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300

El 25 de mayo de 1958 comenzó la Ofensiva de Verano (Plan FF, Fase Final o Fin de Fidel) que la dictadura lanzó sobre la Sierra Maestra con el objetivo de cercar y exterminar al Ejército Rebelde, pero el coraje y el valor de las ideas de un líder fueron más fuertes

Autor:

Daily Sánchez Lemus

¿Has visto la película «300»? Los amantes de las películas históricas y de la historia antigua, seguramente sí. El valiente Leónidas con su ejército de 300 hombres que murieron enfrentando a los persas en el Paso de las Termópilas por el año 480 a.n.e., y dícese que iniciara un 7 de agosto.

Sin embargo, no es a esos 300 espartanos valientes a los que dedicamos este artículo, sino a alrededor de 300 rebeldes encabezados por Fidel que, en el corazón de la Sierra Maestra, vencieron el 6 de agosto de 1958 a 10 mil soldados de la tiranía batistiana, luego de poco más de 70 días de batallas y combates.

El 25 de mayo de 1958 comenzó la Ofensiva de Verano (Plan FF, Fase Final o Fin de Fidel) que la dictadura lanzó sobre la Sierra Maestra con el objetivo de cercar y exterminar al Ejército Rebelde. Desde el mes de abril, tras el fracaso de la Huelga General Revolucionaria, el líder de los guerrilleros, Fidel, había previsto que la tiranía se lanzaría entonces sobre ellos con la intención de darles la estocada final.

Fue así que, desde ese momento, los rebeldes comenzaron a prepararse para enfrentar la arremetida contra la Sierra. La labor de aseguramiento logístico desplegada por Celia y sus colaboradores permitió contar con los abastecimientos necesarios para resistir el cerco, tanto los rebeldes como los habitantes que permanecieron junto a ellos.

Según relata Fidel en su libro La Victoria Estratégica, de los combates y acciones, entre los tantos librados, estuvieron los de El Macío, Estrada Palma, Meriño, Las Vegas de Jibacoa (entre el 28 y el 30 de julio) y en Jobal (el día 30 de julio), varias escaramuzas, emboscadas, bombardeos de la aviación enemiga hostigando….

Las batallas principales fueron: Santo Domingo (28 al 30 de junio con combates en Pueblo Nuevo, Casa de Piedra), El Jigüe (del 11 al 19 de julio, con combates en el río La Plata y Purialón), segunda batalla de Santo Domingo (25 al 28 de julio), y al cierre la batalla de Las Mercedes (del 31 de julio al 6 de agosto). Es decir: el enemigo tuvo que salir por donde mismo entró.

Es de los días de la Ofensiva el conocido fragmento de la carta que envía el Comandante en Jefe a Celia, el 5 de junio, cuando de regreso de las Minas de Frío el día 4 conoce del feroz bombardeo enemigo que ha caído en esa zona, en la cual los batistianos emplearon cohetes recibidos desde Estados Unidos.

«Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario[5], me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero».

Fidel le escribe a Celia en la mañana del 30 de julio un mensaje en el que da varias informaciones sobre los recientes acontecimientos y el triunfo en Las Vegas. Luego destaca: «Los hombres nuestros han realizado un esfuerzo extraordinario; han estado de batalla en batalla por espacio de cinco semanas consecutivas. Es increíble lo que han resistido. (…) Tengo la sensación de que todo concluirá pronto y en medio de la alegría por las victorias que son la culminación de tantos sacrificios y esfuerzos, me siento triste».

Tenía motivos Fidel para sentirse triste en medio de toda aquella proeza: habían caído valiosos compañeros en los días de la Ofensiva. En su recuerdo permanecían —y permanecieron siempre— entre muchos otros, los nombres del campesino Lucas Castillo, los combatientes Ramón Paz Borroto, Geonel Rodríguez Cordoví, Ángel Verdecia Moreno, Carlos Más López, Andrés Cuevas Heredia y René Ramos Latour. Todos capitanes y comandantes que habían sido vitales en la contención del avance enemigo y habían contribuido al triunfo.

El enemigo sufrió más de mil bajas, de ellas 300 muertos en combate y 443 prisioneros, por 31 los rebeldes. Cinco grandes unidades enemigas fueron desarticuladas por completo y los rebeldes se quedaron con 507 armas, incluidas dos tanques, morteros, bazucas y 12 ametralladoras calibre 30.

Esa es, de manera resumida, la historia de cómo 300 vencieron a 10 000, que, a decir de Fidel, parece una historia de Las mil y una noches. Pero no es ficción. Es la muestra del coraje y el valor de las ideas, de la inteligencia de nuestro máximo líder y la lealtad de su tropa, del amor sin límites a la patria contra lo que no pudo un ejército entero. Hazaña merecedora, también, de una película.

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