luna. El ruido del aguacero le daba a la noche una sensación de tranquilidad. Las calles de la ciudad, con sus techos de tejas y paredes de tablas y adobe, debían estar anegadas y llenas de fango. Era el 26 de mayo de 1876. En los fuertes y cuarteles los soldados dormitaban o quizás algunos pensaban en una alguna aldea en España. Era el momento de las nostalgias, un momento que parecía eterno, cuando a las 9:00 p.m. sonaron los disparos.
Muchos años después, en una hoja impresa publicada en 1936, Miguel Martínez, un vecino de la ciudad, recordó que su padre fue testigo de una avalancha de hombres que se lanzaron contra el centro del poblado desde distintos puntos. Los relámpagos de los disparos y el brillo de los machetes iluminaron la noche, y la lluvía se convirtió en un recuerdo.
La plaza
El acontecimiento, cuyos 150 años se conmemoran en estos días, fue objeto de análisis en el Museo Provincial de Historia coronel Simón Reyes Delgado. Allí los historiadores Ángel Cabrera Sánchez y Félix Jorge Guerrero Vega, junto con Rafael Cepero, director de la institución, recordaron la efeméride en un panel donde se examinó la presencia de Máximo Gómez en la provincia.
Organizado por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (Unhic) y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), en el encuentro se recordó que la fecha es señalada por el historiador Francisco Pérez Guzmán como uno de los hechos de armas contra bastiones enemigos más relevantes efectuados por los mambises.
Tal afirmación, Pérez Guzmán la recogió en su estudio La guerra de liberación. Máximo Gómez y se basó en el nivel de fortificación del poblado, considerado inexpugnable por el mando español. En el panel, el investigador Ángel Cabrera Sánchez presentó varios datos para considerar la magnitud del hecho.
Ciego de Ávila, entonces, era sede de la Comandancia General de la Trocha Militar de Júcaro a Morón. El recinto se encontraba rodeado de fuertes por todos los puntos cardinales y otros recintos de defensa. El llamado Fuerte Central, levantado en el centro del enclave, consistía en un enorme campamento con fuerzas de infantería, caballería y artillería, cercado por una valla alta y con puertas que se cerraban al atardecer. En el momento del ataque, en Ciego de Ávila se encontraban 2000 soldados y voluntarios españoles.
Los agentes dicen
Máximo Gómez lanzó el ataque para obtener recursos para la división mambisa que operaba en Sancti Spíritus. Así lo recogió en el informe que envió al periódico La República, en número impreso el 1ro. de junio de 1876 en la manigua camagüeyana.
En el reporte calificaba al pueblo de Ciego de Ávila de perfectamente fortificado. ¿Cuáles fueron los factores del éxito? Los historiadores señalan varios. La sorpresa, el ataque simultáneo por todos los puntos y un exhaustivo conocimiento del lugar que lo llevó a lanzar un ataque relámpago.
En 20 minutos los mambises superaron las defensas y llegaron al centro del pueblo para sostener un combate de dos horas. Las investigaciones, sin embargo, apuntan a otro detalle, que no ha podido ser esclarecido por completo: la red de espionaje que el Ejército Libertador tenía en Ciego de Ávila.
Esos agentes fueron los que informaron a Gómez del saldo final del combate: unos 30 muertos enemigos, dato obtenido por confidencia, según recogió Gómez en el informe a La República y que las investigaciones confirmaron en los archivos parroquiales de la ciudad.
Los misterios del asalto
Para Ángel Cabrera Sánchez existe otro elemento vital. La presencia de Jesús Gómez Cardoso. Entonces con el grado de teniente coronel, Cardoso vivía en el poblado desde los seis años, su familia era acomodada y junto con sus hermanos se alzó en armas el 8 de noviembre de 1868. Terminó la guerra de 1895 con el grado de general de brigada.
Refiere Cabrera Sánchez: «La información brindada a Gómez por los agentes independentistas de Ciego de Ávila, con los que personalmente tenía relaciones desde hacía como mínimo más de un año; y el conocimiento exhaustivo de Gómez Cardoso, fueron factores para el éxito del ataque».

El panel por los 150 años del asalto a Ciego de Ávila, integrado por los investigadores (de izquierda a derecha) Félix Jorge Guerrero, Ángel Cabrera Sánchez y Rafael Cepero. Foto: Luis Raúl Vázquez Muñoz
Pese a su relevancia el hecho ha tenido varios obstáculos. Algunos se han esclarecido. Es el caso de la propia fecha del ataque. En su Diario de campaña, Gómez la ubicó el 27 de abril. Las contradicciones en los datos obligaron a una investigación que pudo fijar el día cuando se revisaron los archivos parroquiales y se localizaron dos documentos que daban cuenta del hecho: el periódico La Independencia, publicado en New York en junio de 1876 y un acta capitular del Ayuntamiento de Ciego de Ávila con fecha 3 de octubre de 1879.
Pero hay otras informaciones a precisar, según se conoció en el panel. A los agentes del espionaje mambí, se le añade la incógnita de los puntos por donde se realizó la entrada al poblado, los cuales, al principio, se hizo con el mayor sigilo y que no provocaron la alarma hasta que las avanzadas mambisas estuvieron dentro. Hasta el momento se tiene localizado uno solo: la actual calle de Marcial Gómez. Los otros lugares permanecen en el misterio, en medio de la bruma del tiempo y de reportes que hablan de un combate furioso y una parte del poblado incendiada en medio de los disparos de la artillería.
