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El eterno regreso de Ramirito

Este martes, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez recibió el beso de los que ya no están y el saludo marcial, las bañeras, las flores… de los que aún resisten y construyen la Cuba que el ayudó a edificar

 

Autor:

Daily Sánchez Lemus

El edifico Sierra Maestra, la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionaria, tuvo este martes un aire muy especial. Había muchas personas: las que se veían y las que no. El Che y Camilo, desde siempre allí, contemplaron a todos los que fueron al encuentro con Ramirito. Martí contemplaba a uno de sus muchachos de aquellos días de antorchas y Moncadas de 1953. Ciro y Julito saltaron desde Artemisa a ver al hijo de Ofelia, porque ellos esperándolo allí en el barrio y él decidió irse para Las Villas con Guevara.

Vinieron a verlo antes de irse. Intercambiaron un poco de risas, balances de sueños y futuros combates, mientras veían una fila larga que se disputaba el momento de estar frente a él. «Te has vuelto un héroe», le decían, mientras él les clavaba la vista con ese pesar que siempre tuvo de haber sobrevivido a otros como ellos que pudieron haber dado más.

A su encuentro, vino toda la tropa del «movimiento», Montané, el Curro, Emilio, el poeta, Abel, Melba, Haydée… lo abrazaron y Raulito, su inseparable amigo que sigue con el pie en el estribo, le dedicó una mirada cómplice y una flor que Vilma también le mandaba, en una mezcla entre realidad y espíritu en la que el «El Rubio» villaclareño — uno de sus discípulos que hacía días rajó su voz al mencionar su nombre— hoy tenía triste el corazón.

Lágrimas, saludos marciales, banderas, flores, verde olivo, besos… en una mezcla rarísima de almas y cuerpos que perdían la frontera de mundos y dimensiones, y que venían a saludar al héroe, no a despedirse. Ramirito, feliz de ver a todos sus compañeros y de los demás que lo esperaban en Santa Clara, se dispuso a salir, ya era hora. Fidel, desde Santiago, le daba otra misión de llegar a Las Villas a cuidar nuevamente al Che. Está listo y emocionado.

La larga fila terminó y era tiempo de partir. Solo lamentaba, en esta nueva tarea, no poder llevarse a Alicia y sus muchachos. Los extrañará mucho, pero sabe que volverán a verse. Les secó las lágrimas, y ellos ni cuenta se dieron. Les dio un beso y ellos no pudieron explicar de dónde les llegaba la energía, pero se pusieron de pie, se abrazaron y mirando desde el cristal sintieron que el héroe partía. Ya se iba y no se iba… lo sentían.

Mientras tanto, ellos seguirían combatiendo junto a él en esa mezcla rara de mundos y dimensiones en la que muchos vinieron a pedirle nuevas tareas y a cada uno, en silencio alto encargó: «Sean románticos, idealistas, soñadores, y enamorados de Cuba que nuestro deber siempre exige desvelos, y mientras haya un hombre resistiendo, los revolucionarios cubanos venceremos».

Una de las mejores lecciones del Comandante de la Revolución para las nuevas generaciones fue inculcar con el ejemplo el valor del sacrificio. FOTO: Ramón Barreras Valdés

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