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La máscara vuelve a sonreír

En el Strawberry Arena de Solna, Suecia venció 3-1 a Polonia en la segunda jornada del Grupo B4 de la Nations League

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Hay gestos que se convierten en emblemas. La máscara que Viktor Gyökeres dibuja con sus manos cada vez que marca ya es un símbolo del fútbol sueco, un ritual que el delantero del Arsenal repite con la solemnidad de quien sabe que cada gol es una reivindicación. Este lunes, en el Strawberry Arena de Solna, la máscara volvió a aparecer. Y esta vez, sonrió.

Suecia derrotó 3-1 a Polonia en la segunda jornada del Grupo B4 de la Nations League, sumando su segunda victoria consecutiva tras el triunfo ante Rumanía en el debut. El equipo de Graham Potter, que ya sueña con el ascenso a la Liga A, firmó una actuación convincente en la que los tres goles llevaron firmas distintas y el más esperado fue el de su estrella.

El partido comenzó con un golpe tempranero. A los ocho minutos, Benjamin Nygren aprovechó un centro de Besfort Zeneli y un peinado de Victor Nilsson Lindelöf para empujar el balón en el área chica. El estadio explotó, pero Polonia no tardó en responder. El equipo de Michał Probierz se adueñó del balón, generó ocasiones y encontró el empate en el minuto 43, cuando Nicola Zalewski habilitó a Sebastian Szymanski y el mediocampista firmó el 1-1 tras un remate que se coló entre los postes. El descanso llegó con sabor agridulce para los locales, que habían visto cómo su ventaja se esfumaba en el tramo final del primer tiempo.

La segunda parte fue otra historia. Potter movió el banquillo, dio entrada a Sebastian Nanasi y el equipo recuperó el control. En el minuto 63, Yasin Ayari tomó el balón fuera del área, se perfiló y firmó un golazo con un disparo seco que devolvió la ventaja a los suecos. Ocho minutos después, llegó el momento que todos esperaban. Patrik Wålemark, debutante que juega en el Lech Poznan polaco y que conocía a la perfección a sus rivales, desbordó por la derecha con un amago que dejó sentado a su marcador y sirvió un centro perfecto al corazón del área.

Allí estaba Gyökeres. El delantero, que venía de marcar en el playoff que dejó a Polonia sin Mundial en marzo, no perdonó. Controló, se acomodó y fusiló al portero polaco con la frialdad de un depredador que ya había olido la sangre. El balón besó la red, el estadio rugió y la máscara apareció de nuevo. El gesto, tantas veces repetido, cobró esta vez un significado especial: Gyökeres sonreía después de semanas de dudas y rumores sobre su estado de forma. Su gol número sentenció el partido y confirmó a Suecia como líder del grupo con seis puntos de seis.

El contraste con Polonia fue cruel. Robert Lewandowski, capitán y máximo goleador histórico de las Águilas Blancas, observó el partido desde el banquillo hasta el minuto 88, cuando ingresó sin tiempo para cambiar nada. La imagen del delantero del Barcelona sentado, con la mirada perdida, resumió la impotencia de un equipo que no ha ganado en suelo sueco desde 1930 y que sigue acumulando fantasmas en cada visita a Solna.

La máscara vuelve a sonreír. Y con ella, Suecia. Los de Potter han convertido el Strawberry Arena en un fortín, han sumado seis puntos de seis posibles y han demostrado que, cuando Gyökeres se pone la máscara, el fútbol sueco tiene motivos para soñar.

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