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¿Hermanos al Rescate o el pretexto necesario?

El país que viola reiteradamente la soberanía de otros acusa a Cuba. Y hablo de todo un Archipiélago porque, quien difama de un hombre como Raúl, toca la esencia misma de esta nación. Así lo reconoce a JR el Héroe de la República Gerardo Hernández Nordelo

 

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

Hace apenas unas horas, Gerardo Hernández Nordelo fue portador de un mensaje lleno de simbolismo: «Tengan la certeza de que, mientras viva, seguiré marchando al frente de nuestro pueblo, defendiendo la Revolución y con el pie en el estribo». Es la voluntad del General de Ejército Raúl Castro Ruz, dicha por otro Héroe cubano que ha vivido, como Martí, de desentrañar al vil acusador.

Nadie como Gerardo y sus otros cuatro hermanos de causa conocen a fondo —y han sentido en carne propia— lo que pesan las injusticias de un imperio prepotente con vuelo de águila rapaz. Son los mismos que ahora vuelcan las falacias más infames sobre un hombre de sonrisa franca y moral intachable.

Detrás de la infundada acusación hecha por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Raúl, se halla la evidencia más palpable del intervencionismo. A la mentira que lanzan como carnada le sigue siempre la sed de sangre de la que se sustenta un sistema que ha olvidado los estruendos de la guerra en su tierra.

Viven de crear pretextos para su lucrativo negocio de intervenciones militares y «ayudas humanitarias». Lo sabe Gerardo, que actuó allí adentro, «en el monstruo», desenmascarando —entre otros planes— los que elaboraba contra Cuba la organización Hermanos al Rescate en el sur de la Florida.

Aquella página de violaciones a nuestra soberanía, ocurrida a mediados de los años 90 del pasado siglo, la han desempolvado ahora porque, ya carentes de argumentos para atacar a nuestro país, deben recurrir a la mentira y las tergiversaciones.

Tanto es así que alguien como él, que conoce de cerca los hechos de manera detallada y cronológica, recuerda que hace 30 años el terrorista José Basulto y Hermanos al Rescate perseguían ese objetivo: dinamitar aún más las relaciones entre La Habana y Washington. 

«El presidente Clinton, que no había querido firmar la ley Helms Burton en la época, enseguida que ocurrieron los hechos del 24 de febrero de 1996 se vio presionado a hacerlo. Y es conocido además que en su momento la respuesta militar contra Cuba estuvo sobre la mesa en la Casa Blanca», recuerda a JR el también Coordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución.

De ayudar balseros a violar soberanía

Para entender los intereses que se escondían con Hermanos al Rescate en Miami, primero debemos conocer a su fundador, José Basulto. «Un operario de la CIA, entrenado en acción y sabotaje, e infiltrado en Cuba en el año 1961 para apoyar la invasión por Bahía de Cochinos. Todo esto es confesado y declarado muy orgullosamente por él mismo», comenta.

¿No es terrorista, acaso, quien regresa a Cuba a bordo de una lancha rápida, se detiene frente a lo que es hoy el teatro Karl Marx y dispara con un fusil contra la población cubana? Pues eso hizo Basulto en una de sus infiltraciones ilegales a territorio nacional.

«Un terrorista de esa magnitud, en un momento determinado, decide crear la organización Hermanos al Rescate para ayudar a balseros en alta mar y llevarlos a Estados Unidos. Aparentemente era un gesto que salvaba vidas.

«A pesar de su prontuario reconocido, no tuvo ningún problema con Cuba, hasta que la cosa cambia drásticamente cuando se firman los acuerdos migratorios con la administración Clinton, lo que se conoce como “pie seco” y “pie mojado”».

De un día para otro, Hermanos al Rescate prácticamente quedó sin donantes, incluso Basulto llegó a tener que vender algunos aviones. «Pero se le ocurre algo nuevo para mantenerse en la palestra. Con esos mismos avioncitos con los que “ayudaba” a balseros, ahora comenzaría a violar el espacio aéreo cubano para realizar acciones provocativas en la Isla», aclara Hernández Nordelo.

