Juan Pablo Roque Autor: Juventud Rebelde Publicado: 21/05/2026 | 02:48 pm
ÉL sabe que ahora le está prestando un servicio inestimable a su país, pero no hay que observarlo mucho para darse cuenta que solo es un hombre que regresa de las más duras decepciones y fracasos.
Cuando salió de Cuba, en febrero de 1992, nadando desde Caimanera hasta la Base Naval de Guantánamo, Juan Pablo Roque no huía de un gobierno con el que discrepara. «Huía de mí, de mis problemas», confesó a estos reporteros.
Si se presentó como un desertor, todo el mundo sabe por qué. Hasta los acuerdos migratorios y todavía a pesar de ellos, ese es el camino más expedito «a la suerte económica de los emigrados cubanos». Lo ha denunciado más de una vez el viejo periodista Luis Ortega, cuyas eternas discrepancias con la Revolución quizás lo libren del título de agente de Castro con que Ninoska Pérez, su esposo Martín, o Más Canosa, suelen calificar a todos los que no se someten al totalitarismo de la Fundación Nacional Cubano Americana.
Juan Pablo había visto terminarse su exitosa carrera de piloto de combate en las FAR (con grado de Mayor y amplio récords de vuelos) por exigentes exámenes médicos. Ni como inspector en tierra de las naves de Gaviota, ni como trabajador de una importante corporación después, lograba superar la típica frustración de un piloto en tierra.
Fue en ese momento cuando coincidieron una serie de problemas familiares y la influencia de las emisoras desde Miami con el cuento de lo bien que les iba a pilotos desertores.
«Yo no estaba contra el Gobierno cubano, sino contra todo lo que me estaba pasando».
La historia se repetiría cuatro años más tarde. Después de lavar aviones y asfaltar calles; después de enrolarse en Hermanos al Rescate, por el sueño de volver a pilotear y la promesa de ganar mucho más. Después de descubrir que aquellos «pilotos de éxito», en realidad venden churros, manejan rastras o hacen de maleteros en el aeropuerto de Miami: después de descubrir la verdadera historia de Basulto y su gente. Ahora si tenía discrepancias con un Gobierno que no actuaba frente a mis denuncias, ni frenaba a los fanáticos de la guerra
El 9 de enero, después de volar por última vez sobre aguas territoriales de la Isla, Roque asistió al almuerzo de celebración donde se fraguaban nuevos planes. Ese día comenzó a plantearse seriamente la posibilidad del regreso.
-Al salir de Cuba usted tenía 36 años, o sea una persona relativamente joven, ¿no cree que le debía mucho a la Revolución?
-En Miami sentí un pesar muy grande cuando comencé a confrontar la polémica de ese exilio, y esa impotencia de no poder realizarme, con ese odio que se despliega en las calles contra los logros de aquí: como tratan de tapar la salud pública, de arrinconar la educación, me sentí adolorido con lo que había hecho.
-Sin embargo, demoró cuatro años en regresar...
-Como no fue fácil irme, tampoco lo fue regresar. Fue una etapa de maduración. No te digo que al primer año comencé a pensar así, pero en una serie de choques con diferentes grupos del anticastrismo en Miami, me di cuentan de que esas personas ni tenían la verdad en sus manos ni iban a hacer nada por Cuba, al contrario, la querían destruir.
«Eso me llevó a evolucionar y tener en consideración que, si estaba en un Miami que me aborrecía, que me rechazaba, prefería estar en mi Patria que me aceptara y que por lo menos me permitiera integrarme nuevamente a la sociedad. Sociedad en la que nací y tengo a mis hijos».
—¿Cuándo ingresa a Hermanos al Rescate? ¿Lo prepararon para diferentes misiones?
—Ingresé en el año 1993 y la preparación que llevaba de Cuba como piloto era superior a cualquier preparación que tenga el miembro más alto de Hermanos al Rescate.
—¿Tuvo relación estrecha con dirigentes de Hermanos al Rescate?
—Tuve estrechos vínculos con José Basulto, presidente de Hermanos al Rescate, prácticamente compartía conmigo todas las tareas de la organización, incluyendo las ocultas, de carácter subversivo, terrorista.
-¿Podría ejemplificar algunas de las acciones terroristas de esa organización?
-Hicimos monitoreo y rastreo de todas las frecuencias de la Policía Nacional, de las Bases Aéreas de Baracoa, en La Habana y Santa Clara. Hicimos interferencias a las comunicaciones militares y de la policía. Se les dio ubicaciones falsas a distintos miembros de la Policía. Se prepararon planes concretos de aterrizajes en pistas y tramos de carreteras en la provincia de Cienfuegos para volar torres de alta tensión, y así acabar con el sistema energético nacional.
«Se hicieron planes para entrar al país armas antipersonales. Armas que lanzaban perdigones y serían utilizadas prácticamente a quemarropa para tratar de atentar contra la vida de Fidel Castro y de otros dirigentes de la Revolución. Tratar de buscar el descontento popular, un alzamiento, y llevar al país a una situación de emergencia, y así recibirían el apoyo de la extrema derecha del exilio».
