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Flautas, violines y sueños educativos

Con más de 9 000 estudiantes, las escuelas de arte del país comenzaron el curso escolar 2026-2027 bajo un clima social desafiante. Profesores, padres y alumnos coinciden en que la creatividad, la unidad y el amor por la enseñanza convertirán las adversidades en oportunidad

Autor:

Laura Fuentes Medina

Katia Lores, mamá de Nina (una futura flautista que debuta en 6to. grado), observa desde la entrada el ajetreo de los niños y forma parte de esa red de apoyo que los profesores mencionan.

«Los padres estamos muy contentos de que haya comenzado el curso —dice con emoción—. El aprendizaje de nuestros niños no puede detenerse». La joven madre agrega: «A pesar de las condiciones adversas, los profesores de esta escuela hacen un espacio a diario para que los pequeños ensayen, estudien e interactúen».

Por su parte, Alejandra Esquivel Jomarrón, alumna de 2do. año de la especialidad de Flauta, confiesa sentirse muy feliz, mientras sus dedos imitan el recorrido por las llaves del instrumento. «Desde que entré el año pasado, mi vida cambió. Aquí puedes hacer lo que te gusta. En vacaciones yo extrañaba mucho a mis amigos y a las maestras. Hasta las clases extrañé… Suena raro, pero es verdad», afirma.

Ella sueña con ser una flautista famosa y, aunque el camino esté lleno de obstáculos, tiene claro que «con estudio y práctica, se puede». Asegura que volver a la escuela era una necesidad: «No hubiera preferido quedarme en casa —dice con firmeza—. Prefiero estudiar con mis amigos. Añoraba tocar en la banda y ver al profe de Historia, porque da muy buenas clases».

Ciara Arianna Jiménez Ortiz, de 5to. año de Violín, explica con optimismo que las dificultades son parte del camino, pero no detendrán el aprendizaje de los más jóvenes. «Todo se puede —afirma—. Ya hemos trabajado a distancia antes, a través del grupo de la escuela. Nuestros profesores siempre nos acompañan para garantizar la excelencia».

Al respecto, la profesora Niurka Alba Mora subraya que la experiencia y el amor serán una suerte de escudo para sortear las adversidades. Con 24 años de trayectoria ininterrumpida en este centro, confía en que los maestros logren crecerse «para que este año lectivo tenga el mejor resultado posible».

En su criterio, «los maestros tienen la voluntad y la experiencia para continuar el trabajo, además del interés de formar seres humanos capaces y virtuosos».

¿Y cuál es el mayor motor en tiempos de carencias y desvelos? Para Niurka y sus colegas, la respuesta está en el factor humano: «La unidad, los niños y el colectivo», dice.

Con tales sentimientos compartidos, hace muy pocos días, más de 9 000 estudiantes en las 41 escuelas de arte del país regresaron a las aulas para comenzar el curso escolar 2026-2027. Las sonrisas, los saludos y el bullicio marcaron el tono en la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, ubicada en La Habana, donde se celebró el acto nacional del inicio del período lectivo en la enseñanza artística.

Fue allí donde Ariadna Padrón García, directora general de Formación Artística y Desarrollo del Ministerio de Cultura, definió este curso como heroico para las instituciones del sector. «Formar a un artista es educar seres humanos cultos, sensibles, críticos, disciplinados, creativos y profundamente comprometidos con su tiempo y con su Patria», afirmó.

Sobre el contexto actual, refirió que Cuba enfrenta una situación compleja debido a la política hostil del Gobierno de Estados Unidos, que también impacta directamente en las instituciones educativas.

Sin embargo, señaló, «las escuelas de arte asumen el compromiso de no reducir sus estándares y responder a las particularidades de cada centro, sin renunciar a la calidad ni a los objetivos esenciales de la formación».

Así lo aseguran también maestros como Alexander Machado Crabb, jefe de la cátedra de Cuerdas en ese centro capitalino, dispuesto a aportar su cuota de sacrificio para que los alumnos reciban la mejor enseñanza posible.

Con la experiencia que posee, reconoce los desafíos: «Nuestra base es la constancia, y ante los apagones, la falta de agua y el poco transporte, será un curso difícil, así que vamos a tener que ponernos creativos.

Ante ese reto, «la flexibilidad será clave. A algunos alumnos tendremos que darles clases en su casa; a otros, citarlos en horarios alternos», explica, al tiempo que asegura que la comunicación con las familias será su mejor herramienta.

«Para estos niños, la enseñanza artística es imprescindible, y para nosotros también, porque la cultura salva y aporta a la espiritualidad en medio de la compleja situación que vivimos», aseveró.

 

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