Así sobrevolaban La Habana y lanzaban panfletos y propaganda contrarrevolucionaria. «Están los videos porque, además, ellos, como una buena operación publicitaria, llevaban al menos un periodista en los aviones».

Cuba, con extrema paciencia, les advertía: «Están cruzando el paralelo 24, violando nuestra soberanía. Y la respuesta de Basulto era: no importa, nosotros somos cubanos libres». De esa forma pasaban en sus avionetas, por ejemplo, encima del edificio Focsa.

Hay una pregunta que salió a relucir en nuestro juicio, agrega Gerardo; incluso, la jueza se lo preguntó en un momento determinado, en un aparte, a solas con los fiscales y los abogados de la defensa: «Esos videos son en La Habana, ¿cuántas veces nosotros permitiríamos que un avión volara así por encima de Washington y de la Casa Blanca? Es algo realmente increíble», según las palabras de la jueza Joan Lenard.

Legítima defensa

Con una tolerancia muy grande, la Mayor de las Antillas soportó alrededor de 16 violaciones de ese tipo por parte de Hermanos al Rescate. Eran infracciones del espacio aéreo, de la ley estadounidense, de la Aeronáutica Internacional, de las leyes cubanas y del Derecho Internacional.

Al menos, en 25 ocasiones, entre 1994 y 1996, Cuba le notificó a Estados Unidos sobre el tema. Alertó que impidieran estas violaciones y tomaran alguna acción con las personas implicadas.

Prácticamente, reconoce el Héroe de la República, esa última nota diplomática nuestra «le rogaba» a Estados Unidos que tomaran cartas en el asunto, que evitaran otro escenario.

Y llegó el momento que, ante la nula acción del Gobierno estadounidense, nuestro país se plantea no tolerar otra violación de su espacio aéreo. El 24 de febrero de 1996, en legítima defensa, se derriban sobre aguas jurisdiccionales cubanas dos de las tres avionetas que incursionaron.

José Basulto, a su regreso a Miami, comenzó a decir que solo intentaban ayudar a balseros. Sin embargo, anterior al derribo, el propio Basulto, en conferencia de prensa, no habla de rescatar a personas en alta mar, sino de que el 24 de febrero iban a volar «en solidaridad con la organización disidente Concilio Cubano».

Hay quien dice que ese día el derribo se realizó sin previo aviso. Pero Gerardo lo desmiente. «Hubo 16 notas diplomáticas previas. Además, ese mismo día las autoridades cubanas se tomaron el trabajo de pedir permiso a la aviación internacional para realizar unos ejercicios militares. Hasta eso hizo nuestro país para tratar de disuadirlos de que no vinieran».

Es evidente que a Basulto no le interesó la alerta. «Fue como si lo hubiese hecho a propósito».

«Cuba, como cualquier nación, tenía el derecho y la obligación de proteger a su gente, tenía el derecho de tratar de evitar que ocurriera un accidente; que una de esas avionetas cayera o chocara con un avión que sí fijó un plan de vuelo; que sí tenía una ruta específica; que lanzara una bomba o chocara contra un edificio, mientras volaba encima de escuelas, de centros de trabajo. Era absolutamente impermisible que algo como eso ocurriera».

¿Con qué moral?

Ahora la Administración Trump y su camarilla, que sí violan reiteradamente la soberanía de otros, acusan por legítima defensa a Cuba. Y hablo de toda una Isla porque, quien difama de un hombre como Raúl, toca la esencia misma de esta nación.

Con qué moral pueden señalar a otros cuando, por ejemplo, solo en estos meses, Estados Unidos ha volado en pedazos lanchas y embarcaciones sin ninguna consideración, y sin saber si había niños a bordo o personas inocentes, solo por el supuesto de que viajan narcotraficantes. «Ellos lo pueden hacer, incluso en aguas internacionales». Sin duda, hay mucho cinismo en el Gobierno estadounidense. «Ahora tratan de justificar una acción militar contra Cuba por todas las vías y no tienen de dónde sacar elementos».

La ilegítima acusación al General de Ejército, recuerda Gerardo, forma parte de su esquema de intimidación y guerra sicológica contra nuestro pueblo. «Pero otra vez, dice, confunden el camino y la historia».

 

 

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