—En sus declaraciones a la TV usted habló del financiamiento que recibe Hermanos al Rescate de la derecha cubanoamericana. ¿Existen otros ejemplos de esa ayuda?
—El ejemplo de la congresista Ileana Ross Lethinen que pidió al Gobierno de Estados Unidos aviones militares almacenados en Arizona que fueron utilizados en las luchas antiguerrilleras y Vietnam para el uso de Hermanos al Rescate.
Posteriormente aparecieron, coincidentemente donadas, «versiones» civiles de esos aviones.
—Usted plantea que desde su llegada a Miami sintió el rechazo, el odio; sin embargo, se unió a Hermanos al Rescate que es una organización de la derecha reaccionaria. ¿Por qué lo hizo?
—Yo me vinculo a Hermanos al Rescate porque tenían aviones y yo soy piloto. Tenía que volar.
-¿No conocía el carácter terrorista de la organización?
-Cuando yo me vinculo con esa organización ya me habían hablado mal de ella. Me habían dicho que eran buscadores de oro, que pedían altas cotizaciones por buscar elementos aislados en el Estrecho de la Florida. Los pilotos Sigler y Romaguera, de la CAPA (Cuban-American Pilots Association), me dicen que no me uniera a Hermanos al Rescate, pero yo por el afán de volar lo hago.
«Ya cuando comenzaron las acciones, Basulto me dice que la organización se puede convertir en otra cosa más. Al darse la crisis de los balseros, se empieza a pensar en otras acciones. Se produce una reunión en la que se explica que cambiarían los métodos y funciones de Hermanos al Rescate, como una organización que luchara más abiertamente contra Fidel Castro».
—Usted dice que se unió a Hermanos al Rescate en 1993. ¿No cree que demoró un poco para arrepentirse?
—Es una sociedad completamente diferente a esta. Hay mucha influencia. No solo Hermanos al Rescate me llevó a tomar esta decisión, también otras contradicciones que existen allá. Por ejemplo, luchadores anti-Fidel Castro que hablan, arengan a través de Radio Martí, de la Voz de las Américas y la Voz de la Fundación, y parecen hermanos, amigos, son enemigos mortales.
«Hay un interés económico fuerte en este contexto. La guerra contra Fidel es una empresa, es un marketing, que si está abajo se piden más acciones contra Cuba para ganar más dinero. Hay muchos de estos líderes que viven de esto. Entonces mientras más demuestren que hay que realizar acciones contra Cuba van a estar mejor.
«Tú ves que el FBI (Buró de Investigaciones Federales) conoce todas las acciones que se van hacer contra Cuba, te dice que no está de acuerdo y sin embargo no hace nada. Las permite. Sientes que se realiza una acción terrorista, que causa efectos en Cuba, que mueren tantas personas, el FBI quizás se pronuncia y no hace más nada.
«O sea, es un cúmulo de cosas que van influyendo en uno...ves a una congresista norteamericana de origen cubano que le pide hasta a Dios que se muera Fidel Castro. Se dicen muy cristianos, ven al pueblo cubano con todas sus vicisitudes y se alegran de ello, hacen fiestas».
-¿Ese odio lo impulsó a irse de Miami?
-El odio y la impotencia de ver cómo informaba al FBI de las acciones contra Cuba y no pasaba nada.
«Entonces me di cuenta de que toda esa gente lo que quiere es la recuperación de lo perdido. Que lo que quiere es tomar posición y decidir sobre el futuro de Cuba. Yo estuve en una reunión en la que Jorge Más Canosa dijo que Cuba sería igual que Taiwán después de que acabaran con Castro.
«Además, casi ninguno de los sectores que salieron de las FAR tiene un nivel de vida ni siquiera aceptable. Uno vende churros en la parte norte de Miami, otro maneja una rastra de cervezas y descansa pocas horas al día. Así te encuentras que prácticamente casi todos los sectores de Cubana de Aviación se encuentran de maleteros en el aeropuerto.
«Entonces recuerdas que en un principio te recibieron como un héroe y después te dieron una patada. Te mastican, pero no te tragan. Pues decidí que había que volver para Cuba».
-¿Eso quiere decir que no solo fue el odio lo que motivó su huida de Miami, sino que no tenía una buena situación económica?
-A mí me fue mejor en la última etapa. Pero nunca me fue bien. Ninguna promesa se cumplió.
-¿Hay muchas más personas en Miami que piensan como usted?
—Hay muchos más que están en esas condiciones, que piensan como yo y harían lo mismo, y muchos de ellos me ayudaron a hacer lo que yo hice.
-¿Por qué regresa coincidiendo con el derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero pasado?
-Fue coincidencia. Yo había tomado en consideración que mi regreso debía efectuarlo cualquiera de los últimos días de febrero. No tiene nada que ver con los sucesos.
-Sin embargo, muchos cubanos opinan que usted es agente de la seguridad cubana. ¿Qué hay de cierto?
-Yo no soy lo que mucha gente piensa. Quiero reinsertarme en esta sociedad. Haré lo que ella me permita. Si lavé aviones en Miami y asfalté calles con gente que tenía que dejar su trabajo para oler cocaína o fumar crack, asfaltaré calles o lavaré aviones aquí si hace falta.
