Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El sueño de los Leones del Atlas sigue vivo

Los marroquíes, heridos y acorralados, rugieron con la furia de los elegidos y sellaron el pase a cuartos de final

Autor:

Ruben Darío García Caballero

El rugido de Marruecos resonó en Houston con la fuerza de un vendaval del desierto. No fue un rugido limpio ni fácil, sino el alarido desgarrado de una fiera que, contra todo pronóstico, se negó a entregar su presa. Ante un Canadá que saltó al césped con el hambre de quien juega «en casa» y la fe de quien no conoce el miedo, los hombres de Mohamed Ouahbi sufrieron, resistieron y golpearon con la precisión de un cirujano.

La primera mitad fue un monólogo canadiense que bien pudo haber terminado en tragedia para los africanos. Canadá, en su primera participación en unos octavos de final, salió a devorar. Feroz en los balones divididos, intenso en la presión y con un hambre de gol que hizo temblar los cimientos del NRG Stadium, el equipo de Jesse Marsch sometió a Marruecos durante 45 minutos. Tani Oluwaseyi, al cuarto de hora, tuvo el gol en sus botas, pero se encontró con un muro llamado Yassine Bounou. El portero marroquí, el mismo que ya fue héroe en Catar, se estiró como un felino para desviar un remate cruzado que olía a sentencia.

Marruecos, atenazado por la presión y la intensidad física del rival, no lograba encontrar su fútbol. Apenas tocaba el balón, y cuando lo hacía, la presión canadiense lo devoraba. El golpe más duro llegó antes del descanso, cuando Ismael Saibari, el goleador y baluarte ofensivo, tuvo que abandonar el campo lesionado. Marruecos perdía a su mejor hombre en ataque, y la frustración se reflejó en las cuatro tarjetas amarillas que el árbitro mostró a los africanos, incluida una tangana protagonizada por Achraf Hakimi al borde del descanso. El 0-0 era un milagro para unos y una cuenta pendiente para otros.

Pero los Leones del Atlas no se rinden. Nunca lo hacen. La segunda parte comenzó con un cambio de guion que nadie esperaba. En el minuto 50, una jugada de pizarra diseñada por el seleccionador Ouahbi rompió el cerrojo canadiense. Desde una falta lateral, Hakimi jugó en horizontal y encontró a Azzedine Ounahi en la frontal del área. El centrocampista del Girona, sin dejarla caer, conectó un disparo raso e imparable que se coló pegado al palo izquierdo. Era el 1-0. Era el primer rugido. Y era, sobre todo, la llave que abría la puerta del sueño.

El gol fue un mazazo para Canadá. El equipo anfitrión, que había dominado durante gran parte del encuentro, se vio obligado a adelantar líneas y a buscar el empate con la desesperación de quien ve el tiempo escaparse entre los dedos. Marruecos, en cambio, se replegó con orden, se convirtió en un muro de carne y hueso, y esperó su momento. Y el momento llegó en el minuto 81. Una contra letal, conducida por un Brahim Díaz que hasta entonces había estado apagado, terminó con un pase perfecto a Ounahi. El centrocampista, con la sangre fría de un asesino, disparó al ángulo superior derecho. Era el 2-0. Era el doblete. Era la clasificación.

Pero los Leones del Atlas aún guardaban un zarpazo en la garra. Ya en el tiempo de descuento, con Canadá volcada al ataque en busca de un milagro, otra contra marroquí sentenció la tarde. Brahim Díaz, otra vez, filtró un pase para Soufiane Rahimi, el delantero que había entrado en sustitución del lesionado Saibari y que había peleado cada balón como si fuera el último. Rahimi, solo ante el portero, definió cruzado para cerrar el marcador. Era el 3-0. Era la goleada. Era la confirmación de que Marruecos, el equipo que sufrió, que resistió y que golpeó en los momentos justos, era el primer clasificado para los cuartos de final del Mundial 2026.

El pitido final fue un estallido de júbilo para los marroquíes y un mazazo para los canadienses. Marruecos, semifinalista en Qatar 2022, repite presencia en cuartos de final.

Canadá, en cambio, se despide del torneo en el que ha sido coanfitrión, con la cabeza alta y el orgullo de haber plantado cara al gigante africano.

El sueño de los Leones del Atlas sigue vivo. Y, en Houston, los felinos rugieron más fuerte que nunca.

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