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Preparación «artillera» de un genocidio

La Orden Ejecutiva firmada por Donald Trump el 1ro. de mayo ha recibido el rechazo desde diversas partes del mundo, en especial de los pueblos solidarios, e incluso, Relatores Especiales del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas le han demandado a Estados Unidos el cese de ese bloqueo energético que es violatorio de los derechos humanos del pueblo cubano

Autor:

Juana Carrasco Martín

Lo que se viene es durísimo para Cuba y su pueblo, porque estamos en presencia de un castigo colectivo inmisericorde. Podemos considerarlo similar a lo que la artillería realiza en un conflicto militar convencional, aunque esta no sea el arma empleada, y resulte una guerra multidimensional con propósito genocida, una proyección altamente peligrosa y humanamente intolerable en lo inmediato; y cuyo derrotero mediato puede tener consecuencias impredecibles, incluso para el agresor.

Así se perfila, o peor, ya se ejecuta la Orden Ejecutiva firmada por Donald Trump el 1ro. de mayo, cuyo basamento inició el 29 de enero cuando decretó que Cuba es «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad de Estados Unidos —argumento insólito y absurdo cuando comparamos los dos países en cuanto a tamaño geográfico y potencial económico y militar—, y comenzó el bloqueo petrolero a la nación caribeña, el combustible de vida o muerte para cualquier país.

Esta medida ha recibido el rechazo desde diversas partes del mundo, en especial de los pueblos solidarios, e incluso, Relatores Especiales del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas le han demandado a Estados Unidos el cese de ese bloqueo energético que es violatorio de los derechos humanos del pueblo cubano.

Por si fuera poco, desde el 20 de enero de 2025, nos volvieron a registrar en la grotesca lista de países patrocinadores del terrorismo, una falacia más que parece formar parte de la guía washingtoniana para demonizar y apoderarse de otros territorios.

El pacificador mediante el uso de la fuerza militar —demostrado en Venezuela y en Irán, por no contar lo que sus fuerzas están haciendo en territorios africanos sin mucha alharaca, pero con iguales y funestos resultados—, reitera una y otra vez que «Cuba será la próxima».

Esto es parte de la preparación sicológica que busca hacer cundir el miedo en un pueblo que ha mostrado por más de seis décadas decisión soberana y una resiliencia ejemplo para otros, por su capacidad de hacerle frente y seguir adelante ante las dificultades más duras impuestas por un bloqueo económico.

Durante su primer año en la Casa Blanca en esta segunda temporada, Trump no ha perdido tiempo en ejecutar una medida tras otra para ablandarnos: suspendió las remesas, intensificó la campaña para intentar desacreditar las misiones médicas cubanas, suspendió visas para el intercambio cultural, deportivo y científico, finalizó el programa de parole humanitario o Permiso de Reunificación Familiar Cubano creado en 2007; además, intensificó la persecución de empresas y entidades bancarias extranjeras que negocien con nuestro país, y activó el Título III de la Ley Helms-Burton, que autoriza a los ciudadanos estadounidenses con reclamaciones sobre bienes «confiscados» (nacionalizados) en la Isla, a presentar demandas ante tribunales estadounidenses contra personas o entidades que dicen puedan estar «traficando» con dichos bienes.

Lo incongruente, pero evidente también de que forma parte del manual imperial, es que vocean sobre un proceso de diálogo con el que pretenden no debatir, en igualdad, las relaciones bilaterales, sino entrometerse en nuestros asuntos internos, dictar medidas políticas y económicas que subviertan nuestra sociedad y conducir a lo que llaman un cambio de régimen.

Ahora quieren llevarnos a una situación crítica interna que conlleve la rendición o que pueda provocar la desunión, incluso un fratricidio, o facilitar la ocupación militar, ambas con el resultado de muerte y destrucción… Pero la mayoría de los cubanos llevamos como firma indeleble la letra del Himno que nos acompaña desde Bayamo.

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