—Pasando a otro tema, ¿no le resulta curioso que José Basulto, líder de Hermanos al Rescate haya participado en la acción del 24 de febrero, las otras dos avionetas fueran abatidas y él salga ileso de la acción?
-El día 9 de enero antes de lanzar los panfletos, nosotros grabamos una cinta en la que manifestamos que, si nos pasaba algo, si nos interceptaba el Gobierno de Cuba, no íbamos a aterrizar en ningún momento y moriríamos en aguas cubanas.
«Los aviones siempre vuelan en una formación bien cerrada cuando nos acercamos a la Isla para aumentar la observación visual y dar una coordinación más exacta entre aviones, sin embargo, en este caso los dos aviones estaban en aguas cubanas, Basulto estaba en una posición un poco más trasera y no al lado de ellos. O sea, que es Capitán Araña.
«Algo interesante también es que se encontraban frente a la Base Aérea de Baracoa, un objetivo militar importante. Yo no sé qué objetivos tendrían, qué estaban haciendo, pero cabe preguntarse por qué estaban frente a la Base de Baracoa».
-¿Y qué persigue Basulto con esas acciones?
-Estos grupos terroristas pretenden crear una situación tal como ocurrió el 24 de febrero, que presione a la administración Clinton a tomar medidas contra el Gobierno de Cuba, que lleven a un distanciamiento mayor entre ambos países y sobre todo que se eliminen los acuerdos migratorios.
-Cuando realizaban incursiones hacia Cuba como las del 9 de enero, ¿cómo lo asumían en Miami y qué posición tomaba el Gobierno norteamericano a su regreso?
-Como un acto de heroicidad. En esa oportunidad, por ejemplo, fuimos a almorzar al Molina's Restoran, José Basulto, Arnaldo Iglesias, que lo acompañaba en el avión en ese vuelo, el capitán de mi avión Billy Schuss y yo. Almorzamos ahí y festejamos el tiro de las octavillas y tomamos las medidas para el próximo tiro.
-Recientemente el FBI ha reconocido que usted le brindaba información, sin embargo, manifestaron que de conocer las acciones que preparaba Hermanos al Rescate para el 24 de febrero lo hubieran impedido. ¿Frenó el FBI acciones anteriores de ese grupo? ¿De qué tipo eran las medidas que aplicaban?
-Solo en una ocasión el FBI utilizó a la Agencia Federal de Aeronáutica para frenar el lanzamiento de octavillas, pero en ese organismo trabaja el cubano Luis Carmona y cuando recibió la información del FBI, le avisó a Basulto, quien alertado cambió el plan de la organización. Los vuelos se realizan ahora con unas pocas horas de antemano.
«En sentido general, el FBI nunca tomó medidas concretas y acordes a la envergadura de esos vuelos. Se tomaban medidas muy leves. Se violaba el espacio aéreo de Cuba y la sanción era la suspensión por dos o tres meses de la licencia de vuelo, algo que en un avión biplaza es por gusto porque pue de estar sancionado uno de los pilotos, pero está el otro. En realidad, nunca se pararon los vuelos».
—Por estos días en que usted se marchó, medios de prensa desde Miami señalan que esa ciudad vive el síndrome del espionaje perpetuo, que la gente está preocupada, se vigila, porque piensan que cualquiera es agente de la seguridad cubana. ¿Qué usted opina?
—El propio FBI me dijo a mi que Hubert Matos y otros más son posibles agentes de la seguridad cubana. Ellos piensan que todo aquel que ha cumplido años de prisión en Cuba la seguridad de aquí los prepara. O sea, que en Miami constantemente, todo el mundo acusa al que está a su lado de agente de la Seguridad del Estado.
—¿Qué tratamiento ha recibido en Cuba desde que llegó?
-Un tratamiento normal para alguien que regresa y está pidiendo quedarse aquí. He recibido atención por parte de Inmigración, y del Ministerio de Relaciones Exteriores.
—¿Ha sido encarcelado, se le ha maltratado?
-No. Solo estoy esperando que Inmigración decida en qué situación quedo.
—Estados Unidos vincula su regreso con el derribo de las dos avionetas para afirmar que hubo premeditación en estos dos hechos ¿Qué diría Usted?
—El día 21 de febrero, el agente del FBI Oscar Montoto me localiza y me dice que por esos días bajo ningún concepto volara con Hermanos al Rescate, puesto que la respuesta de Cuba no iba a ser favorable. Él no me dijo con lujo de detalle qué iba a pasar, pero sí me alerta.
«No tengo nada que ver con los sucesos. Yo le informé al FBI de mi última incursión el 9 de enero, cuando lanzamos octavillas sobre La Habana. Ya entonces veía venir lo que pasó. Esos cuatro muchachos eran amigos míos. Siento que fueran utilizados de carnada, porque allá necesitan mártires cada cierto tiempo para seguir haciendo dinero».
*Artículo publicado en Juventud Rebelde el 3 de marzo de 1996
